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Si la poesía tuviera nombres, uno debía ser el del trovador cubano Alberto Tosca. En su obra de más de 700 temas musicales, quizás la mayoría no se ha difundido como debiera, pero los más conocidos bastan para comprender su profundo lirismo.
Desde que asomara a la escena nacional hace más de 4 décadas, caló en los más sensibles espíritus. No excluyó ninguna sonoridad cercana a nuestras raíces en sus composiciones y en los textos desbordó la más pura cubanía.
Su modo de decir rompió con cánones anteriores y cada nueva pieza sorprendió por mostrar singular originalidad.
No hay dudas de su compromiso como juglar del tiempo que le tocó vivir. Atemperó las vastas influencias que lo hicieron excelente trovador y no descartó nada humano que defendiera la mejor poesía.
Se sentía en su verso esa mezcla inequívoca de hombre del mundo sin tiempo y sin latitud para escoger una línea exacta. Como los grandes, Alberto Tosca fue un criollo que se sumergió en los más increíbles mares y de todos salió impregnado con los mayores tesoros.
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Su dúo con la vocalista Xiomara Laugart hizo época en nuestro país con canciones antológicas como “Paria”, “Sembrando para ti”, “Canción para despertar a mi amor” y “Ni un ya no estás”.
El paso por la vida de este cantautor lo llevó a decir guitarra en mano, sin dejar de defender lo africano en nuestra sonoridad, por eso los tambores batá también lo acompañaron.
Al escuchar sus creaciones sentimos que canta el monte cubano con sus más auténticos habitantes. Alberto Tosca no pudo despedirse. Intentaba llenar espacios decisivos para la trova cuando hace un año la muerte lo sorprendió.
Su ausencia nos deja un caudal de títulos con del aroma de esta tierra mestiza y musical que contagia de amor y rebeldía.