
El 20 de marzo en esta misma columna publiqué un trabajo titulado "La música campesina y el olvido de sus leyendas", cuyo leitmotiv fue Celina González y su casi desapercibido cumpleaños en las principales plataformas mediáticas del país. Ahora regreso con otro nefasto olvido dentro del mismo género musical, esta vez de uno de los más carismáticos artistas que hemos tenido en tantos años de cultura musical: Ramón Veloz.
Y mi vuelta al tema de los olvidos no viene dado por celebrar un cumpleaños de manera trivial, sino por los largos años de erosión al que han sido sometidas casi todas las leyendas del género en nuestro país. ¿Cómo es posible que intentemos salvaguardar una historia musical si apenas se difunde? Si hiciéramos el simple ejercicio de ir a altas casas de estudio donde se forman los profesionales del futuro –y de los cuales se quiere que tengan una cultura sólida– nos sorprenderíamos de sus caras y respuestas si les preguntáramos por Ramón y Coralia, El Jilguero y otros más.
Resulta que Ramón Veloz nació y murió el mismo día, lo cual recordamos el pasado 16 de agosto, pero que similar a lo ocurrido en marzo con Celina, solo fue del conocimiento de muy pocos en cuanto a la difusión o alguna emisión especial televisiva. Esto, lamentablemente se veía venir desde hace un tiempo, sobre todo después de la eliminación del tema de presentación –cantado por él– del programa Palmas y cañas para, ante total asombro de muchos, sustituirlo por una versión instrumental. Y ese, precisamente ese, era el único recuerdo televisivo que los cubanos guardábamos de Ramón, el único eslabón que domingo tras otro nos lo traía con su hidalguía y su potente voz.
Hay artistas que deben ser considerados patrimonio del país, pero tal honor debería ir aparejado de acciones que inmortalicen su legado, pero para el gran público, es decir la mayoría. Es por ello que ha de ser un trabajo de divulgación coherente y articulado, para no continuar este acelerado ritmo de olvidos y carencias históricas en lo musical.
Por suerte, los diferentes espacios dedicados al aprendizaje de nuestra música campesina por todo el país sí honran día a día a estos precursores y cultores, y los niños y jóvenes que se inician en estas lides están bien empapados de quiénes fueron cada uno de ellos.
Otro caso que quiero mencionar y agradecer en esta columna es a la Radio, la cual sí mantiene en todo el país una actualizada programación que nos permite recordar fechas y figuras, y sostiene espacios que defienden el género campesino.
Creo que es hora de ser consecuentes con nuestro pasado musical, y aunque la modernidad se imponga, buscar mecanismos de protección cultural hacia esas zonas menos favorecidas y así, seguramente, todos ganaremos, con ojo puesto en el futuro, pero con la historia de nuestro lado.
Tomado de Granma
Gracias por tocar ese aspecto del olvido de los que ya no están y nos alentaron el alma con su voz y en este caso con la alegre y bella música campesina. Para mí Ramón Veloz es un ídolo y ejemplo de la música campesina. Hay que darle el lugar que se merece en los Medios.
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