
Este sábado 9 de noviembre, una de las más grandes intérpretes del universo musical cubano, Mayra Caridad Valdés, falleció en La Habana, para consternación y tristeza de todo un pueblo.
Mayra nació en La Habana, el 20 de abril del año 1956, en el seno de una familia de geniales músicos, y con su llegada al mundo el arte musical cubano ganaba una estrella de brillo genuino y propio, que se convertiría, con el devenir del tiempo, en una excepcional cantante, con una voz y un registro únicos.
Hija de esa gloria de Cuba que es Bebo Valdés y hermana del genial Chucho Valdés, Mayra llegó a la música desde muy pequeña. En 1975 se gradúa en Música Coral en la Escuela Nacional de Arte y en 1980 gana el primer premio de un concurso de solistas aficionados, lo que le sirvió de impulso para que Harry Belafonte la escogiera para acompañarlo en sus giras por Cuba y otros países. De esta manera los públicos de Europa y Japón la conocen y aplauden. Como parte de esta gira canta con diversas agrupaciones, entre las que figuró Irakere y su hermano Chucho Valdés.
En 1990 y hasta 1994 es la voz del Cabaret Tropicana, haciendo varias giras con este colectivo hasta que pasa a ser miembro de Irakere. Es allí donde desarrolla todo su talento y el potencial de su voz, solo comparable a las grandes divas de la música.
En los últimos años Mayra Caridad Valdés realizó una intensa y múltiple labor que incluyó actuaciones, grabaciones, y giras. Formó parte del nuevo proyecto de Chucho Valdés, Akokan Iré, con el cual compartió giras y presentaciones, deslumbrando siempre al público asistente.
Ahora tendremos que acostumbrarnos al hecho de que no nos sorprenderá más con sus registros increíbles, parada en el escenario, segura y firme, como una ceiba criolla, arrancándonos aplausos a cada instante. Por lo pronto, anoche, cuando ya no había lluvia y el cielo despejado estaba abierto sobre la ciudad dormida observaba atentamente el firmamento tratando de adivinar cuál sería su estrella. Luego me percaté de lo inútil de mi empeño, porque las estrellas como Mayra van directo al corazón de su pueblo y allí permanecerán por siempre.
Recordémosla siempre, sobre las tablas, con esa voz inigualable: