
Martha Jean Claude fue la gran dama de la canción haitiana, quien durante más de cincuenta años difundió el arte y el patrimonio cultural de ese país por todo el mundo.
Llegó de esa hermana nación a Cuba a mediados de la centuria anterior y desde entonces mezcló su hermosa voz, su vitalidad de mujer sencilla y apasionada a las voces, las guitarras y tambores de artistas cubanos, que la reconocieron en su justa dimensión como defensora de su cultura y de la nuestra.
La catedral de su natal Puerto Príncipe fue el escenario que le permitió aprender a cantar a aquella avecilla rebelde que nunca dejó de soñar y luchar por cambiar el drama de su querido Haití por un mundo de paz y equidad social.
Mamita o La hija de dos Islas, como se le conoció a Martha Jean Claude, en 1967, con motivo del Encuentro de la Canción Protesta organizado por la Casa de las Américas, declaró que el evento le había ofrecido la posibilidad de mostrar en qué medida los lamentos de su pueblo podían considerarse, desde siempre, como verdaderas protestas de la gente por sus tristezas.
Dos décadas después, en 1986, fue escogida para asumir el concierto inaugural del Premio Casa de las Américas, resultó aquel momento inspirador para la poetisa Nancy Morejón, quien escribió que las leyendas, los mitos, la sabiduría nacidos de la garganta de la fabulosa caribeña dejaron en nosotros la esperanza de concebir y desear que la Revolución en Haití sea una necesidad total.
Martha Jean Claude fue hija adoptiva de Cuba, donde desplegó una intensa labor como cantante y compositora; planeó sus giras nacionales e internacionales e irradió energía y nobleza, como una cubana más, en las buenas y en las malas.
Aquí nacieron sus hijos, marcados por el talento musical y aquí falleció el 14 de noviembre del año 2001 «la gran mujer de piel nocturna, con su risa de espuma en pleno Mar Caribe», al decir de Nancy Morejón.