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María Teresa Vera, calificada como la embajadora de la canción de antaño y defensora de la más pura canción cubana, fue «un pedazo del alma» de su pueblo; síntesis y muestra de la identidad nacional, dada su ascendencia africana y española, que junto a esa voz sin vibrato, seca, cadenciosa y muy singular, hicieron de ella una intérprete imprescindible en la música de la primera mitad del siglo XX en Cuba.
Fue de las pocas mujeres que en esa época asumió la canción trovadoresca como expresión de múltiples estilos y géneros: el son, el bolero, la criolla, la habanera, la guaracha y la rumba que comenzaban a dar forma al pentagrama genuinamente cubano.
Nació María Teresa Vera el 6 de febrero de 1895, en el pueblo de Guanajay, perteneciente entonces a la provincia de Pinar del Río y en 1911, a los 16 años, debutó en el Teatro Politeama Grande, en la habanera Manzana de Gómez, interpretando la criolla "Mercedes", de Manuel Corona, quien fuera su autor favorito, del que estrenó muchas composiciones y que le enseñó a tocar la guitarra.
A partir de ese momento no dejó de cantar como solista o integrante de dúos y agrupaciones musicales, pero fue como parte de los duetos con Rafael Zequeira primero y más tarde con Lorenzo Hierrezuelo, que alcanza gran popularidad en presentaciones en la radio y teatros, grabando discos y en extensas giras por la Isla, México y los Estados Unidos.
Como autora compuso pocas canciones, resaltan los títulos "Porque me siento triste", "No me sabes querer", "Yo quiero que tú sepas", pero bastó una sola para inmortalizarla, la habanera "Veinte años", con letra de Guillermina Aramburu, que hasta hoy continúa en el repertorio de muchos intérpretes nacionales y extranjeros.
Hasta el año 1962 entonó las más lindas canciones trovadorescas; enfermó y tres años después, el 17 de diciembre de 1965, quedó para siempre en el aire y en el recuerdo la voz folclórica, vernácula, natural, autóctona y singular de María Teresa Vera: la voz femenina de la trova tradicional cubana.