Cuba es una potencia de la percusión; en el país se generan sus verdaderos reyes. Desde sus inicios surgieron de los barracones de esclavos, los bateyes, palenques, cabildos, barrios, solares, carnavales y otras fiestas populares.
Son muy famosos en Cuba y en el exterior: Chano Pozo, Mongo Santamaría, Tata Güines, Walfredo de los Reyes, José Luis Quintana Changuito, Guillermo Barreto, Blasito Egües, Emilito del Monte, Amadito Valdés, Patato Valdés, Armando Peraza, Candito Camero, la dinastía de Oscar Valdés, Papá Kila, Enrique Plá, Miguel Angá y el mito de El Chori, que en la Playa de Marianao le sacaba sonidos a botellas con agua y hacía un verdadero espectáculo capaz de fascinar a un Marlon Brando, en su visita al cabaret La Choricera.
Existen instituciones que han generado estrellas de la percusión: Los Muñequitos de Matanzas (1952), el mejor emsamble de rumba de Cuba. En 1959 Los Papines ─Luis, Alfredo, Jesús y Ricardo─, los hermanos Abreu; ell Conjunto Folklórico Nacional de Cuba (1962); los grupos rumberos Yoruba Andabo (1985), Clave y Guaguancó y una larga lista de grupos actuales.
Chano Pozo es el gran mito de la percusión cubana. En La Habana se convierte en un percusionista de mucha fama en Tropicana, junto a Rita Montaner y Bola de Nieve. En los carnavales brillaba con Los Dandy de Belén. Desde 1947 triunfó en Nueva York. Junto a Dizzy Gillespie hizo época en el Carnegie Hall y otros rutilantes escenarios. Hizo aportes en el latin jazz y dejó obras emblemáticas como "Nague", "Blen, blen, blen", "Manteca" y "Pin, pon, pan", junto a Dizzy Gillespie.
Walfredo de los Reyes, ante el cual, según Changuito, todos se quitan el sombrero, fue el primer baterista del mundo que tocó el drums y la tumbadora a la vez. El hijo de Walfredo tiene un historial profesional amplio con grandes figuras de la música internacional, como Sergio Méndez, Tania María, Santana, y Fisher, entre otros.
Guillermo Barreto es considerado por Changuito «uno de los más grandes de Cuba, como baterista, timbalero y cajista». Desempeñó junto a Walfredo un papel importante en las descargas habaneras de los cincuenta.
Tata Güines tiene una trayectoria de más de medio siglo de trabajo profesional en las mejores orquestas y más prestigiosas salas y teatros del mundo. Trabajó en decenas de agrupaciones y con artistas emblemáticos. Creó un estilo de tocar, con un sonido espectacular.
En el latin Jazz, gestado y desarrollado en los Estados Unidos, hay que nombrar a estrellas como Armando Peraza, Mongo Santamaría y Francisco Aguabella. Estos percusionistas arrazaron la nación americana en la década del cincuenta, en los tiempos del cupob y afro-cubop.
Armando Peraza comenzó en el Kubavana; llegó a San Francisco en 1949 y formó el grupo Afro-Cubans. En la Feria Mundial de Nueva York un nigeriano le preguntó: «De qué parte de África es usted?».
Candito Camero comenzó a tocar profesionalmente en Cuba a los 14 años; tocaba el tambor en las congas del Cerro. En 1952 llega a Nueva York, donde trabaja con el astro Dizzy Gillespie.
Mongo Santamaría nació en el barrio de Jesús María. Tenía el África muy cerca, su abuelo era del Congo. Trabajó con Chano Pozo y con Miguelito Valdés. En i963 se establece en Nueva York con un grupo. Se cataloga de locura lo que hacía con la percusión. Tocó en los mejores centros nocturnos de Estados Unidos y dejó una huella profunda en los músicos.. En 1955 Mongo grabó para el sello Tico, Changó, el primer álbum folclórico afrocubano grabado en el exterior por un cubano.
Carlos Patato Valdés aprendió a tocar la rumba en barrios habaneros, bailaba y tocaba diversos ritmos. Se caracterizaba por «marcar el tiempo», como un verdadero acompañante. Era amigo de Mongo Santamaría. Tocó en el Zombie Club de La Habana para turistas. Dentro del Conjunto Casino, fue el creador de las dos tumbadoras en la música bailable, afinaba los instrumentos en los planos graves y agudos, inventó una poliritmia que hizo del ritmo del Casino algo único y le aportó el elemento afrocubano a un conjunto de música para blancos. Mientras, el bongó de Chicuelo Guzmán lograba un buen sonido y estabilidad en el martillo y en la campana, según cuenta Helio Orovio en el libro Música cubana (La Habana, 1997, pág. 12).
Francisco Aguabella era un auténtico abakuá que tocaba en la comparsa Los Dandy de Belén. Trabajó nada menos que con la voz: Frank Sinatra, en Las Vegas.
Silvestre Méndez, compositor de "El telefonito" y la inconmensurable "Yiri yiri bon", grabada por Benny Moré, se dice que fue de los primeros en tocar tres tumbadoras al mismo tiempo. Un músico llamado Chocolate, que residía en México, me reveló que Silvestre enseñó al Benny muchos pasos rumberos.
Orlando Puntillita Ríos llegó en 1980 a Nueva York y llegó a causar muy buena impresión en sus trabajos de percusión.
De la nueva ola recordamos a Horacio El Negro Hernández (1963). Estudió junto a Angá y tocó con gonzalito Rubalcaba. Es un creador de los colores orquestales. Llegó a tocar en la United Nations Orchestra y los Tropijazz All Star.
En 1961, en Santiago de Cuba, el compositor Enrique Bonne organiza Los Tambores de Enrique Bonne, compuesto por unos cincuenta instrumentistas que introdujeron en los espectáculos la conga santiaguera. La gigantesca banda, una especia de récord de percusionistas, integraba congas, bocú, catá, requinto, campanas, Chekeré y cornetas chinas.
Verdaderos virtuosos inolvidables: Papa Kila, bongosero de Arsenio Rodríguez y el tumbador Félix Chocolate Alfonso; Eliseo Martín El Colorao de la Orquesta de Arcaño y sus Maravillas; Ulpiano Díaz, timbal quien popularizó el uso del cencerro en la etapa del danzón de Arcaño; Juan Claro Bravo, Clarito, con el baterista Daniel Díaz hizo época con la charanga Ritmo Oriental, de Enrique Lazaga. Clarito desarrolló en la tumbadora la sonoridad en el estilo batá, con una poliritmia denominada “guatrapeo”. Jesús Alfonso popularizó oficialmente la utilización simultánea de cinco tumbadoras. Se dice que desde 1956 ya existía un percusionista al que nombraban Lázaro Cinco-Tumbadoras.
E n 1963 sorprende en Cuba Pedro Izquierdo, Pello el Afrokán, con el ritmo mozambique, que causó furor en la década del sesenta. Pello era un verdadero espectáculo rodeado de sus bailarinas, colocaba cinco tumbadoras y las hacía sonar como si fueran un piano, según me decía su nieto Omar Izquierdo.
(Continuará)
En el siguiente video una clase magistral del gran Tata Güines: