
El oropel de la música popular contemporánea ─principalmente la que se guarece bajo el "paraguas" generalizador de ritmos urbanos latinos─ tiende a obnubilar a los receptores, bajo los efectos de toda la parafernalia mediática de que se acompaña.
De ahí que cada reflexión serena y conocedora del tema, atraiga la atención de quienes ansían encontrar un antídoto contra el mal gusto y la chabacanería.
Esa inquietud compulsó al periodista Esteban Linés a interesarse por el parecer del cantautor cubano Pablo Milanés, en una entrevista publicada recientemente en el diario La Vanguardia, de Barcelona, España.
«Es una música que no educa para nada», opinó el autor de "Yolanda" y otras páginas del cancionero cubano y latinoamericano. El compositor que hace más de medio siglo descubrió el secreto de escribir canciones eternas, piensa que «…hay un atraso en la música popular otra vez que hay que recuperarla».
Resulta obligado detenerse a respirar profundo; para que el peso de un criterio de tanto peso no nos asfixie de golpe.
En primer término, hay que subrayar que no se trata de toda la música latina, sino de los ritmos urbanos que se expanden en la actualidad con furor, léase trap y el reggaetón, como las dos tendencias que espolean la expansión.
Hay voces que ya manifiestan pavor porque el empoderamiento de estos sonidos amenaza la tradicional hegemonía anglosajona y de la música tradicional de la América hispanoparlante en la escena moderna y ─sobre todo─ en el mercado.
El asunto tiene mayor hondura y su impacto no debe medirse en términos monetarios, sino en daño socio-cultural: pérdidas de autoctonía, fisuras en la identidad continental, promoción de antivalores, entre otros desgarramientos.
«En la música latina actual, no hay nada que valga la pena. Ninguna de estas canciones tan de moda tiene algo que se pueda calificar de bueno», valora Pablo Milanés. El veterano cantautor cubano pone los puntos sobre las íes al decir: «Y esto se debe al comercio, al dinero que se impone en todas las facetas de la vida a escala planetaria».
El fundador, junto otros notables trovadores, del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC y el llamado Movimiento de la Nueva trova, considera que el mundo de la música está viviendo «un ciclo horrible». Su impresión en cambio, no es pesimista ni derrotista. Sabe que aunque «fatal», esta es definitivamente pasajera, por lo que recomienda esperar «… porque contra las transnacionales y el mal gusto impuesto por el dinero no se puede luchar de momento».