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Marta Campos en su cuerda

Fecha de Publicación: 2018-06-15 09:19:15


Marta Campos

Entrevistar a Marta Campos es practicar el placer del desenfado y la alegría. Para quien la haya visto desgranar en escena toques de tambor, amores, besos, sueños y danzas despertando como traviesos duendes, todo eso desde lo profundo del cuerpo de mujer de su guitarra, no será difícil imaginarla entonces como entrevistada.

En esta mañana de diciembre, además de las preguntas que traigo para dispararle, ocurren también el saludo familiar de una vecina; un par de llamadas telefónicas que aparecen en pleno cuestionario; un aviso de mandados que han llegado, o que han traído a la esquina habitual de las compras; cierto pregón de cualquiera de los vendedores del día y hasta una amenaza de apagón que nos mantiene en vilo todo el tiempo de la grabación y que por fortuna nunca aparece. De todos los escollos anteriores, Marta salió airosa. 

A pesar de todos estos ruidos reales y virtuales, ninguno logra apagar el brillo de mi entrevistada que entonces regresa nuevamente a la pregunta que queda colgada, a la frase interrumpida, y continúa su idea. Marta es un sonar seguido e inquieto de melodías; una constante nota vibrando y siempre, al inicio y al final de cada acorde dicho, de cada palabra, una inmensa sonrisa.

Como ocurre en muchas de sus canciones, Marta Campos parece siempre presa de la algarabía y la contentura. Incluso, cuando reflexiona, cuando hace un serio paréntesis en su reír, después de echar al aire su pensamiento, siempre aparece un gesto, un cambiar de posición en la silla desde donde escucha, un cruzar o descruzar la pierna y nuevamente una sonrisa espera la próxima pregunta. Para los que la conocemos fuera de la escena, es ya común esa energía de alegre y saltarín resorte que la caracteriza a la hora de tocar (ese sello, ese “en mi cuerda”, como gusta de decir cuando se refiere a su estilo) a la hora de conversar y también, descubro ahora, al momento de contestar una entrevista.

Posiblemente algún poco del siempre movido mar cubano, algo de la dulzura de cualquiera de nuestras frutas y todo el latir del ritmo que desde la naturaleza y la magia nos llega y nos hace vivir a quienes navegamos esta isla de Cuba, se amalgaman dentro de sus venas en perenne correr de río. Y luego se van escapando, poco a poco, en cada una de esas canciones que echa de vez en vez a la vida; ya sea desde el alma de la inspiración, o desde sus manos y su voz cuando canta a otros autores.

Pero no es solo ligera alegría esta esbelta criolla: Un “mujerón”, como me contara una vez que le escuchó decir a una espectadora en España, asombrada al verla pararse guitarra en ristre sobre la escena al final de un concierto; hallazgo que provocó que desde entonces prefiera tocar y cantar de pie. Esta cubana color café con leche, junto con su labor como profesora de Guitarra, graduada del Conservatorio Amadeo Roldán, con los ya plurales discos en los que ha participado en colectivo y con su obra como solista, es una de las buenas trovadoras cubanas. Además de un sinnúmero de presentaciones en la Isla, Marta también ha paseado su obra por no pocos escenarios foráneos. Así pues, no debía faltar su voz en esta suerte de concierto sobre esa parte de la trova cubana firmada por nombres de mujer.

¿Cuándo te empiezas a sentir trovadora?

Pienso que la palabra trovador tiene un bagaje muy grande. Me parece que desde que tú tienes la intención de tener una guitarra en tu mano, eso te va marcando. A mí me pasó de pequeña; yo hice como una especie de guitarra bajo, de palo y todo eso. Eso no se me olvida pero eran cosas de niña. Después tuve la oportunidad de estudiar en el Conservatorio; pero mi mamá quería que yo me presentara por piano. Por supuesto que al llegar a la escuela cambié para la guitarra, aunque los dos o tres años de piano que estudié con profesores particulares me han servido de mucho. Creo que desde pequeña sentía esa inclinación por pararme a hacer cosas con una guitarra. Aunque no supiera si lo que iba a hacer era trova o rock o un guaguancó o una rumba.

¿Cuándo descubriste que era la trova lo que te halaba?

Mientras estudiaba en el Conservatorio me fui identificando con el movimiento musical que había. Son los años del 68 o el 69 y en la escuela ya se oía hablar de Silvio, de Pablo, de los trovadores en general. Y mi generación, te hablo de un grupo de gente que estudiamos juntos aunque no necesariamente en el mismo año como son Edesio Alejandro, Argelia Fragoso, por ejemplo... pues ese grupo empezó a beber por ahí, a identificarnos con esa música. Incluso te hago la anécdota de que Edesio hizo un grupo de música latinoamericana, al aire de los de aquella época como Manguaré, Moncada... Y hasta cantamos temas de Víctor Jara, de Mercedes Sosa, de varios autores.

¿Empezaste a componer por entonces?

Quizás un poco antes. Lo que pasa que esas canciones... ¡para qué hablarte! Eran parecidas a las de todo el mundo. Pero sí, empecé a hacer algo.

¿Sentías en esos tiempos alguna relación con las mujeres trovadoras que te antecedieron?

Yo me sentía muy identificada con el filin. Cuando yo empecé, la cercanía mayor estaba con Silvio y con Pablo. En el momento en que ya tengo un conocimiento un poco más profundo de lo que es la canción y demás, me siento con más aproximación hacia Miriam Ramos y luego con Marta Valdés. Yo me sentía muy filinera. Después sobre la marcha uno se va ubicando en su cuerda.

¿Cuándo te incorporas al Movimiento de la Nueva Trova?

Te hago la historia. Cuando me gradúo del Conservatorio me mandan a Sancti Spíritus a cumplir mi servicio social. Allí estaba Rafael Guedes, director de Mayohuacán, también dando clases, que era lo que yo iba a hacer. Cuando llego, Guedes se va y me empiezo a identificar con los trovadores de allí y termino siendo la presidenta del Movimiento allí.

Alrededor del año 78 ingreso al Movimiento de la Nueva Trova; me mantengo dando clases y además cantaba sola, acompañaba... Mi trabajo real era impartir clases y lo demás, esa parte artística de ser trovadora, era un poco musical, como se dice.

En el año 1982, en uno de aquellos Festivales de Varadero, se dedicó todo aquello a la Nueva Trova. Ese año se presenta a una generación. Se grabó un disco, Para germinar, que se hizo en un solo día. Entramos al estudio a grabar las nueve de la mañana y salimos al otro día. Y fuimos, Santiago Feliú, Xiomara Laugart, embarazada y con un pipote enorme, Anabell López, Donato Poveda, Alberto Tosca y Marta Campos. No sé por qué me han puesto un poco más para atrás.

Pues públicamente asumo, y aprovecho y rectifico, que en mi ensayo sobre las generaciones te ubiqué en el grupo anterior.

Es que me pasa que me ubican antes, en el tiempo de Juan Carlos Pérez, Ireno García, ese grupo al que le dicen el pan con croqueta. En ese disco que te digo, yo grabé un tema con Frank Fernández y otro con Gonzalo Rubalcaba y su grupo. Vamos, que me da lo mismo ser de una generación que de otra, pues Ireno es mi socio, Juan Carlos es un trovador buenísimo y mi socio también y todos los otros del disco son también mis amigos. Lo que sucede es que hay una prueba: Es esa grabación para presentarnos en ese festival.

Entonces aparece el dúo con José Antonio Quesada.

Bueno, eso fue un poco después. Hubo un largo tiempo donde me presenté sola con mi guitarra. Iba a los festivales, viajé y todo, hasta que me encuentro a José Antonio, más o menos antes del 1988. Enseguida que lo oí, José me despertó un interés grandísimo. Hicimos una gran amistad.

Y en 1988 nos invitan a los dos a una gira por México. Así que nos preparamos para hacer cosas a dúo. Montamos entre los dos varios temas que tuvieran que ver, armamos un concierto entre los dos y así se hizo. Y nos salió muy bien toda la gira y las presentaciones por allá. Al regresar lo pensamos mejor y decidimos seguir juntos. Ya sabes que yo no cojo lucha con nada, me pareció muy bien y le dije que sí, que siguiéramos los dos. José Antonio es muy buen compositor, me ayudó mucho y estuvimos juntos seis años. En 1994 él decide quedarse a trabajar en España y yo decido regresar. Esa es la historia.

Por lo general las mujeres siempre han sido las destinatarias de una buena parte de las canciones trovadorescas. ¿Cómo es el paso desde sentirse mujer reflejada en la canción, a ser mujer creadora de canciones?

Es muy lindo escuchar canciones como "Longina", como "Yolanda", como muchas otras. Es posible que haya alguna diferencia entre verme reflejada y después componer. Pero una canción antiquísima como "Longina" me encanta; me encanta oírla; me encanta su texto; tiene que ver conmigo. Es algo bellísimo, realmente. Ahora, después de eso pasar a hacer canciones es distinto.

Yo creo que la trova femenina, aunque no sé si decirle femenina pero bueno, esa trova parte un poco de esa primera ubicación que nos dan a nosotras. Parte de ese lirismo, de ese amor. Pero ya lo hagamos hacia un hombre, hacia una madre o un padre, pienso que sale de ese nacimiento.

Personalmente siempre he preferido la canción de amor. Pero es que cada cual está en su cuerda. A veces sentía la necesidad de sacar fuera ese lirismo. Y lo sacaba, pero que va, creo que no lo logro como otros trovadores. La canción tiene que tener su lirismo, su poesía, pero a mí me salía muy duro.

Hubo un momento que en el 81 hacemos una gira al extranjero, mi primera gira al extranjero, a Nicaragua. Fuimos Noel Nicola, Santiago Feliú, Donato Poveda y yo. Fue realmente muy bonito y me marcó mucho. A mí Nicaragua me marcó mucho. Ni sé cuántas canciones le hice a Nicaragua. Luego he ido infinidad de veces más. Pero vivir esa conmoción, los primeros años del sandinismo, uno que estaba más joven... Eso fue importantísimo para mí y ese lirismo del que te hablaba entonces se me hizo grande.

¿Cuando me dices ese término de trova femenina, es tan solo un modo de nombrarla, no una marca, ni un modo de separarla o calificarla, verdad?

No, no, es solo un modo de decirle. Creo que las trovadoras tenemos ahora un momento importante dentro de la canción cubana. Ya no somos dos o tres. Y hay varios trabajos individuales  y en colectivo que prueban esto que te digo.

¿Y te parece que hay diferencias con respecto a los trovadores del sexo masculino, a la hora de componer?

Me parece que si hay alguna diferencia puede estar en la forma de abordar los temas. Porque ahora mismo, en el momento que vivimos, yo le puedo hacer una canción lo mismo a un hombre que a una mujer. Este mundo es muy grande.

Pero me refiero más al enfoque. Me refiero al cómo sienten ustedes la canción y cómo la pueden sentir los trovadores a la hora de crearla.

Mira, si hay alguna diferencia es mínima. Si hablamos de fuerza, hay trovadoras con mucha fuerza. Hay una compositora como Yusa que va adelante como un tren; yo toco una rumba y soy un poco más enérgica; la misma Sara, a la hora de interpretar... creo que son buenos ejemplos. Así que no creo que haya esa diferencia tan marcada de una trova femenina.

Y si hablamos de suavidad o ternura, tampoco hay diferencias. Hay trovadores tan tiernos que se pueden parar al lado de cualquiera. Te puedo mencionar a Dieguito Gutiérrez, para hablarte de los más jóvenes; pero igual añade al propio Pablo Milanés que tiene una ternura impresionante en sus canciones; a Leonardo García; a un Ariel Díaz... son varios. Y volviendo a lo de la fuerza, te encuentras a un Diego Cano o a un Samuel Águila que no hay quien los pare en un escenario y que tienen su ternura a su modo también. Y eso mismo lo vas a encontrar en las mujeres. Las vas a encontrar muy tiernas y muy fuertes. Si hay diferencias, te repito, deben ser mínimas.

Algunos años atrás podría haber pensado que la trova femenina era diferente a la masculina. Pero hemos caminado un poco más. Como he vivido y estoy viviendo tan cerca el fenómeno trovadoresco y he tenido oportunidad de compartir con tanta gente y de poder comparar, pues yo no veo la diferencia. En este momento yo no la veo.

¿Cómo te ha ido en el medio trovadoresco, que ha sido predominantemente masculino?

Me sentía muy bien. Lo mismo me decían piropos que me cogían para el trajín y luego me decían muchas cosas bonitas. Me cuidaban. Y hasta aprendí mucho; aprendí mucho de los trovadores. Nunca me he sentido anulada ni mucho menos; todo lo contrario. Y aprendí a oír más a las trovadoras. Ahora me siento con más capacidad para oírlas a todas.

Te quiero hacer una pregunta en dos vertientes. Tú eres profesora de guitarra y además eres trovadora. Entonces ¿qué es para ti la guitarra?

Es lo más grande que me ha podido pasar en mi vida, increíblemente: Tocar la guitarra. Mis amistades me dicen que yo trabajo mucho, pero yo necesito tocar la guitarra. Me encanta pararme ante un público con mi guitarra; que me vean esa imagen de la mujer trovadora. He tenido amplísimas oportunidades de trabajar con grupos pero me siento muy rara. No niego que son experiencias muy lindas pero cada cual busca su personalidad y su proyección artística. Y la mía es con la guitarra: La veo como una parte inseparable de mí. Además la disfruto, la gozo. Y me han hecho críticas tan lindas sobre eso...

¿Te han mencionado tu manera de tocar?

Sí, cómo no. Me han dicho que si la toco desenfadadamente, que si la toco bien... y cuando me dicen eso me dan ganas de decir, mira, si la toco mal me tengo que rayar un tiro en medio de la cabeza. Porque, bueno, yo la estudié, yo soy una académica y tengo elementos para abordar mejor la guitarra. Por ejemplo: Eso que yo hago en la guitarra de tocar la rumba, mi tumbatarra como yo le digo, eso no es un invento mío. Eso viene de la escuela cubana de guitarra; que Isaac Nicola la creó y que luego Leo Brouwer le dio el puntillazo.

¿Y en la parte de la enseñanza?

Bueno, estuve dando clases hasta hace muy tiempo pero ahora tengo más trabajo, más compromisos, y no me era posible seguir. Pero la enseñanza me ha aportado un gran disfrute: Enseñarle mis canciones a mis alumnos, saber qué van a dar después. Me alegra mucho ver a mis alumnos como me superan; eso me hace muy feliz. Ver cómo han asimilado toda una enseñanza; verlos en un escenario; ver como reconocen en público lo que una les pudo aportar como profesora: Eso es una verdadera alegría, un orgullo tremendo. No sé, es ver a una Yusa que ya lo hace mejor que yo y que siempre recuerda un agradecimiento a su profe... Eso me enorgullece.

Me gustaría saber tu definición acerca de estas trovadoras que te voy a mencionar. Primeramente: María Teresa Vera.

Siempre le digo a una amiga mía, Gloria Rolando que es directora de cine, que cuando vaya a hacer la película de María Teresa Vera yo quisiera ser la protagonista. Me pongo unas gafitas y salgo y lo hago. Me encantaría.

Esa es una trovadora a la que respeto y admiro muchísimo. Hubiera querido ser como ella. Estamos en otro momento, pero si fuera esa época agarraba la guitarra y me iba a un bar a cantar también. Ella es una de las compositoras más grandes que ha dado la música cubana.

Seguimos: Marta Valdés...

La señora Marta Valdés es la disciplina, es el rigor artístico musical, es el respeto por la obra de todo el mundo. Muy exigente, que eso en Marta es maravilloso. Te digo que yo sólo he cantado a Marta en descargas y no me he atrevido a hacerlo en público. Yo hago mis versiones y tengo el temor de que no le guste, aunque hemos compartido juntas y demás; pero a ella sólo le canto mis temas.

Creo que Marta es muy grande y si quisiera interpretarla tendría que estudiarla profundamente pues ella es una compositora que dice mucho en texto, pero además en la armonía, en la música. La he cantado en descargas pero a mi manera, que si me ve a lo mejor me mata. Pero me gustaría hacer alguna vez un trabajo serio sobre su obra. Lo que pasa es que hay que oírla; hay que estudiarla, para mantener ese respeto.

Teresita Fernández...

La frescura. Y te digo que todo el mundo encasilla a Tere en las canciones infantiles, pero tiene canciones de amor preciosas. Ella es una trovadora. Esa es una trovadora, porque, como María Teresa, a la hora de imponerse con su guitarra, tiene una fuerza increíble en sus canciones, en su misma proyección; a la hora de proyectarse artísticamente es muy fuerte en ese sentido de trovadora. Es ese saber que İaquí hay una mujer con guitarra y voy a decir lo que siento! El espejo de Tere para mí ha sido maravilloso.

Miriam Ramos...

Es un estilo que al principio yo seguí. Para ella, todo mi respeto. Es alguien con un nivel de profesionalismo que hace mucha falta dentro de la trova, porque a veces nos tiramos un poco a la calle del medio. Miriam es el detalle, es el ejemplo para todas nosotras de esa artista estudiosa de lo que va a hacer. Yo admiro mucho a Miriam a la hora de proyectarse, aunque su imagen no sea ya tan cercana a la trovadora por lo de la guitarra y demás. Pero dentro de la trova, ella es el cuidado, el detalle, el estudio del espectáculo que va a hacer. No se sube a un escenario así como así, sino que lo estudia y si cree que sí, sube, si cree que no, pues no lo hace. Y eso es muy aplaudible. Y además es una intérprete de la canción cubana. Sea de la Nueva Trova, de la vieja, del filin, del bolero... Es increíble.  

Sara González...

¡Madre mía! Una hermana. Es una de las cosas más grandes que me han pasado en la vida. Nos llevamos unos pocos años. Y yo la veo como una gran madre. Si ahora estuviera aquí me gritaría y diría ¡qué coño madre de qué...! Te digo es como una hermana mayor; como una madre, porque te aconseja, te sabe guiar. Tú no sabes lo que Sara me ha ayudado a mí en mi carrera. Ella me ha dado y me sigue dando mucho ánimo y mucha fuerza. Siempre me está refrescando el repertorio; siempre me está buscando temas que tengan que ver conmigo. De todo lo que me ha pasado en mi vida, lo mejor es haber conocido a Sara González y tenerla como una de mis mejores amigas.

¿Por qué crees que se logrado sumar este número de trovadoras que ahora hay?

No sé si estábamos dormidas o yo qué sé. Pienso que estábamos, lo que estábamos dispersas. Y ahora nos hemos unido mucho. Lo de trabajar juntas, hacer espectáculos juntas, giras, en fin; eso une mucho. Creo que además nos hemos identificado mucho una con las otras. Las peñas, los conciertos, hacer espectáculos de trovadoras... Todo eso.

¿Me dices entonces qué le han aportado y le aportan las trovadoras a la música cubana?

Quizás han dejado al menos sus huellas de mujer en la trova cubana. La huella de ser mujer y hacer canciones con la guitarra. Y si hablamos de aportar hay que mirar dentro de la canción, dentro de la interpretación, dentro de la misma creación y a la hora de proyectarnos. Hay todo un fenómeno artístico que han dejado las trovadoras; cada cual en su cuerda. Puedes darte cuenta de que somos muchas pero a la vez somos muy diferentes todas; en esa variedad están los aportes a la trova y a la cultura cubana.

¿Cómo evaluarías el momento actual de las trovadoras cubanas?

Maravilloso. Ninguna de nosotras nos parecemos; nos respetamos mucho nuestras obras y cada una aporta su forma de decir; su forma de hacer la canción. En la canción trovadoresca femenina hay un momento ideal en este instante.

¿Entonces, acerca del futuro...?

Tenemos que ponernos para la búsqueda. Hay que ir a las provincias, a las peñas; hay que ir a descubrir gente, porque las hay y hay también trovadoras. Ya he visto dos o tres trovadoras bien jovencitas que son impresionantes. El relevo está sonando ya, lo que hay es que ir a buscarlo y no dejar que se pierda.
 

NOTA: Esta entrevista aparece recogida en el libro Trovadoras, publicado por la Editorial Oriente en el año 2008

En video: Marta Campos interpreta "Ella y yo"



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