
La danza interminable de Alicia Alonso la trae una y otra vez con cerradas ovaciones. La mítica Giselle criolla ha devenido espíritu altivo que inspira al ballet cubano.
Desde su nueva dimensión de estrella rutilante camina en puntas, observa, indica aquí o allá, crea incesantemente. Su cuerpo no estará más en los grandes escenarios que la vieron crecer y triunfar, pero su devoción se multiplica en la escuela que forjó.
Cada figura que surge continúa su legado. Los que no alcanzaron a sentirla cerca, escucharán sus historias. Su vida ya es leyenda cantada y bailada por quienes lloran su pérdida, pero enaltecerán por siempre su maestría.
En su nuevo viaje no la despedimos. No es posible decir adiós a quien nunca estará lejos de la Patria que tanto amó y defendió. No temió ningún contexto para salir impetuosa a darlo todo por el país que la vio nacer y que ahora guarda silencio ante su imagen inerte.
El Gran Teatro de La Habana, que le pertenece por la riqueza que Alicia Alonso le entregara con su arte, seguirá honrándola desde su propia denominación y su efigie en bronce recibiendo a cada visitante.
La gloria la convirtió en disimiles personajes que mostraron su don para hacer cubanía desde un gesto, un movimiento, una mirada. No solo la sensible Giselle, también la soberbia Carmen o las opuestas Odette-Odin, vistieron a la exquisita prima ballerina assoluta.
No pocas compañías del orbe expresan su pesar ante la ausencia física de quien fuera paradigma del ballet mundial. Seducidos por sus enseñanzas, llegaron colectivos desde lejanas latitudes a esta pequeña Isla caribeña a danzar con ella y con sus alumnos.
Hace casi 71 años que Alicia, junto a Fernando y Alberto Alonso, fundaron una institución que se enorgullece de llevar su nombre. A escasos días de rememorar aquella fecha fundacional, la diva detiene su paso para alzar el vuelo hacia la eternidad.
Faltaban apenas unas semanas para recordar la mágica noche que la convirtiera en Giselle y casi dos meses para su cumpleaños 99. Tanto vivió y todo por su pueblo, al que le ofreció su obra en cada rincón del archipiélago y le dio la oportunidad de aprender y disfrutar del mejor ballet clásico sin elitismo.
Solo nos separan unas horas del día sagrado en que evocamos el momento cumbre en que hace 151 años arte y compromiso forjaron un himno rebelde y comenzamos a ser mambises. Y Alicia se eleva en su baile impecable por la cultura cubana para todos los tiempos.