El maestro Lecuona formó parte de la atmósfera de mi niñez y adolescencia, algo que creo podrían decir muchas personas en nuestro país. Su música estaba siempre presente en las reuniones familiares de entonces, sobre todo si se contaba con un piano.
Aunque no fui amiga cercana de él, nos encontramos personalmente muchas veces, e incluso, en algunas ocasiones compartimos el mismo espectáculo. Recuerdo su sencillez y caballerosidad, la forma cálida en que me expresó su admiración, la cual, debo confesar, era mutua. Lecuona es para mí una personalidad grande e irrepetible de la cultura cubana; un compositor que, al margen de tendencias, modas o experimentaciones estéticas, supo expresar en su obra importantes rasgos de nuestra idiosincrasia espiritual. Sus inagotables obras para piano, así como sus canciones y piezas de teatro lírico, son algo cercano y querido para la mayoría de los cubanos.
En los encuentros que tuvimos, esporádicos y casi siempre casuales, mostró estar al tanto de mi trabajo y, lógicamente, se hablo de proyectos conjuntos, que nunca llegamos a concretar. El interés d Lecuona por el ballet venía desde su primera juventud, cuando conoció y trató de cerca, en La Habana, a la célebre bailarina rusa Ana Pávlova, a quien dedicó el "Vals de la mariposa".
No supimos, hasta hace muy poco, que Lecuona concibió y llegó a concluir la composición de una obra que denominó "Ballet fantástico", la cual tuvo la generosidad de dedicar a nuestros alumnos de ballet. Pero en el Ballet Nacional de Cuba, desde hace mucho tiempo, hemos hecho homenaje a la música de este artista, utilizando sus composiciones para distintas obras. Debo citar dos ejemplos muy representativos: Tarde en la siesta y Retrato de un vals. El primero, de Alberto Méndez, puede calificarse como una obra emblemática de nuestra compañía, que desde hace más de dos décadas la mantiene en su repertorio y la ha bailado en importantes escenarios del mundo.
En etapa más reciente, hice uso del "Vals de la mariposa" para mi coreografía, Retrato de un vals, obra en la que también actúo como bailarina. En este ballet se alud sutilmente a prototipos de la primera etapa de la historia del cine, en un estilo inspirado en la llamada Belle Époque, con personajes que toman vida apoyados maravillosamente por el mencionado "Vals… de Lecuona, tan encantador en su sencillez e ingenuidad. Este trabajo ha llamado mucho la atención dentro y fuera de Cuba; fue filmado hace poco tiempo por la Televisión Española, en una producción dirigida por Pilar Miró.
Pero no son ni serán estos los últimos ballets creados, o que se crearán, con música de Lecuona, porque sus obras poseen cualidades que las hacen idóneas para trabajos coreográficos. Se trata de una música que, en el aspecto melódico, posee elegancia y una gran riqueza de matices; y en su base rítmica, una dinámica muy danzable. Todo ello hace que, desde el punto de vista de la danza escénica, su música sea muy efectiva, porque facilita la recreación de atmósferas, caracteres, sentidos teatrales.
Por otra parte, el tan comentado don natural de Lecuona para los valses y su forma tan particular de interpretar este género al piano, hacen que sus viejas grabaciones se tornen a veces insustituibles como apoyo a la danza, como ha sucedido con la música utilizada en Tarde en la siesta.
Yo, en resumen, me encuentro entre aquellos que se enorgullecen de que la cultura cubana cuente con un músico universal de la estatura artística de Ernesto Lecuona.
Malagueña, por la Filarmónica de Berlín