Silvia Pérez Cruz: Palabras a Cuba

Silvia Pérez Cruz

La cantante catalana, Silvia Pérez Cruz, dedicó en su perfil de Facebook palabras a Cuba tras su concierto gratuito ofrecido en la Iglesia de San Francisco El Nuevo, en La Habana Vieja:

Cuba, La Habana. Agosto del 2026

«Gracias por venir, me repiten, gracias por venir, por ser valiente y tener el coraje de venir en estos tiempos tan difíciles, es muy importante para nosotros», me decían. Hay que ir, compañer@s.

Cuba, querida. Se necesitaría a un poeta para contar todo lo que pasa y se siente aquí. Aquí siempre siento mucho y entiendo poco. Gracias, gracias por todo ese amor que nos dieron. Espero que les llegara nuestro amor y luz que humildemente trajimos en forma de canción.

El día 21 llegamos directamente desde Los Ángeles pasando por Miami, pasamos la noche en el cielo para no perder ni un minuto de tiempo en Cuba.

Tenía clarísima la importancia que tenía este concierto, sin duda el más importante de esta gira latinoamericana, en el sentido más profundo de la palabra. En el aeropuerto nos recogió una persona muy hermosa, Dayron. Él sería durante esos días el piloto de esta nave espacial en este otro planeta, donde se para el tiempo y los sentidos se multiplican. Nos llevó directo a casa de Alfred Artigas, sin duda una de las personas más importantes de mi vida, ahí estaban otras dos que comparten pódium: Marta y Bori. Bori parecía que llevaba cinco años allí, absolutamente mimetizado. Llegamos de día y fue cayendo la noche. Vi a la gente más delgada, que en el 22, más cansada, una tristeza nueva. Fue ganando la noche, ya con Carlos caminamos todos el malecón sin luz, buscando como luciérnagas la bombilla verde (bar de encuentros musicales).

Ahora que no hay luz hace un año, que la gente tiene entre 40 minutos y 3 horas de luz al día y no sabe en qué momento será, la gente se reúne más a tocar en el malecón, dicen.

[La gasolina vale 3 el litro, hace poco llegó a 10, no hay medicamentos «no te puedes poner enfermo ahora, dicen», y lo que hay está extremadamente caro, no pasa el camión de la basura, los edificios están cansados, algunos se fueron]. Llegamos al concierto de otra persona muy amada -Roly-, absolutamente necesaria, genial, sensible y alquimista. Se creó un hermoso ritual en una bombilla verde llena hasta arriba de ganas de vivir música juntos; ahí había luz. canté, con una voz muy cansada, pero claro que canté, les cantaría cada día. En La Habana es donde más amor, generosidad y luz he sentido de la gente, paradójicamente. Que no os apaguen esa luz vuestra tan indescriptible, ese amor vuestro tan poderoso y transformador, que no se apague. Me enfado, me entristezco, pero me concentro en el AMOR. Amor. Amor. Volvimos en estos triciclos eléctricos que van a la velocidad de un corredor tranquilo pero te hacen olvidar del calor durante unos segundos. Viendo cómo la gente pasa la oscuridad en las calles, esquivando niños que juegan a las canicas o tiran papeles debajo de las ruedas de los coches a ver si al pasar hacen un ruido gracioso. Pasamos la noche, calurosa.

Cada uno abrazado a su amante ventilador cargado por alguna batería que alguien ha construido. Yo apreté mal un botón y viví el calor como nunca, me entregué a él.

Al día siguiente fuimos a la playa con el coche más bonito del mundo. Esa playa nos dio la vida, el mar estaba tan hermoso como las canicas de esos niños. Como cada vez está pasando menos el camión de la basura tuvimos que redibujar la arena. Hay que alejarse de la basura. Nunca salí del agua hermosa, sentía tanta alegría y amor, no podía dejar de abrazar. Solo salí para comer en unas mesitas milagrosas que pusieron en la arena, el mejor pescado y una langosta totalmente inesperada. Fui absolutamente feliz. De repente aparecieron desde un infinito lateral lleno de palmeras un grupo de músicos de la Cuba oriental cargando varios instrumentos, entre ellos un contrabajo. Y sí, por supuesto que sí, acabaron enfrente nuestro tocando con el mar de fondo, y Bori acabó tocando con el corazón y la sonrisa ese contrabajo que pareciera hecho para él mientras se enamoraban entre canciones. Sonrisas, canciones y agua salada.

Volvimos a casa para preparar el concierto más importante de la gira y uno de los que nos quedará en la memoria de nuestras vidas para siempre.

El objetivo era claro, tenemos que ir a La Habana a tocar sin luz. Eso significa encontrar un lugar que tenga resonancia, alguien que tenga un ampli pequeño con batería de 2 horas y una luz igual.

Gracias a Darsi y a Alfred, y una lista larga de personas. Conseguimos cantar en una iglesia de La Habana Vieja entre la calle Cuba y Amargura. Trajimos una maleta llena de velas que van con pilas desde Menorca. Empezamos a montar la escena. Tuvimos el mejor equipo del mundo, Samanta y Samara, dos niñas que se conocen la iglesia como nadie. Me ayudaron a montar el círculo y lo decoramos con flores de la calle. Les dije que tenían que seguir cantando, organizando conciertos aunque no haya luz, e imaginar espacios hermosos y cuidarlos con flores…. Cuidar, cuidar, cuidar, flores, flores, cantar.

Llegó la hora, colas de gente en la calle, aún de día, se llenó la iglesia hasta arriba, «nunca había visto la iglesia tan llena» decían las niñas.

Mucha emoción en el ambiente caluroso. Nos abrazamos profundamente con los músicos conscientes de la importancia que tenía esa tarde, celebrados en el amor, humildemente pero a corazón abierto. Ellos nos daban las gracias y nosotros a ellos. (Me imaginaba y sentía a mi padre emocionado).

Entre todos hicimos ese concierto viendo como la noche venía, las velitas recordaban un círculo constante y se iban encendiendo las luces internas de cada uno de los presentes, nosotros incluidos. Es difícil escribir lo que pasó. Es la oscuridad más luminosa que recuerdo.

Gracias gracias gracias. Les queremos mucho, les tenemos presentes. Son maravillosos. No se olviden ustedes tampoco de como son.

Todo nuestro amor.

Silvia Pérez Cruz

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