Aquella guitarra que aprendió a caminar entre las ceibas de la Sierra Maestra no era un simple instrumento: era el pulso de una época en transformación. Entre riscos, campamentos y caminos de polvo, la música también se convirtió en testigo de una historia en marcha.
Desde entonces emerge con fuerza Carlos Puebla (Manzanillo, 1917 – La Habana, 1989), trovador esencial de la canción cubana. Su emblemática “Y en eso llegó Fidel”, compuesta tras el triunfo de la Revolución de 1959, convirtió la crónica histórica en canción popular.
Con tono narrativo y armónico, también legó otras piezas, entre ellas, “Gracias, Fidel”, asociadas al impacto de las primeras transformaciones sociales del proceso revolucionario.
En paralelo, el Quinteto Rebelde, surgido en la Sierra Maestra, llevó la música directamente a la experiencia insurreccional. Canciones como “Hay que cuidar a Fidel”, vinculadas a su repertorio, reflejan el clima emocional de aquellos años en los que la música acompañaba la vida cotidiana de los combatientes y la construcción simbólica del liderazgo revolucionario.
Desde el universo del campo cubano, Celina González (Jovellanos, Matanzas, 1929 – La Habana, 2015) y Reutilio Domínguez (Guantánamo, 1911 – 1971) aportaron una dimensión profundamente campesina y espiritual al son.
Su obra “Que viva Fidel” se inserta en la tradición guajira que caracterizó su trayectoria artística, donde lo popular, lo religioso y lo social se entrelazan en un mismo lenguaje musical.
Hoy, estas canciones se revisitan en el contexto del centenario del natalicio de Fidel Castro (1926–2026), fecha que invita a repensar no solo una figura histórica, sino también su representación dentro de la cultura musical cubana del siglo XX.
Más allá de consignas o lecturas unívocas, estas obras funcionan como huellas sonoras de su tiempo. La guitarra, el tres y la voz campesina no solo acompañaron una etapa histórica: también la narraron, la interpretaron y la fijaron en la memoria colectiva.
La Sierra Maestra, en ese sentido, no solo fue territorio de combate, sino también un espacio para inspirar a la música que encontró su propia forma de contar la historia.
Foto: Tomada de Radio Mayabeque
