Nacer y vivir en una Isla bloqueada es el día a día de quienes respiramos en Cuba. Y digo respiramos porque el bloqueo trata de asfixiar a este pueblo, que no deja de intentar salir adelante.
Buscar en la historia universal hechos similares es labor de investigadores, que aseguran no hallar similitudes con el caso de la injusta medida del gobierno norteamericano contra la Mayor de las Antillas.
El tema, por reiterado no deja de ser el centro de nuestro acontecer. Los que tienen unos años de más saben de lo diferente que era la vida en este país antes del criminal cerco.
El amo del Norte tenía en este archipiélago un laboratorio exquisito para probar muchos de sus mejores inventos. De algunos pudo beneficiarse la clase más pudiente de la época. La mayoría de esos ensayos posibilitó a demasiados criollos soñar con algo inaccesible para sus bolsillos rotos y sus estómagos hambrientos.
No tenernos más al alcance de la mano ha sido penalizado duramente con el precio del bloqueo. Es difícil de entender para quienes no viven aquí. Cuando se acercan y tratan de aplatanarse, reconocen la crueldad de ese amo que dejó de ser, pero no renuncia a la reconquista.
Los que nacimos y crecimos en este supuesto aislamiento, nos fortalecimos para aprender más de las capacidades individuales y convertirlas en arma colectiva al servicio de la Patria y la Revolución Socialista.
En mi andar de mujer, madre, hija, compañera, dialogo con mis semejantes y siento que este pueblo nunca ha sido ni será digno de lástima. La admiración es lo primero que les causamos a las personas inteligentes de cualquier rincón del mundo.
Escuchar a los niños expresar qué es una escuela y orgullosos hablar de sus maestros, ver a las familias correr con sus enfermos a cualquier institución de salud en busca de ayuda o saber en las largas esperas por el transporte público que cada cual confía en que este llegará, patentiza la nación única que somos.
Es difícil comprender qué es la esperanza. Pero se entiende cuando hay confianza en los líderes que conducen un país y en sus sabias decisiones. Es así como en Cuba se trabaja, se elige a los mejores representantes del pueblo en cada votación popular y se señala lo mal hecho para enmendar la obra de todos, como se hace por estos días en el análisis del Anteproyecto de la Nueva Constitución.
Habría que recordar al pescador Santiago, regresando a casa solo con el esqueleto de su enorme pez, en el final glorioso de la novela El viejo y el mar. Los cubanos, al igual que el célebre marino, le decimos al bloqueo yanqui que puede agotarnos, pero jamás vencernos.