El danzón toca a la puerta de la UNESCO

Danzón. Foto: Yusmilis Dubrosky/ Centro Multimedial - Mincult Cuba

La entrega del expediente de la práctica del danzón a la UNESCO marca un punto de inflexión: la aspiración largamente trabajada por la comunidad danzonera cubana entra por fin en fase decisiva hacia el reconocimiento mundial.

En la sede del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, en La Habana, se oficializó la entrega del expediente que propone la práctica del danzón para su inscripción en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Matanzas, cuna histórica del género, asume la responsabilidad técnica y simbólica de este proceso en nombre de la nación, en tanto depositaria de una tradición que ha atravesado generaciones y contextos políticos y sociales diversos. No es casual que el liderazgo recaiga en Matanzas: el danzón ha sido reconocido previamente en el ámbito nacional, consolidando una ruta de legitimaciones internas antes del salto internacional. El expediente, aunque gestado desde este territorio, tiene un alcance nacional que incluye levantamientos de información, talleres de sensibilización y recopilación audiovisual en diversas provincias, para demostrar que el danzón no es una reliquia de salón, sino una práctica extendida en el tejido social cubano.

El documento presentado ante el Consejo insiste en la vigencia del danzón como práctica social activa, visible en clubes danzoneros, espacios comunitarios y encuentros populares en todo el país. Esa vitalidad se sustenta en un movimiento organizado que articula clubes en numerosos municipios, procesos de formación de nuevas parejas bailadoras y una red de portadores que convierten el danzón en espacio de sociabilidad intergeneracional, más allá de la postal turística.

En el acto de entrega confluyeron figuras clave del sistema institucional de la cultura: la presidenta del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, Sonia Virgen Pérez Mojena; el director de Patrimonio Cultural Inmaterial, Michel Aleaga Hung; especialistas de la música como María Victoria Oliver; junto a portadores y creadores como Ethiel Failde, heredero directo de la tradición. Esa confluencia confirma que el expediente es, a la vez, documento técnico y declaración política: una apuesta por la diplomacia cultural en la que el danzón se presenta como una de las expresiones más genuinas de la identidad cubana ante la UNESCO en París.

La ruta hacia la UNESCO llega con un reto explícito: que la visibilidad internacional no se limite al acto de inscripción, sino que refuerce las estrategias de salvaguardia ya identificadas por investigadores e instituciones. Inventarios comunitarios periódicos, mayor proyección mediática, estímulos a los portadores y participación real de las comunidades serán la prueba de fuego para que el danzón no solo obtenga un título, sino que consolide su lugar como práctica cotidiana, crítica y profundamente arraigada en la vida cultural del país.

Foto: Yusmilis Dubrosky/ Centro Multimedial – Mincult Cuba

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