Los Reyes de la Salsa: baile de casino del barrio al Récord Mundial

Baile de casino

Imagine a un niño sentado en una esquina de un bailable popular, custodiando las carteras de sus hermanas mayores, mientras los adultos giran al ritmo de Los Van Van. Él no solo observa; memoriza. Cuando llega a casa, su pareja de baile es un palo de escoba y el escenario es la soledad de su cuarto.

Décadas después, ese mismo niño, convertido en «el casinero del Patricio», lidera una revolución cultural que nace en una modesta casa de la calle 112 en la localidad habanera de Marianao y termina rompiendo récords mundiales.

Sixto Hernández: el arte de brindar talento a cambio de alegría comunitaria

La columna vertebral de la rueda de casino Los Reyes de la Salsa es la entrega incondicional de su fundador, Sixto Hernández. A pesar de liderar un proyecto con más de 20 años de gloria, ha realizado toda su labor como aficionado, sin haber ganado jamás un centavo por su enseñanza. Para él, formar bailadores es tan vital como respirar.

Su generosidad no conoce límites geográficos ni institucionales. Sixto, promotor de la Casa de Cultura Flora, nunca dice que no: apoya a la Colmenita de Marianao, colabora en escuelas y con cualquier proyecto que necesite de su talento. Su perseverancia ha permitido que jóvenes de diversos municipios se sumen a su rueda, atraídos por un rigor que no se compra con dinero, sino con compromiso y una pasión innegociable.

La clave del éxito: «Sin compromiso de superación y disciplina, no bailas»

En el barrio Washington, en la localidad de Marianao, del oeste habanero, el casino no es solo diversión; es una escuela de vida. Sixto implementó una regla de oro que transformó la conducta de cientos de niños en comunidades desfavorecidas socialmente: «Para aprender a bailar tienen que estudiar». El bailador, según su filosofía, debe ser una persona instruida para poder triunfar en la vida.

Testimonios como el de Alexa Hernández confirman esta disciplina cargada de amor: «Si no copias clase, no vas a bailar». Esta exigencia logró que niños, como ella, que antes no atendían en el aula, devinieran estudiantes aplicados por el deseo de salir a la pista. 

Hoy, gracias a ese empujón inicial, muchos de sus ex alumnos viven, incluso, profesionalmente del baile o han culminado carreras técnicas.

Una vitrina llena de gloria y récords mundiales

Aunque la rueda de casino Los Reyes de la Salsa nació en una sala hogareña pequeña, su talento ha desbordado los escenarios más exigentes de Cuba y el resto del mundo. El proyecto del promotor cultural Sixto Hernández es sinónimo de victoria.

Obtuvieron el primer lugar en el programa de la Televisión Cubana Bailando Casino, tras convencer al jurado en el legendario Teatro América. Igualmente, en las competencias anuales de las Casas de Cultura de La Habana, el grupo ha obtenido casi siempre el primer lugar, bajando al segundo puesto una sola vez en dos décadas.

Otro momento significativo fue la participación del colectivo en la ruptura del Récord Mundial de Ruedas de Casino, evento que los llevó a bailar, incluso, sobre la arena de Guanabo, donde recibieron certificados oficiales por su hazaña.

La música popular: factor de unidad entre bailadores de casino

Más allá de los trofeos, el mayor triunfo de Sixto es la contribución al vínculo comunitario. Cuando la rueda ensaya en la calle, el barrio Washington, en Marianao, recobra su alegría; los vecinos se sientan a ver y el entorno se transforma. El casino funciona aquí como una marca de identidad que permite que desconocidos se unan en «rueditas improvisadas pero bonitas» en cualquier parque o playa.

Para sus integrantes, como el joven enfermero Eleter Herrera, el casino es una forma de comunicación inmediata y una marca de nacimiento: «El cubano es casinero de corazón… el ritmo y la música forman parte de la identidad y de la cultura cubana».

En cada ensayo del colectivo en el anfiteatro de Marianao o el centro deportivo Jesús Menéndez, no solo se ejecutan coreografías; se está construyendo cubanía.

El triunfo de lo genuino

Al final del día, Los Reyes de la Salsa representan la victoria de lo genuino sobre lo comercial y de la generosidad sobre el lucro. En la calle 112, el casino dejó de ser un simple pasatiempo para convertirse en un escudo contra la desidia y un puente hacia el éxito escolar. 

Con cada trofeo y récord mundial, Sixto Hernández y sus muchachos nos recuerdan que la cubanía no se hereda simplemente: se baila, se estudia y se defiende. Porque allí donde suena una clave y una rueda comienza a girar, no solo hay espectáculo; hay un barrio entero latiendo al mismo ritmo, edificando el barrio desde la alegría y el rigor de una tradición que se niega a morir.

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