Bajo el ritmo profundo de la tradición musical cubana y la exigencia de un legado cultural que abraza tanto la raíz como la innovación, Guido López-Gavilán del Rosario ha trazado un rumbo que trasciende generaciones y geografías.
Su música —a veces susurrada, otras generosamente expansiva— refleja una sensibilidad que sabe dialogar con la historia y proyectar nuevas resonancias. Su gesto al frente de una orquesta no solo marca el tempo, sino que convoca historias, paisajes y pulsiones de un pueblo que siempre ha encontrado en el arte su voz más sincera.
Guido López-Gavilán nació el 3 de enero de 1944 en Matanzas, en el seno de una familia musical donde los acordes y las armonías eran parte del día a día desde la infancia: su madre le enseñó piano y su padre le inició en la guitarra, gestando así los primeros vínculos afectivos con el sonido y la melodía.
Se formó musicalmente en el Conservatorio Amadeo Roldán de La Habana, donde se graduó en dirección coral en 1966, y más tarde perfeccionó sus estudios en dirección orquestal en el Conservatorio Tchaikovsky de Moscú, completando ese ciclo en 1973.
A lo largo de más de cinco décadas de intensa vida artística, López-Gavilán ha desempeñado múltiples facetas: director de orquesta, compositor, arreglista, pedagogo e impulsor de iniciativas culturales que han nutrido los cimientos de la enseñanza musical en Cuba.
Ha estado al frente de agrupaciones emblemáticas —como la Orquesta de Cámara Música Eterna, que fundó en 1995— y ha dirigido prácticamente todas las principales orquestas sinfónicas del país. Su obra como creador se distingue por la fusión imaginativa de ritmos populares cubanos con la tradición sinfónica, y por su lirismo que a veces dialoga con la danza, la poesía y lo coral.
Reconocido con el Premio Nacional de Música en 2015, la más alta distinción que otorga el Ministerio de Cultura de Cuba por su aporte artístico y su influencia determinante en la identidad sonora de la Isla, López-Gavilán ha dejado una huella indeleble en estudiantes, músicos y público, tanto dentro como fuera de su patria.
Su labor docente al frente de la Cátedra de Dirección Orquestal y su rol en instituciones como el Instituto Superior de Arte (ISA) consolidan su legado como formador de generaciones de músicos.
Maestro indiscutible, su música continúa vibrando en salas de concierto, festivales y aulas, recordándonos que cada nota bien dirigida es, ante todo, una conversación íntima entre el intérprete y el mundo.
