
Mucho antes de que Greta Garbo, la divina sueca trasplantada a Hollywood, nos sedujera con la perfección de su rostro y de su peculiar acento, es decir, desde los tiempos del cine mudo, cuando en la Isla gustaban fundamentalmente las películas europeas, la trova tradicional, a juzgar por algunos programas que se conservan de la época¹, amenizaba muchas de las funciones de las salas cinematográficas habaneras.
Aquel universo sonoro, dulce, suave, melodioso, riquísimo en estilos, en el que palpitaban el amor y las vehementes alusiones a la patria, nació en Santiago de Cuba en la segunda mitad del siglo XIX. José Pepe Sánchez, Sindo Garay, Rosendo Ruiz, Alberto Villalón y Manuel Corona, fueron sus máximos creadores.
Servido ante todo por sus propios autores, intérpretes además, entre los que habría que incluir a Patricio Ballagas, Miguelito Companioni, Graciano Gómez y muchos otros, el movimiento creció y se expandió por toda la Isla. Con el bolero, la clave, la criolla, el bambuco y el son, que fueron algunos de los géneros cultivados por estos músicos brillantes, por lo regular sin formación alguna, ellos, "cantadores", como se les llamaba entonces, no trovadores, vistieron de largo a la canción cubana. A su lado, inseparable, el instrumento que los caracterizaba: la guitarra.
Al imponerse y ganar el entusiasmo de la población, a la trova se sumaron, en tanto que intérpretes muy personales todos, primero en serenatas y fiestas íntimas, más tarde en los cines: María Teresa Vera y Rafael Zaqueira, Floro Zorrilla y Miguel Zaballa, Pancho Majagua y Tatas Villegas, Higinio Rodríguez y José Parapar (El galleguito). Muchas de aquellas voces, en ocasiones junto a los autores de fundación, desfilaron por los cines de La Habana, entre 1913 y 1927, con el mejor de los tesoros que poseían: sus canciones, puestas así, en vivo, plenas, a la consideración del público. Magnífico ejemplo de una cultura creada por el pueblo y para el pueblo.
Por aquellos años, el cine Esmeralda llegó a ser considerado como «la meca de la trova cubana». En él, casi todas las semanas, los cantadores de moda organizaban sus funciones. Allí, arropados por el calor de las clases más humildes, triunfaron los principales intérpretes de la época. De aquel escenario popular, situado en Monte y Cuatro Caminos, "descubierta" por un representante de la RCA Victor en Cuba, saldría María Teresa Vera contratada por este famoso sello discográfico ("Gela", de Rosendo Ruiz, fue su primera grabación).
Manuel Corona, de quien ella se declaraba discípula y su más fiel intérprete, no solo como autor sino también como cantador, transitó por algunos de aquellos cines habaneros de la época. El 2 de octubre de 1913 el bardo de Caibarién interpretó en el cine Oriente (Belascoaín y San José) una de sus muchas claves, "A Mercedes". Junto a él, con otras composiciones, participaron diversos trovadores. La entrada, con derecho al filme que se exhibía, valía 10 y 5 centavos (tertulia).
Años después, el 5 de julio de 1922, en el cine Recreo, de Belascoaín, construido al aire libre y situado en la calle Padre Varela, entre Peñalver y Sitios, se estrenaron, de Corona, "Pobre Cuba", "Déjame tranquilo" y "La situación y el reajuste". Según consta en el programa, la interpretación de estas composiciones estuvo a cargo de «la genial María Teresa y el sublime Zequeira». Entre el público se hallaba Alfredo Zayas, en aquel entonces presidente de la República.
Al finalizar la década de los veinte, la trova tuvo un fuerte competidor: el son. Pero el género, proveniente de la (antigua) provincia de Oriente, también fue asumido por músicos de honda raíz popular. Solamente Manuel Corona compuso más de diez sones, entre ellos "Debajo de la cama hay gente" y "Los funerales de Papá Montero".
El 7 de agosto de 1927 el cine Cincinnati (luego Hatuey), ubicado en Calzada de 10 de Octubre, casi frente a la Quinta Dependientes, fue el escenario de un homenaje a Floro Zorrilla, entonces una de las figuras más relevantes de la trova, al cumplir 30 años dedicados al canto. Aquel día por allí desfiló lo que valía y brillaba entre sus colegas. Y como para destacar la tónica imperante del momento, en el programa podía leerse: «Habrá muchos regalos y… se tocarán buenos sones».
NOTA:
¹ Según consta en uno de los programas que se conservan de aquel entonces, el lunes 19 de junio de 1916, en el Salón Teatro Cerro-Garden (Calzada del Cerro y Santa Teresa) se presentaron Ramoncito García, Angelita Bequé y el dueto María Teresa Vera y Zequeira. El lunes 26 de febrero de 1923 el cine Gloria (Vives y Belascoaín) anunciaba, junto al filme Salomé, de Theda Bara, la habitual programación de los "cantadores". En el programa del miércoles 2 de abril de 1924 del cine Mundial (luego se llamó Fedora) se daba publicidad a una grandiosa función-homenaje a los trovadores cubanos. María Teresa y Zequeira eran anunciados entre los presentes. Dicho programa consignaba, asimismo, que «el insigne bardo Sindo Garay y el señor Julio Hatuey (su hijo) han prometido asistir».