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Machito: Padre del jazz latino

Fecha de Publicación: 2019-01-07 09:12:58


Frank Grillo, Machito Frank Grillo, Machito, casi desconocido en su propio país, es el músico cubano que más ha influido en diversas corrientes de la música popular en los Estados Unidos, y su influencia supera en profundidad y permanencia la de figuras tan connotadas como Chano Pozo, Dámaso Pérez Prado, Arsenio Rodríguez o Ernesto Lecuona.

 

Machito, fallecido en Londres en 1984, dirigió durante más de cuarenta años la mejor y más importante orquesta de música cubana (o afroantillana o "latina") en los EE.UU: Machito y sus Afrocubanos. Críticos norteamericanos y europeos, entre ellos Marshall Stearns y Joachim E. Berendt, lo consideran «el Count Basie de la música afro-latina», y el finlandés Pertti Luhtala dice sin reservas: «Machito es el verdadero padre tanto del jazz latino como de la salsa. Durante casi sesenta años ha estado ligado a la música afrocubana en todas sus formas, desde los rituales yoruba en La Habana hasta el más moderno jazz latino».

 

Sin embargo, la extraordinaria carrera de este músico permanece desconocida para el gran público cubano, e incluso para la mayoría de nuestros músicos jóvenes. Verdadero ídolo en Nueva York, sobre todo entre las minorías de afronorteamericanos e hispanohablantes, y entre los músicos y amantes del jazz, la fama de Machito se extendió a Francia, Inglaterra, Finlandia, Japón y otros muchos países.

Francisco Grillo nació en Marianao el 3 de diciembre de 1909, segundo de siete hermanos. Desde pequeño mostró aptitudes como cantante y percusionista, y a los dieciocho años cantaba de segundo con Abelardo Barroso en el Conjunto Agabamar. En 1928 contrae matrimonio con Luz María Pelegrín, de quien nace su hijo Rolando. Corrían tiempos difíciles y de penuria económica, y muchos músicos emigraban a Nueva York. Entre los primeros en establecerse allí, donde se iba formando una populosa colonia hispanohablante, se hallaba Mario Bauzá, casado con Estela, hermana de Machito.

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Los comienzos de Machito en Nueva York

A instancias de su cuñado, Machito llegó a Nueva York en 1937. Ese mismo año trabajó en una agrupación cubana, las Estrellas Habaneras, y con la Orquesta Siboney del violinista Alberto Iznaga en 1939. También grabó con el grupo del pianista puertorriqueño Noro Morales y con la orquesta de "ritmos latinos" del catalán Xavier Cugat, que comenzaba su meteórico ascenso a la fama en Nueva York y Hollywood. Con Cugat, Machito grabó ocho piezas como cantante.

Los comienzos eran alentadores. En el llamado "mundo latino" ya brillaban los cantantes cubanos Miguelito Valdés y Desi Arnaz, y orquestas bien establecidas, pero de estilo y sonoridad muy distintos a los que luego caracterizarían a los afrocubanos. Nadie podía pensar entonces que Machito sería el centro de una auténtica "revolución musical".

Machito y Bauzá intercambiaban ideas y proyectos para formar una banda de música cubana en Nueva York. La experiencia de Bauzá en el jazz se sumaría a la de Machito en todas las modalidades de la música popular cubana, y en 1940 el sueño se hace realidad: surge la orquesta Machito and his Afrocubans, que debuta en el cabaret neoyorquino La Conga.

Los primeros éxitos de Frank Grillo se debieron a los números "La paella" y "Sopa de pichón", que le valieron el sobrenombre de "cantante cocinero". Primero se da a conocer como cantante sonero y autor; sin embargo, frente a las versiones diluidas y edulcoradas de nuestra música que predominaban entonces en los EE.UU, la banda de Machito pronto logra imponerse por la autenticidad y fuerza de sus interpretaciones y repertorio.

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Los inicios de la explosión afrocubana

Machito y sus Afrocubanos se impusieron desde el principio. Y lo más inusitado fue que se imponían entre audiencias blancas y negras, entre latinos y norteamericanos, entre los exigentes fanáticos del jazz y los también exigentes bailadores. Un crítico ha considerado la formación de la banda de Machito «el hecho más importante para el desarrollo de la música latinoamericana en Estados Unidos».

Al principio la banda contó con solo tres saxos y dos trompetas, piano, contrabajo, bongó, y pailas. Los cantantes, como es usual, completaban el ritmo con claves y maracas. Luego se agregó Carlos Vidal en la tumbadora, que junto al bongosero José Mangual formaban el "motor rítmico" de la banda. Por su parte, Mario Bauzá traía las concepciones jazzísticas en los aspectos armónico, tímbrico y orquestal que en las agrupaciones cubanas tradicionales, y la banda pronto contó con tres trompetas, dos trombones y cinco saxos –algunos de los solistas en los vientos eran músicos de jazz. Así fueron fusionándose los elementos jazzísticos y afroantillanos.

Hasta ese momento la música cubana en EE.UU había estado representada, sobre todo, por músicos blancos orientados hacia una versión latina de la llamada society music (música para la alta sociedad) […] Algunas orquestas cubanas y boricuas seguían un camino intermedio, como las de Alberto Socarrás, Johnny Rodríguez, Pupi Campo, Noro Morales y Anselmo Sacasas. Varios de ellos cambiarían de manera notable bajo en impacto de la música de Machito, más negra y mulata, genuinamente caribeña, más brillante y más avanzada.

 El jazz latino y el cubop

Machito y sus Afrocubanos trabajaron en el cabaret La Conga, en el Park Plaza, en el Beachcomber, en el Hotel Concord, en clubs de jazz como el Royal Roost (en Broadway) y en el Savoy (en Harlem) en el Blen Blen (bautizado por ellos según la famosa rumba de Chano Pozo). Pero el centro indiscutido de sus actuaciones fue el enorme Palladium, en Broadway 53, salón de baile con capacidad para mil parejas en el que tocó la banda casi ininterrumpidamente desde 1947 hasta 1966, y que también fue el centro de la música afrolatina en Nueva York.

A las orquestaciones de Bauzá se fueron sumando las de René Hernández, quien además impuso en Nueva York el estilo pianístico cubano. Por esos años estuvo en la orquesta el timbalero puertorriqueño Tito Puente, luego famoso director y figura cimera de la "salsa", quien admitiría siempre que era «Machito el que tocaba la música latina más progresiva». También comenzaban a destacarse las orquestas de José Curbelo y Marcelino Guerra (Rapindey), y los futuros salseros Tito Rodríguez y Charlie Palmieri.

Números como "El niche", "Llora timbero" y "Nagüe" resultaron sonados éxitos de los afrocubanos en los años 40, pero se considera que "Tanga", de 1943, fue en realidad la primera pieza de jazz afrocubano o latino. Ya hacia 1942 los principales músicos de bop, entonces la vanguardia del jazz, se interesaban por los ritmos afrocubanos y se acercaban a Machito. Uno de ellos fue Dizzy Gillespie, quien había participado en descargas con Mario Bauzá y Noro Morales, y trabajó con la orquesta de Alberto Socarrás. Con frecuencia Gillespie acudía al Park Plaza y se sentaba a tocar con la banda de Machito.

Y aquí se produce el gran equívoco. Durante muchos años se ha dicho que el jazz latino surge del encuentro de Gillespie con el cubano Chano Pozo, cuando comienza a hablarse de un estilo "Cubop". La realidad es más compleja, y en todo debe atribuirse la fusión del jazz y el bop con la música cubana a Machito y Mario Bauzá. Dizzy buscaba un percusionista cubano para su nueva banda y acudió a Mario Bauzá y a Machito (quien había conocido a Chano en La Habana cuando este apenas tenía ocho años). Luciano Pozo había llegado poco antes a Nueva York a instancias de Miguelito Valdés. La opinión de Bauzá y Machito fue decisiva: la mejor opción era contratar al recién llegado, tamborero y autor de condiciones excepcionales.

Gillespie y Chano actuaron en 1947 en el Cornegie Hall interpretando la "Afro-Cuban Drums Suite", y su colaboración ha quedado plasmada en números hoy clásicos: "Manteca" y "Tin Tin Deo", ambos de Chano; "Algo bueno" (de Chano y dizzy) y el extraordinario disco Cubana Be, Cubana Bop, con orquestaciones escritas por George Russell. Pero no debe olvidarse que Gillespie se inspiró en la banda de Machito y que fue a través de este y de Mario Bauzá que incorporó a su extraordinaria banda a la figura carimástica de Chano Pozo.

Tampoco debe olvidarse que se acercaron a Machito y a los ritmos afrocubanos otros jazzistas de vanguardia, como fueron el pianista Bud Powell, el saxofonista Stan Getz y los bateristas Kenny Clarke, Max Roach y Art Blakey, que incorporaron a la batería de jazz los ritmos afro. Y por el momento baste citar a otros dos músicos de excepcional importancia vinculados a Machito: Charlie Parker, el principal creador del bop, y Stan Kenton, director de la orquesta blanca de jazz más influyente y controvertido de los años 40 y 50.

En 1947, año del histórico encuentro Dizzy-Chano, se produce en el Town Hall otro encuentro explosivo: el "mano a mano" entre las bandas de Machito y Stan Kenton. El resultado no se hizo esperar: Kenton se impresionó tanto con los Afrocubanos que solicitó a Machito que le enseñara nuestros ritmos, al tiempo que le encargaba a su arreglista principal, Pete Rugolo, la composición de la pieza "Machito", en tributo al cubano. […] Kenton declaró en esa época: «Rítmicamente, los cubanos tocan la música más excitante. Nosotros no los copiamos exactamente, pero copiaremos algunos de sus métodos y los aplicaremos a lo que estamos tratando de hacer».

[…]

El hombre y sus opiniones

Machito el músico es inseparable del hombre, cuya sensibilidad y receptividad a todo tipo de música son proverbiales. Durante su carrera contribuyó con distintas organizaciones para la rehabilitación de adictos a las drogas (que tanto estrago han hecho entre los músicos y artistas de los Estados Unidos), o para ayudar a niños y adultos impedidos. Cuatro años antes de su muerte, en 1980, Frank Grillo declaraba:

He permanecido en la escena musical cincuenta y cuatro años –un tiempo muy largo- y quisiera poder estar en ella siempre, pero realmente puedo irme en cualquier momento y no me importaría. He disfrutado lo que he estado haciendo, y si tuviera que hacerlo de nuevo, lo haría.

Otras manifestaciones suyas son verdaderas lecciones para los músicos jóvenes:

Yo he tenido la suerte de haber tocado con los mejores, y esta asociación me ha ayudado tremendamente y ha hecho mi vida muy feliz. Cada vez que usted pueda asociarse con los mejores, no puede fallar. Alguna gente no quiere tocar con músicos superiores a ellos –eso les crea un complejo–, pero ¿cómo se puede aprender tocando solo con los que saben menos que uno?

Machito oía todo tipo de música y no tenía a menos hablar de los aspectos positivos del rock, la salsa, los rhythm and blues o la música disco. Sobre esta dijo:

Hasta la disco tiene buenas cosas; por ejemplo, usan percusión latina, solo como elemento de colorido, pero eso ayuda a que los jóvenes se familiaricen con nuestros instrumentos. A veces usan buenos músicos latinos que de verdad saben tocar, y eso es bueno para nuestra música.

Acerca de la salsa planteaba: «La salsa es una réplica de lo que hemos estado haciendo durante los últimos cincuenta años. A veces tocan bien, pero pudieran hacerlo mejor». También comentaba que a los salseros les resulta fácil nuestra música porque son caribeños, y elogiaba a los puertorriqueños como los mejores entre ellos. Pero criticaba que «muchos músicos no profundizan en lo que hacen, y siempre siguen siendo principiantes o imitadores, aunque hayan salido de una escuela».

Machito tuvo oportunidad de oír la música que se hace hoy en Cuba, y en particular al grupo Irakere durante sus presentaciones en los Estados Unidos en 1978: «Irakere es fantástica; son músicos muy buenos y auténticos».

Postdata

A siete años de su muerte, y en pleno auge de los festivales Jazz Latino Plaza celebrados anualmente en La Habana, creemos justo rendir homenaje y propiciar una mayor difusión de la música de Machito, genuino "padre del jazz latino y la salsa", quien a su vez fue uno de los hombres que más contribuyó a la difusión de la auténtica música popular cubana en el mundo entero.

Nota editorial:

Este artículo es un resumen del que fuera compilado en el volumen Elige tú, que canto yo, publicado por la Editorial Letras Cubanas en 1993, y reeditado por Ediciones Unión en 2014, cuando la Feria Internacional del Libro de ese año fuera dedicada a Leonardo Acosta, Premio Nacional de Literatura y Premio Nacional de Música.



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