Evocando la cultura africana desde su arribo a estas tierras hasta la actualidad, el Festival Wemilere ha regresado esta semana a su sede del municipio habanero de Guanabacoa y lo hace muy especialmente para homenajear a La Habana en su aniversario 500.
Música, artes y pensamiento convergen para promover el conocimiento y respeto por una historia que nos obliga a pensar si podemos dividirnos en afrodescendientes e hispanodescendientes en esta ciudad tan cosmopolita.
Desde el sonido y la danza de la compañía Villa San Cristóbal de La Habana en la apertura de la vigesimoquinta edición de Wemilere se exponía el homenaje más completo a la capital cubana.
La trova que le canta a cada barrio, los pregoneros, la rumba, la conga, el baile flamenco, las estatuas vivientes y comparsas sobresalientes del carnaval habanero han sido parte de este tributo a los orishas y a la ciudad.
El festival de bebidas y comidas tradicionales ha sido otro de los momentos más esperados por los habitantes de Guanabacoa, que durante décadas colaboran en la realización de uno de los certámenes más genuinos de nuestra urbe.
Caracterizan esta práctica la salida de un cabildo con la representación de distintos orishas, la actuación de grupos folclóricos, el trabajo de cheffs de diferentes municipios, la presentación de los altares, entre los que es muy notorio el de Aggayú por ser el patrón de nuestra capital y la degustación final de todo lo expuesto en los tronos.
Entre las acciones fundamentales de esta fiesta de las raíces africanas se encuentra la competencia de grupos músico-danzarios habaneros de aficionados, evaluados por expertos que los premiarán durante la gala clausura de este domingo.
Para el cierre del festival se anuncia un espectáculo muy vistoso, que destacará lo raigal de Guanabacoa y del propio Wemilere, como certamen que reúne todas las manifestaciones tradicionales y contemporáneas de la herencia mestiza que ha singularizado a La Habana en estos 500 años de existencia.