Nuestro Himno Nacional, patriótico, guerrero, tan unido a la formación de la nacionalidad cubana, como la bandera de la estrella solitaria, se cantó en la manigua redentora a pie o a caballo, como inspiración de los mambises en el fragor de cada batalla, para luego guiar a los revolucionarios que continuaron el camino de la total independencia.
Pero no siempre fue como lo conocemos. Tuvo una modificación significativa al agregársele por el compositor Antonio Rodríguez Ferrer la introducción que hoy lo identifica, ejecutada por primera vez el 20 de diciembre de 1898 en la villa habanera de Guanabacoa, para recibir al general Rafael de Cárdenas y a sus fuerzas del Ejército Libertador.
Al referirse el autor de ese instrumental a su obra, aseguraba que el primer fragmento era totalmente suyo, pero el resto pertenecía a los toques de caballería de los ejércitos de todas las naciones, y ponía como ejemplo las dianas de las caballerías española, prusiana y piamontesa.
Antonio Rodríguez Ferrer nació en La Habana en 1864 y se destacó desde muy joven por sus composiciones para bandas y orquestas, por su forma renovadora de ligar lo tradicional con las nuevas tendencias en sus creaciones, al tiempo que ejerció como director de agrupaciones y profesor de diferentes escuelas de música de fines del siglo XIX y principios del XX.
No obstante la elegancia que la introducción le aporta a nuestro Himno Nacional, algunos especialistas en la época de su surgimiento no estuvieron de acuerdo, para lo que alegaron que ese tipo de composición musical no lo requiere; pero nada impidió que el aporte de Rodríguez Ferrer se uniera a la obra del legendario Perucho Figueredo, para que todos los cubanos podamos cantar orgullosos: ¡Morir por la patria es vivir!
En el siguiente video la versión del Himno Nacional cubano que se cantó por primera vez el 20 de octubre de 1868, interpretado en ésta ocasión por la academia de canto Amigos para Siempre: