Una mujer de la sensibilidad de Vilma Espín Guillois (07.04.1930-18.06.2007), paradigma de patriotismo, dignidad y lealtad a la Revolución, tenía que ser por naturaleza amante de todo lo bello y en especial de la música, que al decir de José Martí, es la más bella forma de lo bello.
De la heroína de la Sierra y el llano, escribió Celia Hart Santamaría: «…nació rica, hermosa, inteligente, todas las categorías de las clásicas princesas de los cuentos de hadas, pero su palacio encantado fue la lucha guerrillera…».
En efecto, la futura guerrillera Deborah parecía inclinarse por el arte, principalmente el ballet o el canto lirico, pero alejó de sí esos sueños de juventud cuando por voluntad y convicciones propias prefirió echar su suerte con los pobres de la tierra que en Cuba vivían como parias, sin protección alguna y sin disfrutar sus más elementales derechos ciudadanos.
Desde la infancia, Vilma mostró afición por el arte. También aprendió la importancia del estudio y la superación, lo que la llevó a ser una de las primeras mujeres del país en graduarse en Ingeniería Química Industrial.
En su juventud, la futura combatiente de la clandestinidad y de la Sierra Maestra soñaba con bailar ballet clásico. Con este propósito se incorporó a una institución cultural llamada Pro-Arte de Oriente.
En una ocasión, un grupo de la compañía de Alicia Alonso fue a presentar El lago de los cisnes a Santiago de Cuba e incorporó a la función a muchachas de esa escuela, entre las que se encontraba Vilma Espín.
También formó parte de la Coral de la Universidad de Oriente, fundada por el profesor Juan Viccini en 1950 a raíz de la creación del Departamento Musical de la Universidad de Oriente. Integrada por quienes más tarde serían figuras relevantes de la historia y la cultura cubana, como Juan Alberto Muñoz Cusine, Electo Silva Gaínza, Carlos Amat Fores, Juan Escalona Reguera, Alba Griñán Nuñez, Luis Rodríguez Cárdenas, Talía Fung, Delfina Yero Gil, Enrique Marimón Roca, y el grupo gestor al que perteneció Vilma.
Se sabe que la hija de José Espín y Margarita Guillois tenía vocación por el canto. Quienes le escucharon aseguran que tenía una bella voz de soprano. Le gustaba la música instrumental, principalmente la comúnmente denominada “clásica“. Pero su complacencia no era elitista. También disfrutaba de las canciones de la vieja trova, afición que no le abandonó nunca. Ella misma comentó años más tarde sobre el placer que le producía el retorno a las viejas canciones cubanas.
En 1951 en una conmemoración del fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina, celebrado en los salones del Gobierno Provincial, la joven cantó con la Coral Universitaria.
Se conoce, además, que en su juventud empezó a estudiar guitarra clásica, pero decía que los dedos no le acompañaban.
Alicia Martínez Préstamo, quien fue su ayudante personal durante unas tres décadas, testimonió: «Le gustaba la música y la guitarra. Los boleros y la música instrumental eran sus preferidos, pero a la vez decía que no había algo tan sabroso que arrollar en una conga en Santiago de Cuba».
También es conocido un pasaje de su relación con el actual General de Ejército Raúl Castro Ruz, testimonio de una remembranza suya en la que apuntó: «Raúl dice que lo enamoré cantando. Yo interpretaba viejas canciones cubanas que a él le gustaban mucho». Y agregó que el entonces joven guerrillero sentía predilección por el bolero “Si llego a besarte“, de Luis Casas Romero.
Estas son algunas pinceladas que nos permiten un acercamiento a las aficiones artísticas y la alta sensibilidad de Vilma Espín, una mujer culta y virtuosa, quien dejó lecciones de vida a las actuales generaciones.
