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Radamés Giro: Para un investigador es una suerte ser editor

Fecha de Publicación: 2019-02-04 11:27:05


Radamés Giro, Premio Nacional de Edición 1999.

«Soy un eterno curioso. Sin curiosidad a nada se puede llegar en el campo de la cultura». Así me asegura, categóricamente, el investigador, editor, músico y profesor Radamés Giro. Afirmación fácil de comprobar, si se revisa la obra que, a lo largo de varias décadas, ha desarrollado tan infatigable y apasionado creador.

Guitarrista acompañante, Radamés Giro —nacido en Santiago de Cuba, en 1940— se desempeña, a fines de los años 60 del pasado siglo, como subdirector de la Escuela Nacional de Música de la Escuela Nacional de Arte e inicia las ediciones de libros sobre música en el Instituto Cubano del Libro.

Medio siglo avala su oficio de experimentado editor —en sellos como Pueblo y Educación, Arte y Literatura, Letras Cubanas y Museo de la Música—, tanto en tareas de dirección como puramente profesionales, labor que le permitió ser reconocido, en 1999, con Premio Nacional de Edición por la obra de la vida.

 Desde la publicación, en 1986, de su estudio titulado Leo Brouwer y la guitarra en Cuba, Radamés Giro ha logrado estructurar una sólida bibliografía, en que aparecen más de una decena de libros, entre ellos Visión panorámica de la guitarra en Cuba, El filin de César Portillo de la Luz y Música popular cubana.

Diccionario Enciclópedico de la Música en CubaEs incuestionable que, en esa relación de obras, sobresale el Diccionario enciclopédico de la música en Cuba, publicado en cuatro tomos, en los años 2007 y 2009, y galardonado con dos importantes reconocimientos: el Premio Anual de Investigación del Centro Juan Marinello 2002 y el Premio de la Crítica Científica 2007.

En esta entrevista, tan acucioso investigador pasa revista a varios momentos de su vida profesional, comenta sobre sus libros ya publicados y acerca de otros en preparación, reflexiona en sus empeños investigativos y en su labor como editor… Diálogo que devela, se los aseguro, a ese eterno curioso que esRadamés Giro.

 ¿Cuándo y por qué se interesa en  investigar sobre la música cubana?

Desde mi etapa de subdirector de la Escuela Nacional de Música, en Cubanacán, comencé a tomar notas de todo lo que me interesaba relacionado con la música. Estoy hablando del año 1966. En el 1967, por sugerencia del profesor de Historia de la Música, José María Bidot, sistematicé esas investigaciones en un fichero que creció año tras año  y fue la base de mi Diccionario enciclopédico de la música en Cuba. En cuanto a la motivación, estuvo dada por una insaciable curiosidad y por la importancia que le doy al destino que llevan los libros que escribo, es decir para los estudiantes, los periodistas y los maestros.

 ¿Cuáles serían los vasos comunicantes entre su labor como músico, profesor y editor y su interés en la investigación?

 En cuanto a lo que comunican estas tres aristas, se origina en que nunca las he separado a lo largo de mi vida. Todo se mezcla de una u otra forma en mi quehacer cotidiano, y una cosa me va llevando a la otra. El músico y el profesor me llevaron a la investigación y ésta a la edición.

 ¿Cuál ha sido el mayor reto enfrentado por usted en su labor investigativa?

 El reto mayor que he enfrentado como investigador ha sido que nunca he pertenecido a ninguna institución cuya tarea fundamental fuera investigar. Vale decir que lo he tenido que hacer en los momentos libres que dejaba el trabajo del editor, muy difícil si tomamos en cuenta los libros que he escrito, y que nunca conté con las facilidades y recursos que una institución de ese tipo me hubiera proporcionado. Todo fue por mi cuenta.

 Es indudable que el Diccionario enciclopédico de la música en Cuba es una obra monumental. ¿Cómo ha podido enfrentar individualmente una obra que demandaba de un colectivo de autores para su realización?

Te confieso que cuando terminé el Diccionario… casi que no me lo creía. Debo decir, con toda justeza, que fue mi compañera en la vida, Isabel González Sauto, quien me dio el impulso definitivo para terminar lo que  llamas obra monumental. Algunos han dicho que un hombre solo no podía hacer una obra como esta. Pero se hizo. Entonces, ¿se podía o no se podía? Lo que quieren decir en realidad es que las limitaciones que pudiera tener —que toda obra las tiene— son debido a eso. En ese sentido puede que tengan razón, pues abarcarlo todo, ni un hombre,  ni un equipo, ni una institución solos lo pueden. Tal vez faltaría o sobraría menos. Pero el rigor, la seriedad, la sistematicidad, las fuentes consultadas, y lo acertado de análisis o valoraciones, no son factores cuantificables, son factores cualitativos solamente imputables al carácter científico del investigador-músico que en este caso son una misma persona, aunque, por azares del destino no haya podido graduarme en ninguna universidad, pero que gracias a eso mismo, nuestro proceso revolucionario me dio la oportunidad de formarme junto a él y a la par de él. Soy un autodidacta y un graduado de la universidad de la Revolución cubana, que nunca me ha exigido un título para solicitar mi concurso, aunque hay quienes piensan que solo los conocimientos certificados tienen valor. Y lo que se sabe, se sabe, simplemente.

 Portada del Libro Música popular cubanaEn su bibliografía aparecen títulos dedicados a figuras emblemáticas de la música popular y “culta”. ¿Qué lo ha motivado a estudiar tan amplio espectro?

 La necesidad de llenar vacíos existentes en cuanto al conocimiento de figuras nacionales y extranjeras y pensando sobre todo en los estudiantes, me llevaron a abordar el estudio de personalidades en todos los campos de la música, incluyendo a figuras tan apasionantes como el brasileño Heitor Villalobos. La música es una sola y no comparto el eslogan de quienes dicen que existen la buena y la mala. Para mí la que cuenta es la buena. Por eso me he dedicado a toda la música, pues toda me interesa.

 Hablemos de su labor como editor de libros de  arte y, en especial, de música. ¿Cuáles son los presupuestos que sustentan el oficio de editor de libros especializados?

 El 30 de octubre de este 2019 cumplo 50 años de haber ingresado al Instituto del Libro. Todos los he dedicado al tema de tu pregunta. En realidad soy el fundador de las ediciones de libros de arte (pintura, arquitectura, ballet, música) que fueron, hasta el año de mi primera jubilación, el centro de mi vida profesional, dirigiendo un equipo de editores, de los mejores de esa institución. El primer libro que publiqué fue el Diccionario Oxford de la música que fue un invaluable aporte al conocimiento de la música universal. Después publique libros técnicos de armonía, contrapunto, orquestación, historia de la música, biografías de músicos y todo aquello en el campo del arte que pudiera constituir una necesidad de estudiantes, profesores, periodistas y toda persona medianamente culta que necesitara toda esta información. Se comprende que el trabajo ha sido arduo y apasionante, solo así se puede haber dedicado tantos años a una misma labor.

 Su labor como editor, ¿ha enriquecido o entorpecido su obra investigativa?

 Puedo decir sin duda alguna que mi trabajo como editor ha enriquecido mi obra. El editor debe ser un apasionado lector, un eterno curioso y esa curiosidad se revierte no solo en la investigación, sino también en la búsqueda de los libros que se deben publicar y, sobre todo, en el estímulo que hay que dar a los autores. Ese intercambio entre el editor y el autor,  la consulta de las fuentes, todo eso se revierte en la investigación y se plasma en la obra final. Para un investigador es una suerte ser editor si de verdad siente la cultura como una necesidad vital. No hay hombre culto sin lecturas.

 ¿Qué otros temas o figuras de la música le interesaría estudiar en el futuro?

 Figuras ya no pienso estudiar ninguna más. Sí tengo el propósito de escribir digamos un último libro sobre la historia de la música popular cubana. Estoy trabajando ahora en un testimonio que me dio Harold Gramatges y en un libro sobre las polémicas musicales de los años cuarenta y cincuenta.

 ¿Cómo valoraría su obra? ¿Cuáles serían sus luces y sus sombras?

 De todas tus preguntas, esta es la más difícil. Autovalorarla. Cómo definir mi obra. Cuáles son sus luces y sombras. Esas son preguntas que realmente son para la crítica. Sí te puedo decir que no me arrepiento de nada de lo que he escrito. Solo que me hubiera gustado, por supuesto, haberlo hecho mejor. Si me guío por la repercusión que ha tenido mi obra mayor, incluso el éxito de mi diccionario, esto bastaría para sentirme feliz, pero yo soy un crítico de mí mismo, a veces más severo de lo que mucha gente piensa y te confieso que no me alcanza la vanidad para ser vanidoso. Me satisface, sin embargo, cuando alguien me dice lo útil para sus estudios que le ha sido mi obra. Y la crítica suprema es la de los que te copian y no te citan.



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