Obsesión: luciérnaga que ilumina el hip hop cubano 

Dúo Obsesión

Rimas que nacen del silencio 

En los años en que La Habana aprendía a nombrar sus silencios, dos jóvenes empezaron a rimar lo que sentían, a poner en palabras lo que el barrio les enseñaba. No buscaban aplausos, ni luces deslumbrantes: querían que sus versos tocaran a alguien, que sus voces fueran espejo de historias no contadas.

Así nació Obsesión. 

Magia López Cabrera, con la poesía en la piel y la mirada profunda de quien entiende la herencia afro-cubana, y Alexey Rodríguez Mola, el tipo este, con el pulso del barrio y la energía de un MC que no solo rapea, sino que conduce la emoción de cada concierto, comenzaron a tejer un lenguaje propio, donde la crítica, la memoria y la belleza podían caminar juntas. 

Regla y Cayo Hueso, puertos de luz y memoria

Ambos parajes se convirtieron en sitios seguros. Allí, entre el olor a sal del mar y las calles que conocían todos sus secretos, fundaron peñas, encuentros y proyectos que transformaban la música en algo más que música. 

EL CLUB DEL ESPENDRÚ fue uno de esos lugares: un espacio donde hablar de identidad, raza, historia, era tan natural como respirar. La peña no era solo un encuentro entre artistas; era conversación, aprendizaje, comunidad viva. Más tarde, con los talleres de MAESTRA y otros, llevaron esas ideas a escuelas y espacios culturales, enseñando que el rap puede ser conciencia, puede ser luz. 

Del corazón del barrio al resto del mundo

Su música pronto cruzó fronteras. Subieron al escenario del Apollo Theater de Nueva York, compartieron su voz con públicos de Europa, recorrieron festivales en México, Colombia, Inglaterra, Escocia, entre otros países, llevando la vida del barrio cubano a otras ciudades, y trayendo de vuelta historias, ritmos y miradas del resto del mundo. Cada viaje fue un recordatorio: el hip hop puede viajar más allá de las calles, puede dialogar con todas las culturas sin perder la raíz.

Eco del barrio 

Obsesión fue premiado y celebrado, pero sus galardones nunca fueron el objetivo. Los premios Lucas y Cubadisco solo confirmaron lo que ya se sabía: su música tiene alma, tiene mensaje, tiene memoria. Cada fonograma, desde Un montón de cosas, hasta El Disco Negro de OBSESION, fue un capítulo de una historia que crecía y se profundizaba. 

Crónicas que laten 

Y entonces llegó Luciérnaga: Crónicas de Luz, álbum que es luz y sombra, ritmo y reflexión. Las melodías conversan con la palabra; el jazz, los metales y los ritmos urbanos se entrelazan para dar cuerpo a versos que iluminan la experiencia cotidiana, la historia que no se olvida, la emoción que queda. 

Alberto Lescay Jr., con su sensibilidad musical, abrió caminos nuevos en ese sonido, haciendo que cada tema sea un viaje: desde la energía de “Nao Yu Nou” hasta la intimidad de “Tu Luz”, pasando por la crítica despiadada de “El Beso de la Anaconda”. 

Hoy esa luciérnaga sigue encendida. No busca el centro del escenario ni los aplausos, sino los corazones de quienes escuchan. Su música se puede encontrar en Bandcamp, Apple Music y Amazon Music, para que cada oyente pueda llevarse un poco de Regla y Cayo Hueso, del barrio, de Cuba, en sus propios oídos. 

Treinta años de luz compartida 

Obsesión no es solo un dúo de rap: es memoria sonora, conciencia rimada y cultura viva. Casi tres décadas después, su luz sigue encendida, iluminando el camino del hip hop cubano y mostrando que el arte puede ser, a la vez, barrio, voz, raíz y horizonte. Mientras existan preguntas, barrios con historias y la identidad necesite voz, seguirá encendida esa luciérnaga.

Diez minutos de historia viva 

Durante el último año, el corto documental OBSESIÓN, My Song, producido por Maestra Productions y dirigido por Catherine Murphy, ha recorrido festivales internacionales, mostrando en diez minutos la esencia del grupo: su vínculo con la comunidad, su historia, y la luz que continúa iluminando el hip hop cubano.

Autor