
¿Quién no conoce en Cuba la guaracha El platanal de Bartolo?
Sea en la voz del mítico Ibrahím Ferrer o en la versión de cualquier otro intérprete, esta célebre composición es uno de los numerosos prodigios musicales de la Orquesta santiaguera “Chepín Chovén”.
Pocos saben que su autor es el santiaguero Electo Rosell, Chepín, una figura imprescindible de la música popular cubana. Quiso la buena providencia allá por el 1930 unirlo al pianista Bernardo Chauvin Villalón conocido artísticamente como Chovén; después de algunas andanzas en busca de compañeros, variaciones de formatos y aventuras melodiosas en el jazz se consolidaron como agrupación bailable.
Manuel Licea (Puntillita), Isidro Correa, Roberto Nápoles y Carlos Quintana fueron estrellas de esa constelación compuesta por contrabajo, violín, trompeta, piano, dos saxos altos, percusión cubana y voces.
No fueron ellos quienes nombraron su grupo, los bautizó para la historia un locutor que en un programa de la Cadena Oriental de Radio los presentó como “Orquesta Chepín Chovén” y así nació un 24 de junio de 1932.
Aquellos mulatos santiagueros inmortalizaron los danzones Bodas de Oro, “Diamante negro” y “Reina Isabel”, hitos dentro de este género musical auténticamente cubano, sus boleros “Murmullo” y “Elba” también constituyen joyas del pentagrama nacional. Gracias a sus giras, grabaciones y un espacio diario en la Cadena Oriental de Radio por más de 25 años, la orquesta Chepín Chovén marcó toda una época en nuestro país.
Lejos del glamour foráneo y la fama improvisada, estos músicos sencillos vivieron, compusieron, interpretaron sus canciones y murieron en su natal Santiago, fieles a sus raíces y a la tradición musical cubana.
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