
No tiene un pacto para burlar el calendario, sino que su obra se resiste a envejecer. Sus canciones, las viejas y nuevas muestran la certeza de un matiz de futuro.
Silvio Rodríguez, hombre cubano y planetario, ha dedicado varias décadas a la música. Y aunque durante mucho tiempo se consideró un amateur, nadie pone en duda que en sus temas ha primado siempre la buena factura literaria y musical.
Pero si los ángeles y fantasmas temáticos de Silvio Rodríguez se han mantenido de una manera más o menos estable a lo largo de toda su carrera, con sus aspiraciones musicales no ha sucedido lo mismo. En realidad, ellas han transitado por diversos formatos que van desde lo sinfónico hasta la guitarra en solitario. Prueba de lo anterior es su amplia discografía, iniciada con Días y flores y cerrada por el momento con Segunda cita, su álbum más reciente.
Músico, poeta, revolucionario y trovador son los términos esenciales que definen a Silvio Rodríguez, protagonista de una impresionante carrera musical que va más allá de su pueblo natal, de la capital y de todo el país para adquirir renombre mundial.
Dueño de una extensa discografía, Silvio Rodríguez es un artista cubano de trascendencia mundial por su sensibilidad rebelde y poética, pero es también un prolífero compositor que atesora en su catálogo más de un millar de canciones.
El nombre y la reputación del trovador no son ajenos a ningún pueblo hispanoamericano. Su voz y sus canciones han sonado en los más diversos escenarios del planeta con ese toque de protesta mesurada y de mensaje de esperanza e igualdad. Pero también han llegado incluso hasta los centros penitenciarios y los barrios del país como parte de dos hermosas iniciativas que han marcado su quehacer.
La música de Silvio Rodríguez surgió a finales de los sesenta, pero sigue plena de vigencia. "Ojalá", "La era está pariendo un corazón", "Unicornio" y "Cita con ángeles", son algunos de sus temas que se han convertido en clásicos.
La composición de tantos versos acompañados por la guitarra, no permanecen encerrados en una época. Por el contrario, trascienden el tiempo y el espacio de su creación para llegar hasta nuestros días con absoluta fuerza y vigencia, entonados por jóvenes y adultos de ayer y de hoy.
La voz y las canciones de Silvio Rodríguez se niegan a envejecer. Nuevas generaciones en muchas partes del orbe sienten como propias las letras y la música de este hombre planetario que también ha recibido no pocos reconocimientos tanto en Cuba como en el extranjero.
La trayectoria de Silvio por la música cubana, deja una impronta en quienes prefieren sus palabras para cantar lo que todos sentimos, pero solo él dice, con la letra y la melodía que tomamos prestada cada día, en cada canción.
Silvio no solo presta sus canciones a cuanto cubano enamora y odia con ellas… porfía y abre caminos… o le roba un verso para sufrir lo suyo. La obra de Silvio trasciende la isla, y son muchos en el mundo los que admiran sus temas, prolongando la función personalísima y a la vez social de cada cosmos musical.
A Silvio Rodríguez se le quiere bien por la valía de su obra. Muchos lo califican como un “monstruo” de la música cubana, y sin dudas, puede que tengamos la suerte de vivir en el mismo tiempo que el más grande trovador cubano de todos tiempos.
Humano, imperfecto, pero a toda prueba muy virtuoso, Silvio Rodríguez siempre nos ofrece esa mezcla especial de poesía y sentido social, de denuncia y de política, de amor, esperanza y humanidad… porque Silvio es cubanía.