
Cuenta la historia que la Catedral de Santiago de Cuba, desde su fundación en 1522 —y gracias a ser, a partir de entonces, escenario para la música religiosa del culto cristiano—, conformó un valioso archivo, en que se atesoran documentos de incalculable valor, que permiten estudiar la génesis de esta manifestación artística en la mayor de Las Antillas.
El resultado de las investigaciones que las musicólogas Miriam Escudero, Claudia Fallarero, Franchesca Perdigón, Iránea Silva y Liliam Pérez han llevado a cabo en tan relevante fuente documental, ha permitido la publicación del volumen titulado Músicos de la Catedral de Santiago de Cuba, siglos XVI-XIX (Ediciones Caserón, UNEAC, Santiago de Cuba, 296 pp).
Como es fácil advertir por su propio título, en esta investigación se profundiza en la huella de cinco compositores —Esteban Salas, Juan París, Cratilio Guerra Sardá, Laureano Fuentes Matons y Rodolfo Hernández Soleliac—, quienes, entre los siglos XVI y XIX, crearon una obra de indudable trascendencia, atesorada en los archivos de la sede catedralicia santiaguera.
Las autoras han logrado, a partir del análisis de los documentos conservados, un acercamiento no solo al legado de cada uno de los compositores estudiados, sino también al propio significado del archivo de la Catedral de Santiago de Cuba en el contexto de la historia y la cultura de la Cuba colonial.
La doctora Olga Portuondo Zúñiga, Historiadora de la Ciudad de Santiago de Cuba, en el texto que presenta Músicos de la Catedral de Santiago de Cuba, siglos XVI-XIX, reflexiona al respecto:
Por la lectura de las investigaciones hechas a diez manos, recogidas en este libro, se deduce el papel desempeñado por la primigenia institución eclesiástica en la musicalidad de la ciudad de Santiago de Cuba y su contribución a la educación armónica y a la original cadencia de instrumentistas y compositores.
(...)
El conjunto de ensayos del libro (...) es fruto de las investigaciones entrelazadas de cinco jóvenes musicólogas para ofrecer una memoria de la capilla de música de la Catedral de Santiago de Cuba y de sus maestros en los cuatro siglo de dominación del Imperio español, dignidad ganada por su desempeño en la educación técnica y de estilos artísticos entre intérpretes y compositores de origen criollo, a contrapelo de las proposiciones peninsulares. Ella contribuyó a la afirmación de una identidad propia, proyectada con pujanza desde fines del siglo XIX y extendida por todo el siglo XX republicano para la forja de un patrimonio artístico pleno de motivos, melodías y ritmos.
Músicos de la Catedral de Santiago de Cuba, siglos XVI-XIX integra un proyecto investigativo, coordinado por Miriam Escudero, que, bajo el título “El patrimonio histórico-musical conservado en las Catedrales e Iglesias de Cuba”, auspician la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, el Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana y la Universidad de Valladolid, en España.
Son varios los méritos que afloran a través de las páginas de Músicos de la Catedral de Santiago de Cuba, siglos XVI-XIX. Quizás el más representativo, el de mayor alcance y permanencia, sea el contribuir a complementar y enriquecer, tanto los estudios relacionados con el patrimonio musical de la isla, como las investigaciones sobre la propia identidad de la nación cubana.