Fecha de Publicación: 2020-06-06 01:31:13

El medio ambiente y sus componentes más preciados han sido, desde tiempos remotos, motivo de inspiración para los creadores musicales cubanos, en el empeño por enaltecer la naturaleza en toda su jerarquía y relación con el amor.
Es así como surgieron canciones del género guajira, tales como: “El arroyo que murmura”, del compositor Jorge Ankerman; “Entre preciosos palmares”, de Ignacio Piñeiro, y “Junto al palmar”, en la voces de Sindo y María Elena, acompañadas por el Conjunto Caney.
Se suman a la lista los boleros: “Los cuatro vientos” y “Los siete mares”, por el Conjunto Rumbabana, y “Mi playa azul”, de la autoria de Tania Castellanos e interpretada por el cuarteto Los Mordenistas, y El cha cha cha “En el mar la vida es más sabrosa”, de Enrique Jorrín.
Otras de las inspiraciones dedicadas al mar, como parte de la naturaleza, son las canciones de Pedro Junco: “Me lo dijo el mar” y “Luna llanto y mar”, con texto de Junco y música de Luis César Núñez González; mientras que “En la orilla del mar”, interpretado por Bienvenido Granda, constituye un bolero apasionante por su alto lirismo.
De igual manera el agua, como elemento medioambiental de vital importancia para la supervivencia, forma parte de la creatividad de los compositores cubanos, y temas como “Agua p’ los santos”, de Descemer Bueno; “Agua Bendita”, interpretado por Elito Reve y su orquesta, y “Agua”, de Los Van Van, se escuchan en todas partes.
Los palmares, devenidos en espacios idílicos para el amor y el esparcimiento, son otro referente musical, tal como se evidencia en los temas: “Como el arrullo de palma”, de Ernesto Lecuona, y “Amorosa guajira”, de González Ayué, en que el enamorado llama a la amada a la verde campiña, donde florece la piña, aroman las flores y arrulla el palmar.
Pero, tratándose de temas musicales, la refencia a los palmares es mucho más amplia. Ejemplo son los inmortales títulos: “Bajo un palmar”, de Rafael Hernández, y “Alborada guajira”, de Raul Lima. Éste ultimo es una exaltación a la belleza del campo cubano.
Se suman a la nómina: “El huracán y la palma”, de Sindo Garay, una franca acentuación a la gallardía y fuerza de la palma real; asI como “Valle plateado de luna”, o “El Amor de mi bohío”, de Julio Brito.
Resulta significativo encontrar en estas piezas musicales alusiones a los platanales, tal como lo hizo el compositor Luis Marquetti en el tema “El platanal”, un sembrado que para muchos quedó más en la memoria musical, gracias al tema titutado “El platanal de Bartolo”, de Chepín Choven.
En ésta recurrencia sonora no se puede obviar el papel que juegan las flores, quienes en realidad llevan la primacia al servir como pretexto a temas relacionados con el amor o el desamor: “Dos Gardenias”, de Isolina Carrillo; “Una rosa de Francia”, de Prats; “La rosa”, de Oscar Hernandez, y “Flor de ausencia”, de Julio Brito, entre otras composiciones.
Hablar de los recursos ambientales en la música es mucho más amplio, pero no quiero terminar sin referirme a la música infantil, en que el pentagrama nacional se regocija de tener en su haber los números musicales: “Tin tin, la lluvia cayó”, y “Vinagrito”, de Teresita Fernández; “El cangrejito”, “Cae una gotica de lluvia”, “El patico vanidoso”, “La mona Jacinta”, y el inolvidable “Marinero quiero ser”, de Juan Almeida
Y es que el ecosistema no es solo el espacio donde nacemos, nos desarrollamos y morimos, es la fuente de inpiración perfecta para quienes saben que hacer canciones relacionadas con los recursos naturales es una forma más de cuidar el planeta y legar a la posteridad un mundo mejor.