
La Trovuntivitis no es un grupo, es un movimiento, asegura Alexis Castañeda, uno de los fundadores de esa reconocida peña de trova nacida en el Mejunje de Santa Clara, Villa Clara, que, por poco más de veinte años, ha tomado un espacio en esa provincia y que hoy ve germinar su primera producción discográfica, con dos volúmenes compiladores de una representación del trabajo de cada uno de los 25 músicos que actualmente la integran.
Diego Gutiérrez, Leonardo García, Rolando Berrío, Yaíma Orozco, Raúl Marchena, Irina Gonzáles, Michel Portela y Yordan Romero, este último también productor de los discos recién concluidos bajo el sello Egrem, son algunos de los nombres que, por su permanencia y aporte a la canción de autor y a la Trovuntivitis, cuentan en estos materiales con dos de sus temas más relevantes de esta etapa.
Ellos tienen un sabor propio, que los diferencia del resto de los trovadores del país, como también los distingue la fraternidad que mantienen a través de los años; así quedó acuñado durante el lanzamiento de los fonogramas en el Salón de Mayo del Pabellón Cuba, con la presencia de una buena parte de sus miembros.
Estos discos logran captar la esencia de ese hábitat más natural que es el Mejunje, acentuado aún más con la inclusión de los propios músicos que acompañan a los trovadores durante las peñas devenidas espacio para la "juntamenta".
Aunque se criticó la demora en llegar de los fonogramas, a pesar de tratarse de un movimiento relevante para la trova en Cuba, ellos consideran que arriba en el momento justo de su madurez. Sin embargo, sí se reconoció la ausencia de promoción audiovisual y con ello de un mayor alcance dentro del público nacional.
Memorias de los inicios; discusiones sobre si «septiembre, o el 11 de septiembre», como fecha inicial de la peña; alusiones a la epidemia de conjuntivitis que asediaba Villa Clara a finales del verano de 1997 y que le dio el tan sui géneris nombre a una peña iniciada simplemente como «una descarga entre dos o tres trovadores con sus novias y algún que otro amigo»; esas y otras remembranzas fueron parte de la casi tertulia en que se convirtió la presentación.
Una tarde amena que concluyó –no podía ser de otra manera– precisamente con una descarga en la Pérgola del Pabellón Cuba. Descarga que incluyó a otros invitados porque, tal como refirió Diego Gutiérrez, fundador de la Trovuntivitis, no son un grupo cerrado ni terminado en el sentido artístico, lo cual quiere decir que «lo hecho durante todos estos años ha calado en la gente y sus deseos de hacer canciones».