
El Ministerio de Cultura de Cuba dedica su jornada por el Día Internacional de la Mujer a Josefina Méndez, una de las más extraordinarias bailarinas cubanas, quien este 8 de marzo cumpliría 80 años, pues nació en 1941 y falleció a los 65 años de edad en La Habana, la misma ciudad que la vio nacer, el 26 de enero de 2007.
De esta manera se reconoce la triple condición de Josefina Méndez como mujer, ciudadana cubana y artista militante, comprometida con la cultura y los destinos de su pueblo que la aclamó.
Para resaltar su grandeza como bailarina, basta señalar que está considerada una de “las cuatro joyas” del ballet cubano, como la catalogó el crítico inglés Arnold Haskell, junto a Loipa Araújo, Aurora Bosch y la también desaparecida Mirta Plá.
Comenzó Josefina Méndez a tomar sus primeras lecciones de ballet en la Sociedad Pro-Arte Musical como alumna de Alberto Alonso y continuó en la Academia que fundaron y dirigieron Alicia y Fernando Alonso, donde también tuvo entre otros destacados profesores a León Fokine y José Parés.
Su debut profesional se produjo el 27 de marzo de 1955 cuando Fernando la selecciona para bailar la danza napolitana de El lago de los cisnes. A partir de ese momento inició una exitosa carrera de más de cuarenta años hasta su retiro oficial en 1996.
Participó en el Concurso Internacional de Ballet de Varna, en Bulgaria y en el Festival Internacional de Danza de los Campos Elíseos en París, donde obtuvo la Medalla de Oro a la mejor bailarina por su interpretación de Madame Taglioni, del ballet Grand Pas de Quatre.
Su repertorio abarcó otras importantes obras de los ballets románticos del siglo XIX como Giselle, La bella durmiente del bosque, La fille mal gardée y clásicos del XX entre los que sobresalen La muerte del cisne, Las sílfides, Apolo, Jardín de lilas, Paso a tres, La casa de Bernarda Alba, Majísimo, Tarde en la siesta y La noche de Penélope, este último creado especialmente para ella por Iván Tenorio.
Su elegante y majestuosa presencia escénica, su dominio de la gran tradición romántico-clásica, su desenvoltura en los roles modernos, así como su ovacionado balance, la convirtieron en fiel exponente de una técnica segura.
Josefina Méndez fue la bailarina de personalidad singular en la que se mezclaron orgánicamente la técnica y la expresividad excepcional que siempre aportó a todos los roles que interpretó.