Leopoldo Ulloa: artesano del bolero cubano que convirtió el amor en canción

Leopoldo Ulloa. Felix Antonio Bolaños Leyva Archivos adjuntos3:20 (hace 4 horas) para mí Leopoldo Ulloa: artesano del bolero cubano que convirtió el amor en canción Por Katia Camejo Montpeller La música cubana es un tejido de historias íntimas, melodías que acunan recuerdos y versos que se quedan en el alma. En ese caudal de sonidos y afectos, Leopoldo Pérez Ulloa, conocido artísticamente como Leopoldo Ulloa, destacó como compositor de boleros que hablaban de amor, desamor y pasiones universales. Su obra, interpretada por voces legendarias y difundida en emisoras y discos, devino parte esencial del repertorio popular criollo del siglo XX. Más que simples canciones, sus boleros fueron puentes de emoción que acompañaron encuentros, despedidas y nostalgias de varias generaciones. Leopoldo Ulloa nació el 31 de octubre de 1931 en el barrio habanero de Luyanó, aunque desde muy niño se trasladó con su familia a Catalina de Güines, pueblo donde creció y se vinculó profundamente con la vida rural y musical del lugar. En esa localidad, sus primeras vivencias —trabajar como agricultor, recorrer el campo, vivir el amor y su primer desengaño— alimentaron la sensibilidad artística y se tradujeron en letras y melodías que más tarde serían parte de su repertorio. Sus inicios no fueron fáciles: trabajó en una cafetería habanera mientras desarrollaba sus primeras composiciones, entre ellas guarachas como “Sube la palma real” y “Mateo”, pero pronto encontró su voz en el bolero moruno, género que definió su carrera. Su primer bolero clásico, “Amor entristecido”, surgió de un episodio personal de desilusión amorosa, demostrando desde temprano cómo llevaba vivencias a canciones profundas. Una de sus obras más emblemáticas es “En el balcón aquel” (1958), interpretada con extraordinaria emotividad por Celio González, cuya voz parecía “salírsele el alma” al cantarla, según palabras del propio Ulloa. Esa canción se transformó en un clásico de la música romántica cubana y fue grabada también por otras figuras y conjuntos importantes como la Sonora Matancera y diversos solistas populares. A lo largo de su trayectoria, muchos intérpretes le pusieron voz a sus letras —desde Lino Borges hasta José Tejedor y Antonio Machín— llevando sus boleros a radios, pistas y discos que aún guardan el eco de su sensibilidad. Leopoldo Ulloa falleció el 6 de enero de 2003 a consecuencia de un accidente de tránsito, dejando un legado de boleros que siguen susurrando historias de amor en cada rincón de Cuba y más allá. Su música nos recuerda que las canciones más memorables son aquellas que nacen del corazón y encuentran resonancia en el corazón de todos. Foto: Gilberto González García

La música cubana es un tejido de historias íntimas, melodías que acunan recuerdos y versos que se quedan en el alma. En ese caudal de sonidos y afectos, Leopoldo Pérez Ulloa, conocido artísticamente como Leopoldo Ulloa, destacó como compositor de boleros que hablaban de amor, desamor y pasiones universales. 

Su obra, interpretada por voces legendarias y difundida en emisoras y discos, devino parte esencial del repertorio popular criollo del siglo XX. Más que simples canciones, sus boleros fueron puentes de emoción que acompañaron encuentros, despedidas y nostalgias de varias generaciones.

Leopoldo Ulloa nació el 31 de octubre de 1931 en el barrio habanero de Luyanó, aunque desde muy niño se trasladó con su familia a Catalina de Güines, pueblo donde creció y se vinculó profundamente con la vida rural y musical del lugar. 

En esa localidad, sus primeras vivencias —trabajar como agricultor, recorrer el campo, vivir el amor y su primer desengaño— alimentaron la sensibilidad artística y se tradujeron en letras y melodías que más tarde serían parte de su repertorio. 

Sus inicios no fueron fáciles: trabajó en una cafetería habanera mientras desarrollaba sus primeras composiciones, entre ellas guarachas como “Sube la palma real” y “Mateo”, pero pronto encontró su voz en el bolero moruno, género que definió su carrera. 

Su primer bolero clásico, “Amor entristecido”, surgió de un episodio personal de desilusión amorosa, demostrando desde temprano cómo llevaba vivencias a canciones profundas. 

Una de sus obras más emblemáticas es “En el balcón aquel” (1958), interpretada con extraordinaria emotividad por Celio González, cuya voz parecía “salírsele el alma” al cantarla, según palabras del propio Ulloa. Esa canción se transformó en un clásico de la música romántica cubana y fue grabada también por otras figuras y conjuntos importantes como la Sonora Matancera y diversos solistas populares. 

A lo largo de su trayectoria, muchos intérpretes le pusieron voz a sus letras —desde Lino Borges hasta José Tejedor y Antonio Machín— llevando sus boleros a radios, pistas y discos que aún guardan el eco de su sensibilidad. 

Leopoldo Ulloa falleció el 6 de enero de 2003 a consecuencia de un accidente de tránsito, dejando un legado de boleros que siguen susurrando historias de amor en cada rincón de Cuba y más allá. 

Su música nos recuerda que las canciones más memorables son aquellas que nacen del corazón y encuentran resonancia en el corazón de todos.

Foto: Gilberto González García

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