
Celio González (Camajuaní, Villa Clara, 29 de enero de 1924/ México 17 de octubre del 2004), es llamado por Humberto Valverde, el bolerista del arrabal, por esos temas arrabaleros que causaban pasión en los oyentes: "Amor sin esperanza" (Luis Kalaff), "Vendaval sin rumbo" (J. D. Quiñonez), "Total" (R.G. Perdomo), "Quémame los ojos" (Nelson Navarro), "Noche de farra" (Armando Medina), "Y no me engañes más" (Slater Badam).
Desde los cuatro años comenzó a cantar, siempre al lado de su madre que lo protegía por tener un defecto hereditario llamado focomelia, le faltaban dos dedos en cada pie y en cada mano.
Las primeras presentaciones de canto de Celio fueron con su propia madre y, a su vez, la ayudaba a vender productos artesanales. Después ambos fueron a vivir a Sancti Spíritus, donde, en una ocasión, se presenta el programa La Corte Suprema del Arte, en busca de valores en la canción. Celio alcanza el segundo lugar, pero bastó para saber que se podía llegar.
En 1941 vuelven a mudarse, ahora para Camagüey, ya Celio contaba con 17 años, canta con Joaquín Mendivel, el conjunto Camacho y el trío Nacional. Se presentan con el trío Camagüey en la emisora CMJK.
Va a residir a La Habana, contacta con la gente de la música en la gran ciudad: Conoce algunos integrantes del movimiento feeling, principalmente al Niño Rivera que estaba interesado en una voz nueva para grabar la canción "En mi ceguedad", de José Antonio Méndez. Hace trabajos con el conjunto Niágara que tocaba, frente al Capitolio, en la marquesina del hotel Saratoga –que ahora se recuperó y espera por la marquesina–.
Rolando Valdés asegura que Celio llegó a grabar dos canciones con la orquesta Sensación: "Brillo en tus ojos" (Eloy Martínez), "Tú me quieres" (Un mambito), en discos Sonoro, filial de la Panart. Con las grabaciones, vendidas a 50 centavos. No pasó nada, hubo que regalarlas.
Las cosas van mejorando, lo aceptan en el conjunto Los Jóvenes del Cayo, sus primeros éxitos con éstos fue: "Encantado de la vida", después "Monterrey". Con Luis Santí: "Entre risas, copas y discos". Con La Sonora grabó cinco LP, en total más de 50 discos y no podemos olvidar aquel bolero de Leopoldo Ulloa: "En el balcón aquel".
El Casino, en 1952, junto a Roberto Faz y Espí. Con los Campeones del Ritmo grabó "Plazos traicioneros" (Luis Marquetti), "Entre risas, copas y disco". También graba en el conjunto de Luis Santí. Alfonsín Quintana me revela que Celio era muy disciplinado y cumplidor en su trabajo musical.
Pero su gran momento llega en mayo de 1955, el doctor Bedoya, especialista de La Sonora Matancera sitúa ese arribo es el momento en que Estanislao Sureda (Laíto) se separa del famoso conjunto; entonces entra el flaco de oro que la mete contra la cerca. Cuando a un artista se le da una oportunidad, ese es el momento en el que uno tiene que decir: «Aquí estoy».
Rápidamente llegan los hit: "Quémame los ojos" (un bolerón de Nelson Navarro); y «por ahí pa´llá» –como dicen los guajiros de Camagüey. Celio llega a ser el tercer cantante que mayor número de temas graba con La Sonora Matancera, después de Celia Cruz y Bienvenido Granda, que es mucho decir.
El 7 de febrero de 1959, Celio va a cumplir en México un contrato con Emilio Azcárraga, del sello Orfeón; dice Rolando Valdés que le aseguraron un contrato de diez mil dólares, una fuerte suma en aquel entonces.
El doctor Bedoya sitúa esa fecha en 1962 en Nueva York donde se reintegra a La Sonora Matancera, es entonces el 13 de abril de 1963. Graba "Vendabal sin rumbo", que le vale el Disco de Plata y se sitúa como la canción favorita de Celio. También la grabaron: Javier Solis, Antonio Machín, Mario Suárez; pero, Celio le da ese toque de autobiografía, como si se convirtiera en coautor del bolero.
Al otro año vuelve a sonar otro cañonazo con la composición "Total", de Ricardo García Perdomo y ahí alcanza el Disco de Oro. En 1964 graba su último disco con La Sonora Matancera, junto al colega Willy Rodríguez. Se retira de la Sonora, va a residir en Nueva York. Organiza una gira por ciudades estadounidenses y recibe el trofeo como el cantante extranjero más popular de la colonia latina de 1965.
Celio le confiesa a Huberto Valverde que la canción que más le gustaba cantar es "Vendaval sin rumbo", grabada con el trío Cubiches con guitarras, en México y en 1963 lo hizo con otro ritmo con La Sonora Matancera. «Tiene una hermosa letra y es muy acabada en la melodía».
El secreto del éxito de La Sonora, consideraba Celio, estriba en los ensayos diarios y la dedicación. «Hoy día a los músicos no les gusta ensayar porque se consideran dioses del universo».
Celio asiste al encuentro del aniversario 65 de La Sonora Matancera en Nueva York, en junio de 1989, en el preludio del boom de la salsa cubana. Los conciertos fueron en: Carnegie Hall, el 1ro. de junio y Central Park, el 3 de junio, en gigantesca presentación popular para la historia.