Rafael Aquino Guadalupe nació en La Habana el 5 de agosto de 1931 y falleció en San Luis Potosí, México, el 11 de febrero de 2024. Fue un barítono cubano y una de las voces más importantes del género lírico en la Isla.
Su trayectoria fue tan vasta como brillante. Debutó muy joven: con solo 16 años ganó en 1947 un concurso de aficionados que impulsó su carrera. Se formó con los maestros José Ojeda y Roberto Garriga, y en México recibió clases de actuación nada menos que con Plácido Domingo padre. En 1962 fue miembro fundador del Teatro Lírico Nacional de Cuba, junto a un centenar de artistas y técnicos.
Durante veinte temporadas, ocupó el cargo de primer barítono de la Compañía de Ópera, Opereta y Zarzuela de Cuba. Su repertorio incluyó obras como “La Calesera” y “Luisa Fernanda”, y su depurada técnica vocal, hermoso timbre y potente voz recibió elogios de la crítica nacional e internacional.
Pero si hay una anécdota que condensa su grandeza, es esta: Rafael Aquino fue el primer cubano en cantar en el legendario Teatro Bolshói de Moscú. En plena “Guerra Fría”, llevar la voz cubana a uno de los templos de la ópera mundial no era solo un logro artístico; era un hecho histórico que traspasaba fronteras y ponía a la isla en el mapa lírico global.
Aquino, además, fue miembro fundador de la Televisión Cubana y ganador del concurso “Nace una Estrella” en la Cadena Azul. Su carné de la Asociación de Músicos y Artistas Escénicos fue de los primeros entregados por el propio Nicolás Guillén.
Su legado perdura también en su hijo, Ulises Aquino, destacado barítono y fundador de la compañía Ópera de la Calle. Rafael Aquino no fue solo un virtuoso; fue un pionero que supo llevar el nombre de Cuba a los escenarios más importantes del mundo.
Foto: Cubaescena
