Fecha de Publicación: 2020-07-03 10:03:33

Voy a nombrar las cosas, los sonoros
altos que ven el festejar del viento,
los portales profundos, las mamparas
cerradas a la sombra y al silencio.
Como poeta pudo nombrar las cosas y se volvió él mismo poesía, forma perdurable de la Isla: Eliseo Diego.
Y nombrará las cosas tan despacio
que cuando pierda el paraíso de mi calle
y mis olvidos me la vuelvan sueño,
pueda llamarlas de pronto con el alba.
El dos de julio de 1920 nació Eliseo Diego en la calle Concordia de La Habana. Pero su infancia transcurrió en una casa ubicada en Arroyo Naranjo, en las afueras de la capital. Una casa diferente, con muros parecidos a una fortaleza, con muchos árboles alrededor. Fue un niño solitario. Tal vez entonces comenzó a creer que se debe sobrevivir de alguna forma a la fragilidad de los recuerdos. Tal vez pensaba que debía hacer algo para ser recordado de alguna manera.
«No podría decirles nunca: esto fue un sueño, y esto fue mi vida. Pero en un principio no fue así. En un principio la mesa estuvo realmente puesta y mi padre cruzó las manos sobre el mantel realmente y el agua santificó mi garganta».
Eliseo Diego fue un niño de voraz imaginación. Hizo sus primeros estudios en Arroyo Naranjo y luego continuó la enseñanza primaria en El Vedado habanero. De esa etapa, hay recuerdos contradictorios. Le impresionaban mucho las historias del demonio.
Al salir del colegio de La Salle, continuó en el de La Luz y más tarde al Instituto de La Habana. De allí a la Universidad. Tuvo un récord de resistencia a la carrera de derecho. Estudió por quince años y no consiguió graduarse, en una época donde quienes podían, estudiaban derecho o medicina.
Un poema no es más
que una conversación en la penumbra
del horno viejo, cuando ya
todos se han ido, y cruje
afuera el hondo bosque.
Un poema no es más que unas palabras
que uno ha querido y cambian
de sitio con el tiempo y ya
no son más que una mancha, una
esperanza indecible
Un poema no es más
que la felicidad, que una conversación
en la penumbra, que todo
cuando se ha ido y ya
es silencio.
Eliseo Diego escribió algo de niño pero luego abandonó las letras hasta entrar al Instituto de La Habana. Allí empezó a escribir cuentos. Pero realmente consideró su poesía a partir de la entrada a la Universidad. Publicó primero En las oscuras manos del olvido y Divertimentos, en 1947. Vieron luz como sucedía en la época. Se pagaba a pequeñas editoriales privadas que imprimían la obra. Así salieron estos títulos iniciales. Luego empezó a escribir los poemas de En la calzada de Jesús del Monte.
En la calzada, más bien enorme de Jesús del Monte
donde la demasiada luz forma otras paredes con el polvo
cansa mi principal costumbre de recordar un nombre,
y ya voy figurándome que soy algún portón insomne
que fijamente mira el ruido suave de las sombras
alrededor de las columnas distraídas y grandes en su calma.
Escribió esos poemas por espacio de tres o cuatro años, pero no quiso publicarlos. No les satisfacía. Cuentan que un día Lezama Lima, crítico muy severo, los leyó e intentó convencer al autor de que eran buenos. Pero el poeta no se decidió. Entonces Lezama amenazó en broma: «Si usted no acaba de publicar ese libro, lo haré yo con mi firma».
Dicen que soy reciente, de ayer mismo
que nada tengo en qué pensar, que baile
como los frutos que la demencia impulsa
Si dejo de soñar quién nos abriga entonces
si dejo de pensar en este sueño con qué lengua dirán
este inventó edades si nadie ya las habrá nunca
Porque no sé de nada duro a no ser la semilla
la muerte florecida con mis lujosas invenciones
que una por una entre mi sangre bajan a los huesos
debo soñar a Plauto y al guerrero
cubierto de lejano polvo,
cubierto de mi polvo junto al río.
La Calzada de Jesús del Monte era el tránsito obligado para trasladarse desde Arroyo Naranjo hacia el centro de la capital. No se había construido la avenida de Rancho Boyeros. El tránsito cotidiano impulsó a Eliseo Diego a escribir y surgieron poemas perdurables.
Y la calzada de Jesús del Monte estaba hecha, aquel
día cuando ascendí, por la contemplación de la miseria, a ver la
pobreza de mi lugar naciendo:
estaba hecha de tres materias diferentes
la piedra de sus columnas, la penumbra del Paso de Agua Dulce y el
polvo que acumulaban sus portales…
Eliseo Diego recibió en 1993 uno de los premios más importantes de la literatura en español: el Juan Rulfo. Miles de cosas le vinieron entonces a la cabeza, con la alegría de recibir el lauro en México, un país tan importante para él. Este premio vino a confirmarle que no caería “en las oscuras manos del olvido” como tanto temiera.
Los gallos del olvido
espléndido, renacen
y la sombra
se vuelve al muro blanco
en la pobreza
silenciosa del tiempo
cuando la casa
duerme sin sueños
al polvo semejante
Y otras bestias risueñas
sopladas por el fuego
en el azul irrumpen
¡Oh, mamparas !
en las hirientes fábulas
y el ornamento
del oscuro reloj
con las columnas
lejano y hondo
suena despacio con la tarde.
En sus últimos días Eliseo Diego siguió escribiendo. A veces no estaba bien de salud o caía en las manos posesivas de la depresión. Pero luego se recuperaba y andaba junto a la poesía. Confesaba que la eternidad por fin comienza un lunes...
Y el día siguiente apenas tiene nombre
y el otro es el oscuro, el abolido
Y en él se apagan todos los murmullos
y aquel rostro que amábamos se esfuma
y en vano es ya la espera, nadie viene
La eternidad ignora las costumbres
le da lo mismo rojo que azul tierno, se inclina al gris,
al humo, a la ceniza
Nombre y fecha tú grabas en un mármol,
los roza displicente con el hombro
ni un montoncillo de amargura deja
Y sin embargo, ves, me aferro al lunes
y al día siguiente doy el nombre tuyo
y con la punta del cigarro escribo
en plena oscuridad: aquí he vivido.
La esposa y los hijos eran sus riquezas. Sus mejores poemas, les llamaba. Alguna vez le preguntaron si pensaba escribir memorias. Tenía escritos varios trabajos sobre su vida pero decirlo todo, nunca lo había pensado. Se arrepentía de no haber escrito la novela de su familia. Las otras que hubiera querido crear, ya existían. Prefería el verso. Un poema es un acto de creación a dos: el que escribe y el que lee. Así dijo y argumentaba: «Es una línea de equilibrio finísimo entre lo que se expresa y lo que se sugiere, para la mí la poesía es ante todo el acto de sugerir».
Vuelves de un largo viaje a casa
¡qué familiar te va a ser todo!
La sombra de los mangos y los grandes
¡Qué grandes ! Algarrobos
Pero, ladrón, a la memoria
salta lo extraño que fue siempre todo :
no hay que salir nunca de casa :
todo es al fin tan lejos como todo!
Eliseo Diego se fue de la vida en 1994. Cuba le sigue nombrando en presente porque su poesía es otra forma de esta Isla, una manera de reconocernos cubanos, habitantes de lo que nos dejó en su testamento: el tiempo, todo el tiempo.
Habiendo llego al tiempo en que
la penumbra no me consuela más
y me apocan los presagios pequeños,
habiendo llegado a este tiempo
y como las heces del café
abren de pronto ahora para mí
sus redondas bocas amargas
Habiendo llegado a este tiempo
y perdida ya toda esperanza de
algún merecido ascenso, de
ver el manar sereno de la sombra,
y no poseyendo más que este tiempo,
no poseyendo más, en fin,
que mi memoria de las noches y
su vibrante delicadeza enorme,
no poseyendo más
entre cielo y tierra que
mi memoria, que este tiempo,
decido hacer mi testamento :
Les dejo el tiempo, todo el tiempo.