
Quizás más difundida en el extranjero que en su propio país, la trova tradicional cubana tiene una Casa en Santiago de Cuba que cumplió medio siglo este julio y que ha recibido la visita de importantes personalidades del mundo por su programa auténtico y legendario.
Allí, en octubre de 1999, estuvo el exbeatle Paul Mc Cartney y de allí también, salieron dos figuras cimeras que integraron el fenómeno del Buena Vista Social Club: Eliades Ochoa y Compay Segundo.
Poco antes de morir, Compay visitó la Casa y dijo a una de sus directivos: «Vine aquí a despedirme de Santiago».
Se cuenta que fue un torcedor de tabaco, Virgilio Palais, quien llegó a un pequeño local de la Calle Heredia un buen día de la década del 50 del pasado siglo y se puso allí a vender tabacos, cigarros, galletas y lo que fuera, para aliviar su penuria económica.
Palais cantaba mientras vendía. A capella y con su voz privilegiada de tenor, ideal para hacer la voz prima de las composiciones trovadorescas, atrajo a muchos amigos que, como él, eran herederos de una tradición musical que inauguró Pepe Sánchez con su bolero "Tristeza" y que tuvo después intérpretes y compositores como Sindo Garay o Miguel Campanioni.
Pero no fue hasta el triunfo revolucionario de 1959 que este lugar amplió sus perspectivas y sus locales, y se convirtió en sitio obligado y venerado por todos los santiagueros que acudían a él en busca de la mejor música y una bohemia salpicada por el ron que se verificaba de maneras muy espontáneas.
Los cincuenta años de la Casa de la Trova fueron celebrados por la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM) a la que pertenece y se presentaron dos publicaciones: una revista especial que tendrá una frecuencia semestral y un periódico que verá la luz cada tres meses para difundir el quehacer de los músicos santiagueros que se afilian al sello Siboney de la propia EGREM.
En la actualidad este sitio emblemático recibe tanto a veteranos de la trova tradicional como a compositores e intérpretes más jóvenes, pero solo los santiagueros pueden disfrutar de ese privilegio pues en otras zonas cubanas esta manifestación parece un poco preterida con respecto a otros géneros de la música cubana como la timba o el pop rock.
A pesar de las nominaciones y la obtención de Grammys por agrupaciones como el Septeto Santiaguero todavía queda mucho por hacer en la labor de promoción de la trova tradicional, un género que, sin embargo, nació con la propia forja de la nacionalidad del cubano, y cuyas composiciones se trasmiten de generación en generación para perdurar a través del tiempo y la memoria.
De estos ancestros, no hay que olvidarlo, nació la nueva trova cubana que tiene en Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, entre otros, una relevancia internacional, antecedida de otro género también hijo de esta tradición como el feeling de César Portillo de la Luz y José Antonio Méndez. (2018)
Los santiagueros, sin embargo, acuden con asiduidad a esta Casa que a lo largo de medio siglo ha sabido salvaguardar una tradición que es el rostro de Cuba en muchos lugares del mundo.
No basta con celebrar. Hay que promover y promover mejor a este género que nos identifica y acompaña desde los albores del siglo XX y que no morirá porque posee valores excepcionales.
Larga vida entonces a la trova santiaguera y ojalá se abran en el país sitios como este y los medios de difusión le rindan los honores que este género de la música cubana merece.
Por Marilyn Bobes (Tomado de IPS)