En las postrimerías de su fecunda y extensa existencia, cuando los años ya habían tejido una cabellera blanca y la voz profética se escuchaba más queda, pero no menos firme, el pueblo cubano no cesó de cantarle a Fidel Castro.
No lo hizo con estridencia, sino con la ternura de quien sabe que el tiempo es implacable, pero que el amor y el agradecimiento son eternos.
«Muchas razones a defender» (2010) fue el regalo de un grupo de cantautores anónimos para su cumpleaños 84. No buscaban la gloria del autor, sino la comunión del sentimiento popular.
La canción es un susurro colectivo que dice: «difícil es el camino, pero yo sigo con él». No es solo una frase; es la promesa de un pueblo que caminó a su lado durante más de medio siglo, que aprendió a levantarse cada vez que el viento arreciaba.
Aquel 13 de agosto de 2010, mientras Fidel recibía el cariño de su gente, esta canción sonó como un eco de gratitud, como quien le dice al padre que ya puede descansar, que la siembra dio frutos.
«Un hombre que sueña» (2016), compuesta por Arnaldo Rodríguez y su Talismán, llegó para celebrar el 90º cumpleaños del Comandante. La letra alza la mirada al cielo de la Sierra Maestra y ve a un hombre que «lanza la fe directo a las estrellas». Es una canción que no llora, sino que celebra; que no se despide, sino que agradece.
En ella participaron las voces más queridas de la isla: Mayito Rivera, Laritza Bacallao, Waldo Mendoza… todos juntos, como una gran familia, cantando al patriarca que los unió.
Pero la más conmovedora de todas, quizás, “Cabalgando con Fidel» (2016). No llegó para un cumpleaños, sino para el adiós.
Cuando el 25 de noviembre el corazón de la Revolución dejó de latir, el cantautor Raúl Torres sintió en el alma el vacío y escribió esta canción en apenas horas.
Sus versos son una imagen poderosa y poética: «Dicen que en la Plaza en estos días / se les ha visto cabalgar a Camilo y a Martí / y delante de la caravana, lentamente sin jinete, un caballo para ti».
Es la despedida que no quiere serlo. Es el pueblo que ve a su Comandante partir cabalgando hacia la historia, acompañado por los héroes inmortales. La canción fue escuchada en la Plaza de la Revolución. No hubo mejor elocuencia que aquel silencio roto por el canto.
Tres canciones, tres momentos, un solo sentimiento. La primera, un susurro de fidelidad; la segunda, un grito de esperanza; la tercera, un llanto que se vuelve poesía.
En los últimos años de su vida el pueblo le regaló su voz. Le devolvieron el regalo más hermoso: la memoria hecha canción.
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