El tres de Cuba no solo suena, sino que vibra como el pulso de su gente; en sus cuerdas se cuentan historias de amor, trabajo y celebración. Gilberto Papi Oviedo la Portilla convirtió cada acorde en un relato vivo, llevando el son tradicional más allá de plazas y tabernas hasta los escenarios del mundo. Su música fue un puente entre la infancia humilde y la grandeza de un legado eterno.
Nació el 9 de febrero de 1938 en La Habana, en una familia profundamente ligada a la música. Hijo del legendario tresero Isaac Oviedo, Papi creció rodeado de ritmos que marcarían su destino. Para comprar sus primeras cuerdas de tres, vendía dulces y hacía pequeños trabajos: barría, limpiaba zapatos y ayudaba en lo que fuera necesario. Esta mezcla de necesidad y pasión temprana forjó su disciplina y su amor por el son cubano.
Su carrera profesional despegó en la década de 1950, integrándose a conjuntos emblemáticos del son cubano como el Conjunto Chappottín, el Conjunto Típico Habanero y las Estrellas de Chocolate. Cada presentación mostraba su maestría en el tres y su compromiso con la autenticidad de la música cubana.
Entre 1980 y 1995 se destacó en la Orquesta Revé, dirigida por Elio Revé, llevando el son tradicional a escenarios nacionales e internacionales. Posteriormente, fundó Papi Oviedo y sus Soneros, donde grabó Encuentro entre Soneros (1997), un manifiesto del son auténtico.
Su participación en giras internacionales y colaboraciones con artistas como Rubén González y el Buena Vista Social Club consolidó su estatura como embajador de la música cubana. Cada rasgueo de su tres narraba la vida de su tierra y la memoria colectiva de su pueblo.
Papi Oviedo falleció el 31 de octubre de 2017 en La Habana, dejando un legado imborrable: un tres que acompañó fiestas, celebraciones y el corazón de Cuba, y una pasión por el son que sigue resonando en cada cuerda que vibra hoy en la Isla y el mundo.
