Fecha de Publicación: 2020-06-30 07:45:50
Fue uno de los temperamentos más sensibles de la poesía cubana. Olvidados por muchos, conservan sus versos la frescura del primer día. Juan Marinello le llamó «la voz femenina más pura, honda, culta y rebelde de la generación de los nuevos».
Si compadecéis mi pobreza,
sabed que estáis equivocados
En cuanto amanece, pregunto
a mi corazón, por lo bajo:
Vamos a ver, querido mío
quieres hoy que suprimamos?...
Y mi corazón, que fue siempre
a todo sacrificio apto:
saber carecer es ser rico
y en toda vida siempre hay algo
superfluo... y comprensivamente
sonreímos, y nos miramos...
Nacida en 1899, María Villar Buceta es una de las más prestigiosas personalidades literarias del siglo XX en Cuba. Su obra breve, aparece en el libro Poesía y carácter. Esta antología, compilada por Helio Orovio en 1977, muestra poesía y prosa, así como diversos criterios sobre la autora, a quien la vida abandonaba ese mismo año.
María Villar Buceta representa «la actitud más ensimismada y la mayor concentración expresiva, todo ello a través de un fino y escéptico sentido del humor». Así dijo Cintio Vitier en su imprescindible texto 50 años de poesía cubana, publicado en 1952.
La decadencia sociopolítica y la mediocridad pequeño burguesa de su tiempo la expresó en su libro Unanimismo. El volumen, de 1927, dejaba ver, en opinión de Juan Marinello, «un temperamento ultrasensible, una rica vena poética y una buida penetración en los senos más profundos y dolorosos de la vida».
Quizás pensaréis que soy rara:
raro es todo aquel que es sincero
mas... ¿qué queréis ? Amo al ególatra
que os cuenta a gritos sus defectos
con impudor mucho más noble
que la moral de los modestos
que, a fuer, de no hablar de sí mismos
muerden los frutos del ajeno
cercado…
El toque de gracia de la poetisa fue su humor personal, mordaz ironía y fino escalpelo: con esas armas en la palabra escribió sobre su tiempo y buscó un cambio necesario.
Unanimismo es uno de los libros más importantes de su tiempo. En haz apretado reunió la autora versos de largo y profundo acento humanista, tocados por el humor.
En su “Autorretrato” que abre las puertas del volumen, la poetisa se burla del ambiente que la rodea y se define como una más entre sus contemporáneos:
Una desesperante regularidad rige mi vida. En política soy inevitablemente gubernamental. En las cuestiones internacionales me obstino en ser neutral. Jamás doy mi opinión a nadie. Cuando no carezco de ella, la oculto avaramente. Uniforme en mi actitud, soy inmune a todo proceso de evolución. Dijérase que estoy orgánicamente incapacitada para iniciarme y definirme en nuevas actitudes.
La ironía que destila en esas palabras alcanza sentido poético en el primer poema del cuaderno:
Amo la pobre piedra exánime
de alma silenciosa y compleja
y el espíritu pusilánime
del hombre – oveja.
El poemario Unanimismo muestra una finísima sensibilidad de algún modo intimista. Más allá de la ironía trasciende la nostalgia de la niñez en un ambiente aburguesado y provinciano. Éste la ahogaba en su matancero Pedro Betancourt, pueblo del que salió en 1921 hacia La Habana en busca de mejores derroteros políticos y culturales. «Tiempo y espacio la memoria horada/ y descubre en su vía silenciosa/ una imagen de ayer, casi apagada/ en cuya niebla el alma se reposa…».
Tras su llegada a la capital publicó en La noche, diario habanero, su artículo “El 24 de febrero y yo”. Éste motivó la visita de Rubén Martínez Villena. Se selló entonces la amistad y comunión de ideales que se prolongarían en el tiempo. Más tarde la poetisa se unió al Grupo Minorista, centro de la vanguardia artística y política de aquellos años.
Sus versos eluden el panfleto, pero muestran una honda preocupación social con una nota irónica y rebelde. Además, están recorridos por una inteligente sencillez expresiva. Allí abundan recursos y estructuras. Las palabras se combinan de variadas formas para el nacimiento de la poesía.
En un formidable ensayo de 1949 advirtió del peligro del olvido de las formas clásicas. «El ocaso de los mundos imaginarios» se dirige hacia el «inmoderado afán contemporáneo de innovación», sin por ello estar en contra de los cambios que aporten.
¿Hasta dónde es cierto que ningún poeta logra ya expresiones nuevas usando como vehículo el endecasílabo de procedencia italiana o el alejandrino de origen francés?
En la producción poética de Villar Buceta se advierte, más allá del talento en el manejo de los recursos, su conocimiento de los mismos. Placer nos produce la lectura de sus sonetos, romances, décimas y por supuesto los versos libres o blancos.
En ellos jamás aparecen las asonancias, propias de quienes desconocen absolutamente los necesarios secretos de la rima y la métrica española. La poetisa misma se define en estos versos:
Amo las cosas simples: en la simplicidad
he encontrado la clave de la serenidad
La vida tiene inefable belleza
cuando se sabe ir por ella con simpleza.
Su quehacer poético refleja su propia personalidad. Helio Orovio recordaba la modestia de la autora. Dora Alonso habló de ella con mucho cariño y la definió como sincera, afable, humanísima.
La escritora prefería estar lejos del mundanal ruido. En los cuartetos endecasílabos de “Segundo tiempo” desliza su personalidad. «En la segunda etapa de mi vida/ busqué y hallé refugio en el silencio:/ un silencio en la música aprendido,/ puro y armonioso silencio/ ¿Hasta cuándo? ¿Hacia dónde? Poco importa/ No tuerce el mundo el que ante sí es honesto/ y no ignora lo que a otros pertenece,/ así soy, así vivo y así muero».
Su obra, llena de profunda reflexión, la muestra de cuerpo entero. Para el especialista cubano, Waldo González, tiene un decir unánime, sin dejar lo confesional de su ser lírico, tierno e íntimo.
Uno de sus poemas más hermosos lo escribió en los que llamara «días sin tiempo del hospital». En “Disquisición monorrítmica”, de 1965, se transparenta el carácter de la poeta y de su poesía:
Monstruosa, dolorida, cercenada
estaré como un pez fuera del agua
terco pez - luna en la segunda infancia,
testa redonda, fauces desarmadas,
navegando impasible hacia la nada
sintiéndose en la tierra sin ventana
ni flor en qué apoyarse como andaba
entre las gentes Emilio Ballagas
pero llevándole una gran ventaja :
la insobornable, indómita, aferrada
fe en la bondad humana...
La obra en versos de María Villar Buceta es esencial para la literatura cubana. Tras su muerte en 1977 dijo el crítico Waldo Medina: «Nadie podrá hacer en el futuro antología de poetas cubanos sin poner su nombre».