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María Teresa Vera: un pedazo del alma cubana

Fecha de Publicación: 2018-06-15 09:01:32


Maria Teresa Vera

Transcurrían los últimos años del siglo XIX, cuando Rita Vera, natural de Los Palacios, negra liberta de ascendencia yoruba y cuyos antepasados sí habían sufrido la esclavitud en carne propia, ya embarazada y con un hijo de cuatro años, se comprometió con Urbano González, militar asturiano de servicio en la Isla. De esta unión fue fruto María Teresa Amalia Vera Vera, hija natural  ˗el padre no pudo reconocerla˗ nacida el 6 de febrero de 1895, en Guanajay, que por entonces pertenecía a la provincia de Pinar del Río.

Antes de radicarse definitivamente en La Habana, donde vino con Rita y Pablo Virgilio, su medio hermano, María Teresa vivió su primera infancia en el seno de una familia acomodada de Guanajay, los Aramburu, donde su madre trabajaba como cocinera. Los miembros de aquella familia, ilustrados todos, le enseñaron las primeras letras, al tiempo que la niña asistía a una escuelita privada de la localidad. Son estas las pocas referencias que poseemos en cuanto a su nivel de instrucción, aunque se aduce que, ya adulta estudió algo de Teoría y Solfeo. Muy pronto, María Teresa mostró inclinación por el canto, lo cual, según sus sobrinas Delia y Rita María Vera, Moña, heredó del padre3. A los cinco años, los Aramburu le tocaban el piano y ella cantaba.

A principios del siglo XX, al llegar a la capital de la República, la madre y sus dos hijos vivieron en varios lugares hasta lograr instalarse por un mayor tiempo en el solar La Maravilla, San Lázaro 201, entre Lealtad y Escobar. En ese contexto popular iría forjándose la personalidad de María Teresa Vera.

Sus sobrinas me contaron que, por entonces, siendo todavía muy pequeña, asistió a una escuela de monjas donde le enseñaron a bordar a punto de cruz, y a zurcir, pero que, a la hora en que las demás niñas rezaban, María Teresa se dedicaba a cantar.

Graciano Gómez (1895-1980) me reveló que María Teresa Vera había empezado a cantar y a aprender la guitarra con José Díaz, El Negro, tabaquero y guitarrista. Más tarde, Manuel Corona (1880-1950) y Patricio Ballagas (1879-1920) también fueron sus maestros. Al paso de los años, forjada definitivamente su recia y singular personalidad artística, las canciones de estos tres grandes de la trova tradicional cubana (Corona, Gómez y Ballagas), serían parte esencial del inmenso repertorio de María Teresa Vera, ese que desplegó, tanto en sus interpretaciones en vivo ˗estaciones de radio, cines, teatros, tabaquerías, hospitales, logias, solares, parques, La Cabaña, La Tropical, entre otras˗  como en grabaciones (placas y discos) que legara a la posteridad.

Debutó en un homenaje dedicado a Arquímedes Pous, en el Politeama Grande. La noche del 18 de mayo de 1911 la juvenil, fresca, clara, dulce voz de María Teresa, al cantar "Mercedes", criolla de Manuel Corona, llenó todo el ámbito del teatro situado en la Manzana de Gómez.

Hasta aquel momento ˗punto de giro en su destino personal˗  María Teresa solamente había cantado en la intimidad de fiestecitas familiares, nunca en un escenario, más, al presentarse con su guitarra como una espada, frente al exigente público que paga por escuchar lo que quiere; dueña  de sus facultades, allí ante la vista de todos, nació la profesional que siempre fue, durante cincuenta años, en cualquier contexto, es decir toda una vida dedicada a expresar, con sus canciones, las de otros y propias, lo mejor y más auténtico de la música tradicional cubana.

Si bien María Teresa  tomó partido por él y fue incondicional de Manuel Corona, en el universo sonoro en el que siempre se movió, hubo, asimismo, infinidad de canciones, en diversos géneros, de José, Pepe, Sánchez, Sindo Garay, Alberto Villalón, Eliseo Grenet, Oscar Hernández, Miguel Matamoros, Jaime Prats, Ignacio Piñeiro, Gonzalo Roig, Rafael Zaqueira, Miguelito García, Lily Batet y otros. Conocía al dedillo estos autores y sus obras. Dotada de especial y natural talento, ese que Salamanca no presta, número que le enseñaran y cantaran una o dos veces, bastaba para que se adueñara de él, más no de forma mecánica al interpretarlo, ella lo hacía más grande. Y sus canciones, todas y en cualquier género, tenían como común denominador la cubanía.

Transcurrido cierto tiempo después de su debut, exactamente en 1914, se dio a conocer, además, como autora. Aquel año compuso, con texto de Enma Núñez Valdivia, el bambuco "Esta vez tocó perder". Este género colombiano adquirió entre nosotros acento de cubanidad. Todo parece indicar que su época de esplendor se enmarca entre 1910 y 1930.

Según obra en el catálogo de su obra, María Teresa compuso otro bambuco, "Cara a cara" (1939), pero esta vez con texto de González Ramos. Por otra parte, es interesante destacar que si bien, en tanto intérprete, ella había surgido a la vida de las estrías fonográficas, contratada por la Víctor, con la canción "Gela", de Rosendo Ruiz, grabó de este mismo autor cinco bambucos para el sello Columbia: "Cuba aliada", "Me parece mentira", "Mi chiquitica", "Patria y honor"; así como "Rosina y Virginia", el más conocido. Los cuatro primeros en compañía de Rafael Zequeira; el último con Higinio, con quien ocasionalmente cantara.

Sin embargo, es oportuno precisar que, de acuerdo con las propias revelaciones de la trovadora, la discografía que he podido compilar y las opiniones ofrecidas por quienes la conocieron bien, Manuel Corona fue el compositor con el cual ella alcanzaría mayor identificación profesional y humana; tanto fue así que todo lo que él componía lo cantaba María Teresa Vera.

Una vez proclamó que haría vivir por siempre las canciones de Corona, en especial su favorita, "Santa Cecilia"¹, la que comenzó a cantar recién compuesta, en 1923.

 María Teresa Vera interpreta "Santa Cecilia"

Si bien a lo largo de toda su carrera María Teresa, como voz prima, formara dúo con los segundos Rafael Zequeira, Miguelito García y Lorenzo Hierrezuelo, también en ocasiones, ella cantaría con Aurelio, Alfredo, Quirino, Martiatu, (El mulatico de Colón), Ramoncito García, Higinio Rodríguez, Tata Villegas y hasta el propio Manuel Corona. Con él, de la inspiración del bardo, grabó, para el sello Columbia: "Año de amor" (guaracha), "Chinita sandunguera" (rumba) y "Santa Cecilia; también las rumbas (anónimas) "Dónde estabas anoche prieta", y "Los viejos de la cumbancha".

En los tiempos en que prevalecían las canciones a dos voces (primo y segundo), María Teresa Vera, siempre muy avispada, formó dúo con Rafael Zequeira, a quien había conocido en Picota y Merced. El dueto, surgido en 1916 y que fuera muy popular, tanto en Cuba, como en el exterior, se mantuvo hasta 1924, fecha en que falleció Zequeira. Juntos hicieron infinidad de grabaciones (guarachas, guarachas-rumbas, boleros, bambucos, criollas, sones, rumbas) para los sellos  Víctor, Columbia y Pathé. En "Eva moderna", bolero de Manuel Corona, tuvieron el acompañamiento de guitarra del propio autor, quien parece haber viajado con María Teresa y Zequeira a Nueva York, en 1922.

Por un corto período, tras la muerte de Zequeira, María Teresa cantaría sola; más tarde, un joven lleno de ambiciones artísticas vino a reemplazarlo. Al respecto, ella expresó que formó dúo con Miguelito García en el mes de marzo de 1925. Juntos grabaron boleros, canciones y rumbas de Rosendo Ruiz, Manuel Corona e Ignacio Piñeiro, entre otros, para la marca de discos Columbia.

Unidos se mantuvieron hasta 1931. En dicho período, Miguelito no solo sería segundo del dúo, sino que devendría, además, cantante sonero del Sexteto Occidente, fundado por la propia María Teresa en 1927. Lo integraban los artistas Miguel García, segundo y guía; Ignacio Piñeiro, contrabajo; Manolo Reynoso, bongosero; Julio Viart, tres, y Francisco Sánchez.

En plena efervescencia del son, el Sexteto Occidente viajó a Nueva York, importante plaza donde hiciera grabaciones no solo para la Columbia, sino también, bajo otras denominaciones, para las compañías Bronswick y Odeón. De Ignacio Piñeiro, uno de los más fecundos compositores de un género definido como Odilio Urfé como «el exponente sonoro más sincrético de la identidad cultural nacional», sería la mayoría de los sones grabados por el sexteto, entre ellos: "Esas no son cubanas".

En su última visita a la Babel de Hierro, el domingo 19 de septiembre de 1926, al frente del Sexteto Occidente y anunciada en el programa como la «Champion de las canciones, boleros, sones y rumbas», María Teresa se presentó en el Teatro Apollo (Calle 125, entre Séptima y Octava avenidas).

A su regreso a La Habana, todavía en pleno furor del son, el Sexteto Occidente actúo en varias academias de baile. Sin embargo, poco después, por imperativos de su religión (la regla de Ocha o santería, el Itá le prohibió que siguiera cantando), María Teresa se retiró del arte, y vendió la agrupación a Ignacio Piñeiro, conocida a partir de entonces como Sexteto Nacional.

Más, en este paréntesis de su carrera, «la cabra siempre tira al monte», María Teresa habrá de volver a incursionar en el terreno de la composición. En alguno de aquellos días, Guillermina Aramburu le dijo: «María Teresa, mira, he hecho una letra, qué te parece». Ella le contestó: «Yo le voy a poner música». Y casi como un milagro, de aquella orgánica fusión de texto y melodía, nacería la inmortal canción que todos conocemos y nos conmueve siempre, la habanera "Veinte años"².

María Teresa Vera y Ezequiel Zequeira interpretan "Veinte años":

Transmitida de generación en generación desde su creación en 1935, esta es la composición más conocida de María Teresa Vera. Forma parte del repertorio de muchos intérpretes, entre ellos: Barbarito Diez, Ela Calvo, y Omara Portuondo, quien la canta en off, en una emotiva y nostálgica escena del filme Lejanía (1985), de Jesús Díaz; también la tararea la propia Omara, al pasear por una calle de su barrio, en Buena Vista Social Club (1999), documental del alemán Win Wenders. María Teresa (1984) y Qué te importa que te ame (2001), documentales cubanos de Oscar Valdés y Sergio Núñez, respectivamente, incorporaron a sus bandas sonoras la conocidísima habanera.

Asimismo, Humberto Solás, en su película Barrio Cuba (2005), coproducción cubano-española, la utiliza en la propia voz de María Teresa Vera, tanto en función dramática, como en sus créditos finales.

En su momento, dado el éxito de Veinte años, no obstante el retiro temporal del mundo artístico de María Teresa, ella fue invitada a cantar en Radio Salas, con el cuarteto de Justa García³, a la sazón muy popular también. En su primera presentación cantó "Longina" y "Santa Cecilia", de Manuel Corona. Inmediatamente las cartas llovieron a la emisora. El público quería saber si aquella cantante era la misma que antes habían escuchado con Zequeira, Miguelito García o el Sexteto Occidente.

Sin embargo, después de actuar, ya no solo en Radio Salas, sino en los cines Cuatro Caminos y Principal del Cerro, en hospitales como Emergencias, Calixto García y Reina Mercedes, también en Partagás y H. Upmann, el Cuarteto de Justa García se disolvió. De él solo quedarían María Teresa y Lorenzo Hierrezuelo, quienes, desde entonces, habrán de formar el famoso dúo que llegara casi hasta nuestros días.

«Yo sigo con usted. No lo abandono, No lo dejaré solo», "me dijo María Teresa Vera, mi compañera de veintisiete años, veintisiete años cantando con esa gloria de Cuba". En estos términos, pleno de orgullo, se expresó Lorenzo Hierrezuelo (ya fallecido), cuando tuve la oportunidad de entrevistarlo.

Fue tal el acoplamiento de sus voces, que no necesitaban ensayar. Se mantuvieron juntos casi hasta los primeros años de la Revolución. Solo en Radio Cadena Suaritos, propiedad d Laureano Suárez, dejaron más de novecientas grabaciones, entre ellas: "Amarga verdad" y "La baracoesa", de Sindo Garay; "Si tú fueras mía" y "Cuando al conjuro", de Graciano Gómez; "Inexorable", de Patricio Ballagas; "Que te ayude Dios", de Rosendo Ruiz; "En alta sociedad", de Ignacio Piñeiro; "Amor carretero", de Nené Enrizo; "Mercedes", de Manuel Corona, y "Alma de roca", de Lily Batet.

En 1945, María Teresa y Lorenzo Hierrezuelo fueron contratados por el Circuito CMQ, Sociedad Anónima, para actuar, diariamente, en el programa Cosas de ayer, donde a ella la presentaban como "La embajadora de la canción de antaño". Dos años después, en 1947, el dúo viajó a Mérida (Yucatán, México) y tuvo éxito en sus presentaciones en los cabarets Los tulipanes y Motembo. Cada noche el famoso torero Manolete iba tras ellos y les pedía una y otra vez que le cantaran "Doble inconciencia", el bolero de Manuel Corona dedicado a la despalilladora Leovigilda Ramírez.

Ya entrados los años cincuenta el dúo de María Teresa y Lorenzo Hierrezuelo actuó en diferentes espacios de la televisión cubana: Jueves de Partagás, Noche cubana, Testigo del misterio (musical, a pesar de su título) y Casino de la alegría. Asimismo, dejó grabado un magnífico long-playing para la marca Kubaney, que contiene, entre otros números, "Nena", de Patricio Ballagas; "Boda negra", de Alberto Villalón, con texto del poeta colombiano Julio Flores, y "Pensamiento", de Rafael Gómez (Teofilito). En los meses de de julio y agosto de 1957, ella compuso tres boleros, de los cuales solo conocemos el texto: "Sufrir y esperar", "Te digo adiós" y "Ya no te quiero". En los finales de aquel decenio el dúo fue contratado para actuar en la emisora Radio Álvarez, situada en San Miguel, número 570.

El triunfo de la Revolución sorprendería a María Teresa todavía en la plenitud de su talento. Una noche de aquellos primeros tiempos se presentó, con su repertorio tradicional, en el anfiteatro de La Habana e incluso, antes de cantar, fue recibida con una impresionante ovación; luego, al actuar, interpretó ocho canciones a petición del público.

En 1960, por su contribución a la difusión del cancionero folklórico nacional, sería declarada Hija Predilecta de Guanajay.

Por entonces, también, gracias al incondicional apoyo de Juan Blanco y la doctora María Teresa Linares, junto a Lorenzo Hierrezuelo, María Teresa Vera comenzaría a colaborar, sistemáticamente, en la radioemisora CMZ del Ministerio d Educación. Se estima que allí dejó grabadas más de quinientas canciones, lo que se dice un verdadero tesoro para el patrimonio musical de la nación cubana.

Paralelamente, durante aquel período al que hacemos referencia, la doctora Linares, después de dictar sus conferencias en centros de trabajo, círculos de cultura, glorietas, parques y locales de la Federación de Mujeres Cubanas, solía presentar al dúo. Una noche, trabajando los tres en Melena del Sur, les llegó la noticia de que dicho municipio se había convertido en el primer territorio libre de analfabetismo en Cuba.

Auspiciados por el Consejo Provincial de Cultura, en el mes de noviembre de 1961, hubo dos conciertos de música típica cubana, que tuvieron por sede el cine-teatro Payret, de La Habana. El primero de ellos abarcó los días 9, 10, 11 y 12; el segundo: 17, 18 y 19. En estas siete jornadas, María Teresa, junto a su compañero Lorenzo Hierrezuelo, interpretó, entre otras composiciones: "Rosa Número 2", de José, Pepe, Sánchez; "Timidez", de Patricio Ballagas, y "La guinda", de Eusebio Delfín. Serían aquellas las últimas actuaciones  de La embajadora de la canción de antaño ante su pueblo, a quien diera lo mejor de su arte. Concluía así la fecunda trayectoria iniciada medio siglo atrás en el Politeama Grande.

Meses después, en 1962, María Teresa, quien tenía entonces sesenta y siete años, sufrió una conmoción cerebral que minó su salud y le impidió retomar el canto y los escenarios. Sin embargo, poco antes, de fallecer, lo que ocurrió el 17 de diciembre de 1965, aún contó con fuerzas para orientar un disco de larga duración de la EGREM, a cargo del Trío Veinte Años (Lorenzo Hierrezuelo, Valeriano Dougherty y Evelio Valdés), con boleros, bambucos y habaneras de su autoría.

NOTAS:

¹ "Santa Cecilia" está inspirada en Cecilia Montero, esposa de un comerciante, y fue inscripta por Manuel Corona, como melopea, el 6 de octubre de 1919.

² "Veinte años" (1935), habanera para voz y piano, con música de María Teresa Vera, texto de Guillermina Aramburu y arreglo de Antonio María Romeu. La partitura, registrada como bolero-son, se halla en el Departamento de Música de la Biblioteca Nacional José Martí.

³ Justa García (1894-1952). Según algunos críticos, la voz segunda más destacada de la trova cubana en todos los tiempos. Fundó su propio cuarteto en la década de los treinta del pasado siglo.



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