
Personalmente admiro a Ela Calvo; lo primero que escuché en su voz, allá por los años finales de la década de 1960 fue una canción del mexicano Armando Manzanero que ella popularizó en Cuba, titulada “Puedo morir mañana”.
Aparecía Ela con mucha frecuencia en los múltiples programas musicales que tenía la televisión cubana por esa época y que de alguna manera contribuyeron a formar un gusto y aceptación en el público nacional por nuestra música y sus intérpretes.
Algunos especialistas la consideran deudora de la influencia jazzística de cantantes estadounidenses como Billy Holiday y Ella Fitzgerald, lo cual tiene lógica pues Ela Calvo es una de las exponentes del movimiento denominado filin que, en los años 50 del pasado siglo, renovó la canción cubana y que tiene una marcada influencia de tendencias musicales norteamericanas.
En sus años juveniles Ela nunca soñó con ser cantante, incluso trabajaba en un Registro Civil, pero se presentó en un programa de aficionados que se llamaba Voces nuevas y a partir de ahí su vida comenzó a dar un discreto giro, pero aún no se había tomado en serio lo de cantar.
Conoció a José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz, Niño Rivera y Orlando de la Rosa, compositores que la ayudaron mucho; ella asistía a las descargas de filin que ellos hacían pero no se atrevía a cantar delante de ellos.
Finalmente comienza formando parte de la orquesta del pianista Facundo Rivero, con la cual hacía los coros a Rita Montaner; en algún momento se alejó de la música; después Portillo de la Luz la lleva a su espacio en Radio Progreso; más tarde la invitan al programa televisivo Noche cubana, la contratan para Tropicana, y ya no tuvo dudas de lo que quería hacer por el resto de su vida: cantar, siempre cantar.
Centros nocturnos, televisión y teatro, han sido desde entonces parte de la vida de Ela Calvo. Recitales, giras internacionales, participación en festivales; públicos de América Latina, Europa, Asia y África han aplaudido sus interpretaciones, fundamentalmente en los géneros bolero, canción, balada, pero también en ritmos más movidos, como el son cubano durante las presentaciones internacionales con las orquestas de Pacho Alonso, la Aragón y Los Van Van.
Todos ellos son testigos de la calidad artística de una mujer que nació en La Habana el 18 de febrero de 1932 y no se propuso inicialmente ser cantante, pero ese fue el destino que ella misma se labró, y desde hace más de sesenta años entró al mundo de la música para convertirse en una de las voces femeninas imprescindibles en la cancionística cubana.