Hay artistas que no solo heredan una tradición: la encarnan, la expanden y la devuelven al pueblo convertida en fuerza viva. Así fue la presencia de Yosvany del Pino.
Fue una de las figuras esenciales en la consolidación contemporánea de la rumba cubana, donde el canto, el tambor y la espiritualidad afrocubana se funden en una misma respiración colectiva. Su vida artística estuvo marcada por la entrega absoluta a una música que no se interpreta únicamente: se vive.
Yosvany del Pino nació el 13 de marzo de 1977 en La Habana, Cuba, en un entorno profundamente vinculado a las tradiciones culturales afrocubanas. Desde muy joven creció rodeado de toques de tambor, cantos de raíz yoruba y expresiones populares que forman parte esencial del tejido espiritual de la capital cubana.
En ese contexto fue desarrollando su vocación musical hasta convertirse en cantante, director y una de las figuras fundadoras de la agrupación Yoruba Andabo, colectivo imprescindible en la historia reciente de la rumba en la Isla. Falleció el 22 de mayo de 2016 en La Habana, dejando un vacío profundo en el universo de la percusión afrocubana y en la comunidad artística que lo acompañó.
Como fundador y director de Yoruba Andabo, Yosvany del Pino desempeñó un papel decisivo en la proyección contemporánea de la rumba cubana, llevando este género desde los espacios tradicionales de barrio hacia escenarios nacionales e internacionales sin perder su esencia ritual.
Bajo su liderazgo, la agrupación consolidó un estilo donde la percusión no es solo base rítmica, sino lenguaje espiritual, memoria colectiva y afirmación identitaria.
Su trabajo se caracterizó por una visión profundamente comunitaria de la música. Para él, la rumba no era espectáculo, sino una forma de comunicación ancestral. En los ensayos y presentaciones insistía en la conexión entre los músicos, el canto responsorial y la energía del público, entendiendo cada interpretación como un acto vivo de resistencia cultural.
Una de las anécdotas más recordadas entre sus compañeros cuenta que, en más de una ocasión, detenía un toque de rumba si sentía que la energía del grupo no estaba alineada con el “pulso real” del tambor.
No lo hacía desde la exigencia técnica, sino desde la convicción de que la rumba necesita verdad antes que perfección. Esa sensibilidad lo convirtió en un líder respetado, más espiritual que jerárquico.
Yosvany también dedicó gran parte de su labor a la formación de jóvenes músicos, transmitiendo no solo patrones rítmicos, sino valores culturales, respeto por la tradición y conciencia de pertenencia. Su enseñanza se basaba en la oralidad, la experiencia directa y el contacto vivo con la tradición afrocubana.
Su fallecimiento el 22 de mayo de 2016 en La Habana marcó el cierre de una etapa importante dentro de la rumba contemporánea, pero su legado permanece activo en cada toque de Yoruba Andabo y en cada espacio donde este género sigue siendo expresión de identidad, espiritualidad y comunidad.
Yosvany del Pino no solo dirigió una agrupación: ayudó a sostener un universo cultural entero desde la fuerza del tambor.
Foto: Tomada de Radio Taino
