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Al son lo prestigian nombres imprescindibles de la música cubana y uno de ellos es el de Abelardo Barroso Dargelez. No en balde fue el primero en ser bautizado como El Sonero Mayor.
Su extensa trayectoria de más de cuarenta años le permitió integrar varias agrupaciones, defender lo mejor del arte sonoro criollo en disímiles escenarios de nuestro país y de otras naciones, así como componer e interpretar temas que él hizo inolvidables.
Por su potente voz y afinación, fue conocido también como el Caruso del Son, en alusión directa al gran tenor italiano de inicios del siglo veinte.
Había nacido el 21 de septiembre de 1905 en el legendario Cayo Hueso, en Centro Habana. Allí el sonar de la rumba debió despertar desde muy temprana edad el gusto por la música criolla en Abelardo Barroso. En su natal barrio, los tambores y las claves no tenían mucho tiempo para descansar. Por eso no era difícil escucharlo cantar, mientras realizaba algunos de los tantos oficios a los que la vida lo llevó.
Precisamente era chofer del famoso Sexteto Habanero, cuando sus integrantes reconocieron su talento y lo invitaron a trabajar con ellos, en 1925. Se iniciaba así una de las más fecundas carreras de nuestra música popular.
Vocalista del Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro e integrante del grupo de variedades Salmerón, constituyeron algunas de sus notables labores en una primera etapa. Luego fundó dos agrupaciones, una con Orestes López (la Charanga López-Barroso) y otra que denominó Pinin.
La lista incluye su unión al conjunto Maravillas del Siglo. Sin embargo, fue su entrada a la Orquesta Sensación en la década del 50 de la anterior centuria, la que realmente le permitió obtener los mayores éxitos, entre ellos, un Disco de Oro donde aparecen sus más conocidos sones.
"El guajiro de Cunagua", "Tiene sabor", "El brujo de Guanabacoa", "A Guantánamo", "El panquelero" y "El amor de mi bohío", fueron algunas de las piezas del memorable fonograma.
Su poderosa voz se mantuvo en la preferencia del público, que solo dejó de disfrutar sus actuaciones en 1969, cuando se retiró enfermo, aunque falleció el 27 de septiembre de 1972. No obstante, aún se le recuerda casi medio siglo después, mientras la nostalgia nos devuelve a un Abelardo Barroso entonando alguno de esos temas que nadie ha cantado como él.