Rubén González: del silencio al mito del piano cubano

Rubén González

Hay pianistas que tocan el instrumento, y hay otros que parecen conversar con él. En el caso de Rubén González, el piano no era un objeto de estudio ni un acompañante rítmico: era una voz antigua, llena de memoria, elegancia y calle, capaz de recorrer con naturalidad el danzón, el son y el bolero sin perder nunca el sabor profundo de lo cubano. 

Su estilo, a la vez refinado y espontáneo, lo convirtió en una de las figuras más queridas del piano en la música popular del país.

Rubén González Fontanills nació el 26 de mayo de 1919 en Santa Clara, en el centro de la Isla, donde desde muy joven mostró inclinación por la música y comenzó sus primeros estudios de piano. 

Su formación académica se desarrolló en un contexto donde la música popular cubana convivía con la tradición clásica, lo que marcó para siempre su manera de entender el instrumento. Falleció el 8 de diciembre de 2003 en La Habana, dejando tras de sí una trayectoria extensa, singular y profundamente influyente en la música cubana.

Durante las décadas centrales del siglo XX, González se integró a importantes agrupaciones del panorama musical cubano, destacándose por su versatilidad y su capacidad para adaptarse a diferentes estilos dentro de la música bailable. 

Su piano se escuchó en orquestas fundamentales del son y el danzón, donde aportó una sensibilidad armónica que enriquecía cada interpretación sin romper con la esencia popular del género.

Sin embargo, su historia artística tiene un giro decisivo que lo convirtió en leyenda. Tras años de intensa actividad, se alejó progresivamente de los escenarios debido a problemas de salud en las articulaciones, llegando a pensar que su etapa como pianista profesional había terminado. Permaneció durante años en relativo anonimato, alejado de la gran industria musical.

El renacer llegó en la década de 1990, cuando el guitarrista y productor Ry Cooder impulsó el proyecto que daría origen al fenómeno internacional conocido como el Buena Vista Social Club. 

Al buscar músicos veteranos de la música tradicional cubana, el nombre de Rubén González volvió a surgir. Su reencuentro con el piano fue casi milagroso: volvió a tocar después de años de silencio, demostrando que su musicalidad seguía intacta, incluso más profunda y emocional que antes.

Una de las anécdotas más repetidas por quienes participaron en esas sesiones es que, al sentarse frente al piano, Rubén parecía no haber dejado nunca de tocar. Improvisaba con una libertad asombrosa, como si cada nota viniera directamente de la memoria viva del son cubano. 

Su interpretación de temas como “La engañadora” o “Píntate los labios María” reveló a un músico que no necesitaba virtuosismo técnico para emocionar, sino verdad.

Rubén González Fontanills devino símbolo de resistencia artística y de continuidad cultural. Su piano no solo acompañó la historia de la música cubana: la sostuvo, la reinventó y la devolvió al mundo con una luz renovada, serena y profundamente humana.

Foto: Tomada de Efemérides Musicales y del Cine 

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