La historia de la música cubana es un río de ritmos, voces y encuentros que nunca se detiene, y en su cauce más vital resuena con fuerza la figura de Manuel Licea Lamouth, conocido para siempre como Puntillita.
Su voz —clara, cálida y llena de una expresividad única— fue capaz de encender la chispa del son, la guaracha y otros estilos populares, hasta devenir uno de los intérpretes más queridos de la llamada época dorada de los grandes conjuntos criollos.
Mucho más que un cantante, Puntillita fue un símbolo de su tiempo y, con el paso de los años, un puente entre generaciones: desde las pistas de baile en La Habana hasta los escenarios mundiales que lo recibieron con aplausos tardíos, pero encendidos.
Nació el 4 de enero de 1927 en Yareyal, en la actual provincia de Holguín, en el oriente cubano, en un contexto donde la música formaba parte de la vida cotidiana y los sonidos populares eran el lenguaje de comunidad y celebración.
Comenzó a cantar desde muy joven, integrándose primero en agrupaciones locales y luego vinculado con orquestas como la de Julio Cueva cuando se trasladó a La Habana en 1945, oportunidad en la que su interpretación del tema “Son de la Puntillita” le valió su célebre apodo.
Durante las décadas de 1940 y 1950, se consolidó como una de las voces más destacadas de la música popular de la mayor de las Antillas, actuando con las principales orquestas del momento y, en ocasiones, compartiendo escenario con leyendas como Celia Cruz y Beny Moré en presentaciones tanto en Cuba como en el extranjero.
Tras un largo periodo fuera de los reflectores, a mediados de los años 1990 fue invitado por Juan de Marcos González a unirse a la Afro-Cuban All Stars y también participó en las sesiones que dieron vida al emblemático Buena Vista Social Club, proyecto dirigido por Ry Cooder que llevó su música a audiencias globales y renovó el interés por los grandes intérpretes de la tradición cubana. En dicho contexto dejó huellas memorables en temas como “El Cuarto de Tula” y “La Bayamesa”, grabaciones que lo situaron nuevamente bajo los focos internacionales.
Manuel Puntillita Licea falleció el 4 de diciembre de 2000 en La Habana, a los 73 años, dejando un legado que sigue vibrando en cada nota de son y en cada corazón que ama la música cubana.
Su vida nos recuerda que la grandeza artística puede florecer en cualquier momento y que la voz de un cantor —como la de Puntillita— puede devenir patrimonio de un pueblo entero.
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