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Secretos de Bola de Nieve (+video)

Fecha de Publicación: 2018-09-03 14:02:26


Bola de Nieve, el chansonier cubano, entró en la leyenda de la música cubana, el 2 de octubre de 1971, cuando falleció en México. La última vez que lo vi fue en su acostumbrada presentación que ofrecía en la velada por la espera del 26 de julio. La última vez fue precisamente en 1971. Ya cayendo la noche Bola estaba solo, muy solo, en el escenario, observando los más mínimos detalles, estaba molesto. «En el Cardini de México me ponen un spot light rojo directo al piano, me atienden con toda excelencia».

De repente el Bola me preguntaba por un pianista joven que le había impresionado, me imagino que se trataba de Jorge Luis Prats. En fin, hablamos de muchas cosas, mientras caía la noche en el teatro Amadeo Roldán, de El Vedado.

La vida de Bola estaba llena de misterios y de acontecimientos de leyenda. Si te cuento cómo se hace cantante o chansonier, fue algo como de película.   Ciertamente Bola se introduce en el canto por pura casualidad: Una noche de 1933, en el teatro Politeama, de México, Rita Montaner no pudo cantar por problemas vocales. «Me precisó, con mucha crueldad: "Tú no dices que eres artista, pues sal y canta entonces". Casi me empujo al escenario». Al Bola le pusieron una camisa de guarachero, salió aterrado al escenario:

Les dije a los músicos: Yo no sé lo que voy a hacer. Canté muy aturdido "Vito Manué, tú no sabe inglé", de Emilio Grenet con poema de Nicolás Guillén. Y me aplaudieron muchísimo, fue un tremendo éxito y así fue casualmente como comencé en el escenario. Tocaba el piano por entretenimiento, nunca pensé vivir del canto, uno nunca sabe dónde está el éxito. Me volví muy popular en diez minutos. Así fue como comenzó todo. Me pusieron un contrato de una hora diaria a las doce del día, cuando las campanas de la iglesia sonaban, salía un piano…y una voz decía: Allí viene Bola de Nieve…

Pocas personas saben que el Bola comenzó tocando el piano en películas silentes en el cine de Guanabacoa y los muchachos le gritaban horrores. Es en esa etapa cuando comenzaron a llamarle “Bola de Nieve” y Rita es quien lo bautiza definitivamente en el escenario de México.  

El pianista de Guanabacoa acostumbraba a imitar o parodiar a algunos artistas como el actor y cantante José Borhr. Al inicio resultó un rotundo fracaso; pero ello no lo desanimó, sabía que estaba haciendo algo novedoso.

En aquellos primeros tiempos, a Bola le dieron la oportunidad de empezar a trabajar en el cabaret La Verbena (41 y 30, Playa) con la orquesta de Gilberto Valdés; también acompañaba a la cantante Zoila Gálvez, en el Roof Garden del hotel Sevilla Biltmore. Allí, en una ocasión, lo escucha Rita Montaner, quien de inmediato le propuso fuera su pianista acompañante exclusivo.

En 1933 viaja a México con Rita, y es cuando ella lo anuncia como Bola de Nieve. «Rita me puso a la entrada del teatro, en un cartel, con una chaqueta blanca y la cabeza negra. Al final resultó que ella me hizo un favor».

De esa manera  nace una estrella de la canción cubana, dueño de un  poder de comunicación muy peculiar. Entonces llegaron las giras por toda América: EE.UU. con Rita y Pedro Vargas. A su regreso se une en contrato exclusivo con el gran músico cubano Ernesto Lecuona; tocan a dúo, en el teatro Campoamor.  Viaja a la Argentina (1936), con la Compañía de Lecuona, y con Esther Borja, Ernestina Lecuona, y Mapy Cortés, entre otros.

Bola visita por primera vez a Brasil en 1947, participa en los carnavales de Río de Janeiro, y allí fue discriminado por ser negro, no así en Sao Paulo. En Río fue el único lugar en el mundo que lo discriminaron. Sin embargo, en el aristocrático teatro Carnegie Hall, de Nueva York, le tributaron una ovación cerrada sin haber tocado y le hicieron salir nueve veces a escena después de su recital.

Entre 1951 y 1958 triunfa en París y su éxito llega a otros países, como Italia, y Dinamarca. En 1956 hace presentaciones en el parisino cabaret Montmartre, donde es elogiado por Edith Piaf, quien aseguró que: «Nadie canta "La vie en rose" como el Bola».

Triunfa en el restaurante Cardini Internacional (México), donde es muy reconocido, especialmente por la intelectualidad y el mundo musical mexicano, tan sensible al bolero de altura.

El Cardini Internacional, conducido por el gerente  Alex Cardini (hijo), estaba ubicado en la calle Morelos # 98, y era uno de los más rutilantes restaurantes de Ciudad México. Según datos de Ramón Fajardo Estrada, en 1965 contrataron a Bola de Nieve para efectuar dos actuaciones diarias, de lunes a sábado. Allí lo reciben a su llegada Gabriel Ruiz, Tata Nacho, el director de orquesta José Sabre Marroquín y otros  intelectuales. «Vengo a devolverles el nombre que ustedes me han dado», expresó el Bola a su llegada.

La periodista María López Salas divulga que, como recibimiento al cantante cubano, llovían jarras de flores por todos lados, provenientes de los mejores restaurantes mexicanos. Ramón Flores, dueño de Los Violines de Fontana, envió todos los crisantemos de la ciudad. «Nunca imaginé que me hicieran tal recepción», declaró el cubano. Allí estaban también don Pepe de León, del Terraza Casino, y Nick Noyes, que poseía el restaurante hawaiano más bello que se conocía, el Mauna Loa.

En el periódico Revolución leo que ni una sola noche el intérprete pudo quitar el tema de Adolfo Guzmán “No puedo ser feliz”. Los anuncios de Cardini por televisión iban acompañados con la canción, «el público con mucha insistencia me la pedía, así como mi estreno de este viaje para ellos: “Adiós felicidad”».

Cuando ejecutaba “No puedo ser feliz”, el público elegantemente se ponía de pie en el Cardini Internacional, tributaba una estremecedora ovación y acto seguido profiere gritos de «¡Viva Cuba!». Una espectadora emocionada le quita el reloj de oro a su esposo y, en gesto de profunda admiración, lo coloca en la muñeca del artista criollo.

Muchas anécdotas se pueden contar con enorme cariño de esta visita del cubano a México. «No vengo a cantar por dinero –dice Bola– vengo por amor a este pueblo que tanto quiere a Cuba, y cuando uno siente amor por algo siempre lo consigue. Únicamente por amor se tienen las cosas y por amor es que creo que consigo que este público me quiera y me aplauda tanto y me venga a oír».

La prensa mexicana cataloga a Bola como un Maurice Chevalier, el Robeson o el Armstrong de Cuba: una institución insustituible, una sensibilidad al servicio de la más perfecta expresión musical, un artista que pertenece al mundo

Diez semanas seguidas se mantuvo el Bola en el Cardini, que terminaron el 24 de enero de 1965. Recibió un homenaje de mariachis, le regalaron flores en las trajineras y chinampas de los canales de Xochimilco y cada mañana, con la disciplina de un principiante, estudia un par de horas en el piano de la embajada cubana, en la que da un recital para los funcionarios y también para intelectuales mexicanos invitados. Además, actúa en el Palacio de Bellas Artes, en los espacios televisivos Revolución Musical, Nescafé y Variedades Gerber Silvia, conducido por la actriz Silvia Pinal, quien le ofrece la despedida en nombre de los artistas nacionales y de sus amigos, principalmente José Sabre Marroquín.

A su regreso a Cuba el Bola declara «Este viaje ha sido un sueño. La expresión más maravillosa de México. Todo México se volcó a mi trabajo. El público con mayor énfasis que nunca, como si fuera la primera vez que me escucharan. Vengo henchido de mexicanismo».

La etapa del Bola en el habanero restaurant Monseigneur comenzó en el segundo semestre de 1964, aunque sus presentaciones se detienen para una reparación capital en el inmueble que nuevamente abre sus puertas, con toda gala, el miércoles 25 de agosto de 1965. Bola se presenta con su impecable frac, su piano y sus canciones, a las 7 pm y a la 1 am. Hacía chistes al estilo del café cantante, alternan en las veladas los Violines de Monseigneur y la trovadora Teresita Fernández.

Muchos se preguntan ¿cuál fue la magia que situó a Bola de Nieve en la cúspide de la canción en América? Bola nació con un don especial, pero lo estudió, lo fue preparando hasta el cansancio. Tenía un entrenador quien lo revisaba en sus ensayos. Las canciones las preparaba con suficiente tiempo, para darle el toque indicado.

Bola bebió de la savia de los cantos negros, pregones, narraciones de esclavos. Todo lo envolvió y lo magnificó, con gracia, naturalidad y mucho ingenio. Convirtió lo que pudiera ser una parodia, en un arte complicado, pero digno de disfrutarse. Fue un torrente de sensaciones: desde lo erótico, lo ingenuo, el entusiasmo y la tragedia. Con su voz ronca de manguero, de vendedor de duraznos –como el mismo decía–, representaba una escena muy cubana y a la vez, muy internacional.

Bola cantó en casi toda América, en Europa, en los países del antiguo campo socialista, y hasta en China. Una vez le dijo  a su tía abuela Mamaquica: «Cantaré hasta la eternidad».                  

"No puedo ser feliz"



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