
A finales del siglo XIX, lo que hasta entonces parecían solo temores de José Martí y de unos pocos latinoamericanos más, con respecto a las pretensiones de Estados Unidos hacia América Latina y el Caribe, comienza a hacerse realidad en todos los terrenos.
En 1889 Martí responde con energía a un periódico estadounidense en el cual se expresaba el desprecio por los latinoamericanos en general y en particular por los cubanos.
Ese mismo año es convocada la Conferencia Internacional Americana que se efectuó en abril de 1890 y en su intervención ante los delegados Martí denuncia y desenmascara los verdaderos propósitos de Estados Unidos respecto a nuestros países.
En los primeros momentos de su lucha la gran preocupación de Martí era la independencia de Cuba frente a España, pero más tarde, y sobre todo después de vivir en los Estados Unidos, comprende cuáles eran las pretensiones de ese país.
Él previó y alertó el peligro que la potencia del norte significaba para las naciones del sur y llamó a éstas a la unidad y la lucha común, en tiempos en que no pocas personas, intelectuales y gobiernos de todo el mundo, admiraban y elogiaban a “la gran democracia norteamericana” y “a la tierra de la libertad y el progreso”.
Sin embargo, Martí supo establecer la diferencia entre lo que representaba Estados Unidos, los males que lo aquejaban, y los valores positivos del pueblo y el sistema norteamericano al escribir: “Esa República, por el culto desmedido a la riqueza, ha caído sin ninguna de las trabas de la tradición, en la desigualdad, la injusticia y la violencia”.
Su batallar incluyó a quienes se habían incorporado a la corriente autonomista, pues estos deseaban la separación política de España, pero alababan la dependencia económica de la gran Unión Norteamericana, por lo cual la lucha de Martí contra el autonomismo tuvo un carácter antimperialista, al avizorar que eso solo significaba cambiar la condición de colonia por la de neocolonia dependiente económicamente.
En la carta inconclusa a Manuel Mercado, su mayor testamento de antimperialismo y latinoamericanismo, expone lo necesaria que resulta la independencia de la Isla en ese momento, pues de no lograrla, se estaría facilitando “la anexión de los pueblos de Nuestra América, al Norte revuelto y brutal que nos desprecia”.
La historia de más de cien años se ha encargado de ratificar y demostrar lo que José Martí supo prevenir: que los Estados Unidos, después de cicatrizadas las heridas de la guerra civil, y conquistado el oeste, incluyendo la mitad de México, su próximo paso sería arrojarse sobre el resto de América, en primer lugar sobre Cuba.
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