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Ignacio Piñeiro: El revolucionario del son cubano

Fecha de Publicación: 2018-04-23 12:25:25


 Ignacio Piñeiro

Al músico cubano Ignacio Piñeiro se le considera entre los precursores del son pero, además, incursionó en otros géneros. Su obra es también símbolo de lo nuestro. En su catálogo hay cerca de trescientas obras, muchas de ellas aún se cantan. Permanecen jóvenes porque la buena música no tiene edad. Hoy abundan versiones antiguas y contemporáneas.

La cifra de sus creaciones apunta hacia una gran fecundidad creativa, multiplicada por multiplicidad de géneros. El autor aborda gran diversidad y modalidades de los complejos musicales cubanos. No obstante, el mayor peso de la creación de Ignacio Piñeiro se concentra en aquellas formas de hacer vinculadas con su actividad musical. Destacan fundamentalmente la clava, el guaguancó y de manera especial el son.

A partir del son Piñeiro desarrolló una amplia gama de combinaciones con el resto de los géneros trabajados. La obra de este autor perdura y crece. Recordemos que  Ibrahim Ferrer escogió “Guaguancó  callejero”, un tema de Ignacio Piñeiro para su disco Buenos hermanos, premio Grammy Latino 2003.

Piñeiro había nacido dentro de la música. Su rico universo sonoro comenzó el 21de mayo de 1888 fecha de su llegada al mundo. Ocurrió en el barrio habanero de Jesús María. Allí se manifestaban con gran fuerza los grupos corales de clave y guaguancó. Luego todas estas influencias crecieron en un nuevo barrio, Pueblo Nuevo, donde se desarrolló como músico.

Integró como decimista el coro de clave El timbre de oro. Con esta agrupación concibió un considerable número de claves muy populares en los barrios de la Habana, extendidos luego hacia la vecina Matanzas. Más tarde dirigió el coro Ronco de Pueblo Nuevo, conocido además como Los Roncos. Para esta combinación vocal creó una amplia gama dentro del género guaguancó. Entre los de arraigo mayor se pueden mencionar “El edén de los roncos”, “El desengaño”, “¿Dónde estabas anoche?” y “Mañana te espero, niña”.

Ignacio Piñeiro componía con gran facilidad y apresaba de lo cotidiano los motivos de obras perdurables. En el período sonero fue donde  mayor vuelo artístico tomó las inspiraciones de Ignacio Piñeiro. En forma más abierta rompió esquemas y trascendió los límites trazados por el son que le precedió. A partir de él el son fue otra cosa y alcanzó su mejor momento en la música a partir de 1926.

En esa fecha fundó el Sexteto Nacional luego de sus experiencias  como contrabajista en el Sexteto Occidental de María Teresa Vera. Un año más tarde le agregó la trompeta al formato instrumental y surgió entonces el Septeto Nacional. Al frente de esta agrupación estuvo Ignacio Piñeiro hasta su muerte, ocurrida el 12 de marzo de 1962. Al Septeto Nacional  consagró todo su potencial creador. Sentó los cimientos del cúmulo de obras propias de este colectivo. Entre las más sobresalientes podemos mencionar “Cuatro palomas”, “No juegues con los santos”, “Alma guajira”, “Mi son genuino”.  Más tarde “Bardo”, “El castigador” y “El guanajo relleno”.

Las obras de Ignacio Piñeiro le han ganado al tiempo. En el disco La rumba soy yo, premio Grammy Latino  2001, se incluye un clásico de su autoría y lo canta la voz privilegiada de Haila María Mompie: “Sobre una tumba una rumba”.

Muchas obras de Ignacio Piñeiro han alcanzado la categoría de clásicas. Sin embargo, una tiene encanto especial. Para “Échale salsita” se inspiró en las famosas butifarras de El Congo. Esta canción elevó al pequeño poblado de Catalina de Güines a un sitio perdurable de nuestra música. “En Catalina me encontré lo no pensado” dice la canción que crece en su estribillo “Échale salsita”. Más allá de la anécdota el tema de Ignacio Piñeiro ha trascendido por su gracia y novedad. Y  es uno de los sones que revolucionó nuestra música.

Para sus obras Ignacio Piñeiro concibió a trovadores de la  talla de Juan de la Cruz, tenor, el barítono Bienvenido León y el guitarrista Alberto Villalón. Con estas y otras figuras organizó su Septeto Nacional.

Ignacio Piñeiro, el gran revolucionario del son, tiene sitio permanente en la música cubana. Por algo se sigue cantando aquel estribillo: “El son es lo más sublime para el alma divertir”. Aún divierten al espíritu las obras de aquel hombre nacido en 1888 que se multiplicó en el tiempo hasta hacerse imprescindible.

 

En video: "Échale salsita"

En video: "Suavecito"

En video: "La cumbancha"



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