
Cuando alguien pretenda escribir la historia de la música cubana tendrá, necesariamente, que revisar la obra de un investigador que, a lo largo de varias décadas, se ha dedicado a rescatar la huella de varias figuras emblemáticas que contribuyeron a enriquecer la cultura insular.
Son incuestionables los aportes que Ramón Fajardo Estrada (Bayamo, Granma, 1951) ha realizado al conocimiento, estudio, difusión, de la obra legada por compositores e intérpretes que lograron trascender no solo las fronteras de la isla, sino también el tiempo que les tocó vivir.
Una rápida mirada a la bibliografía de este documentado y acucioso investigador devela que –luego de concluir sus estudios universitarios de periodismo y ya vinculado a la radiodifusión nacional—la primera artista que le interesa estudiar es Rita Montaner, todo un símbolo de auténtica cubanía.
Bajo el título, precisamente, de Rita Montaner, Fajardo Estrada publica, en 1993, su primer libro que, en pocas páginas, ofrece al lector una breve aproximación a momentos de la vida, personal y artística, de quien es conocida, muy justamente, como La Única.
Esta obra, indudablemente, sirve de punto de partida a su autor para que, pocos años después, diera a conocer Rita Montaner: testimonio de una época, libro galardonado con el Premio Casa de las Américas en el género de testimonio, en 1997, y con el Premio de la Crítica Literaria, en 1998.
Como en una nítida radiografía, este volumen —aparecido en tres ocasiones, en los años 1997, 1998y 2018— entrega pasajes de la trayectoria de la intérprete de piezas como "Canto siboney", acertadamente insertados en un cuidadoso y amplio panorama de la cultura y la historia de la primera mitad del siglo XX cubano.
A ello se refiere el poeta, investigador, periodista y cineasta Víctor Casaus –—uno de los miembros del jurado que le otorgó el Premio Casa de las Américas a este libro—, cuando afirma:
El autor escogió un camino largo y laborioso para escribir este libro. No se limitó a la peripecia de la vida de la artista, a las anécdotas en sí mismas interesantes que incluye en su texto: abrió la mirada hacia el contexto y logró con ello otro valor, equiparable, por la profundidad de la información y por la funcionalidad de la estructura, al que alcanzó la historia personal que se inserta en su tramado. Con ello, Fajardo entrega también una importante obra de consulta y referencia para el período que abarca. Testimonio de una vida y testimonio de una época se funden para entregarnos lecturas diversas y complementarias, amenas y ricas en ambos casos.
Otra intérprete, también actriz, es la protagonista de Yo seré la tentación: María de los Ángeles Santana, libro —publicado en los años 2003, 2013 y 2016— que Ramón Fajardo Estrada estructura a partir de una extensa entrevista con la conocida artista, enriquecida con comentarios de prensa, cartas, fotografías…
En doce capítulos, se reconstruye –desde el nacimiento de la artista, el 2 de agosto de 1914, en la capital cubana, hasta los homenajes recibidos a inicios de un nuevo siglo—, la vida y la obra de quien, por su labor en el teatro, el cine, la radio y la televisión, recibió, entre otros galardones, los Premios Nacionales de Teatro y de Televisión.
Se conocerá así de la actuación de María de los Ángeles Santana en filmes como Sucedió en La Habana, de su fecunda relación profesional con el maestro Ernesto Lecuona, de su triunfal carrera como vedette, de sus inolvidables presentaciones en México y España, de su confesada pasión por el teatro y la televisión...
Reveladora resulta la opinión de Nelson Dorr, Premio Nacional de Teatro, quien, en el prólogo a Yo seré la tentación: María de los Ángeles Santana, asegura:
(Esta obra) para los que la admiran será un deleite; para los buenos lectores, una feliz oportunidad de entretenimiento; y para los estudiosos, una fuente en la investigación de los anales artísticos criollos. Bienvenido este libro, lleno de pasión incalculable y de entrega total a la verdad que con mano amorosa supo recoger el autor.
Déjame que te cuente de Bola (2005), otra de las investigaciones de Fajardo Estrada, es ese libro que demandaba la historiografía musical cubana, en que, en cuatro capítulos, se presenta la génesis, desarrollo y esplendor de una carrera artística forjada con talento y perseverancia, cualidades que centraron la labor de Ignacio Jacinto Villa Fernández.
Intérpretes, compositores, escritores, familiares, testimoniansus recuerdos sobre Bola de Nieve. Textos que el autor, con habilidad y oficio, sabe integrar a artículos y comentarios publicados en la prensa nacional y extranjera, a letras de canciones, a entrevistas realizadas al artista y a poemas a él dedicados.
Uno de los méritos de este libro es que no sólo se devela una biografía artística —que se extiende de La Habana a París, de Nueva York a Beijing, de Londres a Lima…—, sino que, junto a esa intensa carrera artística, aflorael ser humano, con sus esperanzas y frustraciones, sus alegrías y tristezas, que era Bola de Nieve.
Déjame que te cuente de Bola —publicado en una segunda edición ampliada, en el año 2011, como Deja que te cuente de Bola— se convierte no solo en una fuente referencial obligada sobre el artista, sino también en un fresco de la vida artística de la mayor de Las Antillas, a lo largo de varias décadas del siglo XX.
El insigne compositor y pianista Ernesto Lecuona también ha preocupado —y ocupado— a este infatigable investigador, quien ha tenido a su cargo la selección y anotaciones del volumen titulado Ernesto Lecuona: cartas, obra ya con dos ediciones, aparecidas en los años 2012 y 2014.
De monumental puede calificarse la información reunida en los dos tomos de este epistolario, en que se agrupan aproximadamente doscientas misivas, enviadas y recibidas por el creador durante casi medio siglo, entre los años 1918 y 1963, textos reveladores de su rico universo humano y artístico.
Este muestrario, aunque solo presenta una mínima porción de las epístolas que escribió o recibió el maestro —como aclara Fajardo Estrada—, «reconstruye pasajes de la vida del creador de una obra de profunda repercusión en la cultura cubana y universal, en cuyas cartas podrá apreciarse la maduración de su estética y su personalidad».
Ernesto Lecuona: cartas no es, sin embargo, un epistolario convencional, pues, junto a las misivas seleccionadas, aparecen breves textos —acompañados de una valiosa iconografía con más de doscientas fotografías— que explican, indagan, comentan, develan, mediante un coherente discurso, la huella personal y artística del autor de "La comparsa".
El legado del artista aún es tema de investigación de Fajardo Estrada, quien ya concluyó la cronología comentada del maestro —que llegará enriquecida con trescientas cincuenta fotografías— e iniciará en breve una biografía que sugerentemente se titulará "Ernesto Lecuona, siempre en mi corazón".
Salvar la memoria es hoy una necesidad insoslayable. Solo así se podrá conocer el pasado, como una manera de entender el presente y de imaginar el futuro. Ramón Fajardo Estrada lo sabe, está convencido de ello. Su obra, encaminada al rescate, conservación y atesoramiento del patrimonio musical cubano, así lo evidencia.