Los maestros del placer: Compay Segundo, trovador de fin de siglo (+video)
Fecha de Publicación: 2019-03-29 14:28:06
Francisco Repilado Muñoz "Compay Segundo"
Francisco Repilado Muñoz, Compay Segundo (Siboney, Santiago de Cuba, 19 noviembre 1907-La Habana, 14 julio 2003), llegó a ser el trovador más viejo y famoso del mundo. Tenía el dulce perfume de lo antiguo, heredero del abolengo de los trovadores tradicionales de Santiago de Cuba, cuna del son y del bolero. Poseía la mirada de adolescente maldito, pero la compostura de un lord inglés. Llegó a estar más de moda que las estrellas del pop, Madonna y Michael Jackson.
Trovadores han existido por miles, pero Compay llegó a ser el mito, la leyenda viviente; fue atendido por condes, príncipes, diplomáticos, presidentes, y artistas, a cuerpo de rey. Contaba con una gracia natural, un encanto pocas veces visto; todo era muy natural, campechano, sencillo como una flauta llena de música. Era el músico más fácil de entrevistar que haya existido, te dictaba la entrevista, con punto y coma, con toda la lucidez del mundo. A su personalidad le llaman duende, carisma, comunicación; pero yo le añadiría que más que todo eso, también se necesita ingenio. Ahí es donde radica la fuerza sobre natural del artista, en su ingenio; sin cabeza, no hay nada en la vida.
La trayectoria de Compay se remonta a casi un siglo, desde su pueblo minero de Siboney, zona inmensamente pobre. “Eran tiempos muy románticos, saludábamos con el sombrero a las señoritas. Yo trasmito esa atmósfera que el público aprecia”.
En 1916 la familia se traslada para Santiago de Cuba, aprende el oficio de tabaquero y barbero. Aprende música, conoce a eminentes trovadores en las peñas, tertulias y serenatas. Inventa una rara guitarra llamada armónico (guitarra de seis cuerdas con el sol repetido, para lograr un sonido más armónico, de ahí su nombre. Ñico Saquito le decía "la Trilina”.
Comienza como clarinetista de la Banda Nacional de Santiago de Cuba, con la que viaja a La Habana, por vez primera en 1929, en la inauguración del Capitolio. Su primera agrupación sonera fue el sexteto Los Seis Ases. En 1934 el quinteto Cuban Stars, junto a Ñico Saquito. Continúa con el cuarteto Hatuey, comparte trabajos con Marcelino Guerra y Lorenzo Hierrezuelo. A inicios de la década de 1940 ingresa como clarinetista en el conjunto Matamoros:
Matamoros y yo fuimos vecinos, era un indio gallardo que se daba aires de Gardel. Le gustaban los pasteles de hoja, no usaba auto, ni reloj, me decía que todos los autos estaban a su disposición y también todos los relojes de los comercios, por donde caminaba en La Habana.
En 1949 integra el dúo Los Compadres, con Lorenzo Hierrezuelo; se mantuvieron hasta 1955. Esa es la etapa de la voz segunda. Esa voz segunda excepcional, seguidor de Sindo Garay. Voz libre, muy natural, sin movimientos definidos.
Ya en 1956 funda su agrupación Compay Segundo y sus Muchachos; junto a Carlos Embale y Pío Leyva viajan a República Dominicana. Por temporadas aparece en el cuarteto del hotel Daiquirí y en el cuarteto Patria, con el que visita Estados Unidos de América, Guadalupe y República Dominicana. Desde 1992 se une al grupo Salvador, hijo de Compay, quien corriera con toda la producción de Repilado.
En 1994 comienza la gestación de la popularidad de Compay: Participa en el Encuentro entre el Son y el Flamenco (Diputación de Sevilla); el rockero español, Santiago Auseron produce una serie de tres discos de la obra de Compay, que en 1995 llega a Francia rompiendo la barrera idiomática.
En 1996 emprende las grabaciones con la orquesta Afro Cuban All Stars. Compay participa en dos de los tres discos y ganan el premio Grammy, en la categoría de Música Tradicional. Comienza el mito, la leyenda, los contratos, giras mundiales, presentaciones en los más famosos escenarios del planeta. Compay pasa al hit parade mundial, es el trovador más viejo y famoso del mundo, al que más entrevistas y escritos le realizan.
El fenómeno de Compay Segundo, el renacimiento de la vieja trova y el son tradicional obedece a muchos factores, más que musical de índole socio antropológico. Las músicas tienen sus flujos y reflujos, zigzag, altas y bajas. Ciclos que cada cierto tiempo acontecen, en espiral, al decir de Leo Brouwer.
Las épocas exigen su música y sus vueltas atrás. Cada cierto tiempo se desgastan las modas y se regresa hacia las fuentes prístinas, vale decir natural y auténtica. Todas las condiciones estaban creadas en los finales del siglo XX; en Europa estaba de moda el under Asia, la World Músic y demás corrientes que pedían novedades del pasado y de lejanos lugares. Música más rústica y menos refinadas, más sinceras, emocionales y sentimentales. Lo cierto es que todos estos cantantes y músicos de la vieja guardia estaban preparados, entrenados con muchas horas de vuelo y cuando llegó su gran momento, se montaron en el tren del éxito. Igualmente estuvieron bien conducidos por Juan de Marcos González, un músico algo empírico, pero con olfato de investigador y productor; «sabía dónde estaba el billete», como dice el compositor Frank Domínguez. En pocas palabras, estos músicos estaban al lado de la portería, esperando el goool de oro; el momento, la oportunidad, y esa oportunidad llegó en el momento en que tenía que llegar.