La trova no es solo un género musical: es una manera de mirar el mundo, de contar la vida desde la poesía y la guitarra, de convertir la experiencia personal en canción colectiva.
En esa tradición profunda y comprometida se inscribe la obra de Lázaro García Gil, trovador de palabra limpia y melodía sincera, uno de los fundadores del Movimiento de la Nueva Trova, corriente que marcó la historia de la canción cubana en la segunda mitad del siglo XX.
Nació el 31 de diciembre de 1947 en Cienfuegos, al centro sur de la isla y falleció el 15 de abril de 2022, en esa misma ciudad, a los 74 años de edad.
Cantante, guitarrista y compositor, Lázaro García Gil fue una figura esencial dentro de la Nueva Trova Cubana, movimiento que surgió a finales de la década de 1960 y que reunió a cantautores como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola, Vicente Feliú y Sara González, entre otros, con quienes compartió escenarios y proyectos musicales.
Desde muy joven se vinculó a la música, influido por la tradición campesina y la canción trovadoresca. Aprendió guitarra en la adolescencia y comenzó a componer tempranamente, desarrollando una obra que combinó la poesía amorosa con la canción social, rasgo característico de la Nueva Trova.
A lo largo de más de cinco décadas de vida artística, se presentó en numerosos países de América Latina y Europa, llevando su música a escenarios de México, Costa Rica, Colombia, Ecuador, Perú, España, Francia y Bolivia.
Entre sus composiciones más conocidas se encuentran “Al sur de mi mochila” y “Si de tanto soñarte”, canciones que reflejan su sensibilidad poética y su compromiso con la canción como forma de pensamiento y emoción.
Obtuvo importantes reconocimientos, entre ellos, el Gran Premio del Concurso de Música Cubana Adolfo Guzmán, uno de los más prestigiosos del país. Además de su labor como trovador, trabajó como asesor musical de la EGREM y del Instituto Cubano de Radio y Televisión, y fundó los estudios de grabación Eusebio Delfín en Cienfuegos, desde donde apoyó la obra de numerosos artistas.
Lázaro García Gil fue, ante todo, un hombre de la trova: de guitarra cercana, de palabra reflexiva, de canción nacida desde la vida. Su legado permanece en la historia de la Nueva Trova y en la memoria de la canción cubana, donde su obra sigue recordando que la trova no es solo música, sino también pensamiento, sensibilidad y testimonio de una época.
Foto: Juan Carlos Dorado
