
Celeste Mendoza (Santiago de Cuba, 6 abril 1930-La Habana, 17 noviembre 1998), es una típica mujer de barrio, nada menos que de Los Hoyos (Santiago de Cuba), donde las congas de carnavales no paraban de sonar:
El ambiente musical de Los Hoyos en mis días de juventud era muy grande, un barrio en candela, yo me desguazaba bailando rumbas, me castigaban, pero yo era insistente, eso estaba en mi sangre, yo lo llevaba dentro. Desde que tengo uso de razón conozco lo que es una tumbadora y una botella de ron, la música cubana la llevo muy dentro.
La Reina de Guaguancó era una mujer con una fuerza contenida por ese mestizaje de tres culturas: indígena, negra y española. Se caracterizaba por un gran turbante en su cabeza y grandes aros de oro en sus orejas; era la figura más parecida a su coterránea La Lupe.
En su etapa final residía sola con sus santos Yemayá y Aggayú, en un apartamento de un rascacielos en El Vedado, justo en la calle Línea y F, donde también vivía Isolina Carrillo y Pedro Vega, reconocidos compositores.
Para visitar a Celeste y entrevistarla había que ir con una botella de ron cubano, porque su voz era aguardientosa, como las buenas rumberas. Contaba con una trayectoria musical digna de una auténtica artista; tenía muchas historias que contar, arrastraba muchas leyendas, había atravesado por tragedias y miles de combates, algunos de top secret.
Decide residir en La Habana cuando contaba con 13 ó 14 años. En la gran ciudad trabaja en una tintorería, mucho jabón y plancha, por allá por el barrio de Marianao, cerca de los cabaretuchos del bajo mundo. Decide introducirse en la música como aficionada en un programa de radio CMQ, y triunfó con la canción "El Marañón", de Julio Cuevas. Comienza a estudiar baile con José Beltrán. En 1951 se buscaban mujeres para un cuerpo de baile, la prueba el coreógrafo Rodney en el cabaret Tropicana, lo máximo. Comenzó como bailarina, aunque en los camerinos formaba rumbitas y, las producciones necesitaban muchos cuadros afro:
Me aceptaron, bailé y canté en un show con la brasileña Carmen Miranda, una cantante o vedette que mostraba un sombrero con frutas, todo muy colorista. En ocasiones la imité. Me fueron conformando una imagen; fui una de las primeras figuras de Tropicana y hacía mis ejercicios en el ballet de Alicia Alonso. De siempre me hice mi peinado y mi moño, cuando aparezco como solista, seguí llevando mi forma de vestir y de presentarme.
Después del cabaret Tropicana, en 1956 aparece Celeste en Radio Progreso, la descubre Ernesto Duarte y la contratan para grabar su primer disco con el sello Gema, respaldado por el maestro Bebo Valdés en las orquestaciones y la dirección orquestal. Entonces, se abren mágicamente las puertas de la radio y la televisión, el teatro, los contratos internacionales:
Con Ernesto Duarte y Bebo Valdés grabé los grandes éxitos de mi vida, las canciones que me abrieron el camino a la popularidad. Aprendí lo que es trabajar con una gran orquesta que te hace crecerte. De esa manera mi música sonó fuerte en la radio, la televisión y las victrolas. Fue una etapa bonita, donde grabé rumbas, boleros y temas internacionales.
El disco de Gema contiene, entre otros números: "Que me castigue Dios", "Nada te puedo brindar", "Para que sufras", "Juan Pampiro", "Besos brujos", y "Soy tan feliz" .Ella cantaba en varios estilos musicales: guaguancó, guarachas, sones, mambo, boleros con el filin de José Antonio Méndez y hasta rancheras como aquellas de José Alfredo Jiménez.
Me contaba el gran director de televisión, Joaquín M. Condall que:
En 1953 Celeste se presenta en la emisora CMQ de la televisión, la conocía de Tropicana, en los ensayos el director musical le puso encima de una mesa unos papeles de música con arreglos orquestales. Entonces ella me dijo: «Mira Condall, tú me pones cuatro negros con tambores y yo saco candela de lo mojao con la rumba». Le hice caso y, al poco tiempo ya la gente preguntaba por la mulatica flaquita que cantó en el programa Esta noche en CMQ.
«Es en esta etapa cuando Rita Montaner me bautiza como la Reina del Guaguancó —cuenta Celeste. Ella dijo: “Al fin veo una verdadera artista cubana espontánea, sin dobleces en lo vocal y lo coreográfico. ¡Es la Reina del Guaguancó!”. Y así mismo lo plasmó un periodista en la prensa de la época».
Celeste trabajó con el cuarteto de Facundo Rivero —donde mismo cantó Elena Burke:
Con los "cuarteteros" siempre se aprende mucho, mi voz de contralto me la colocó donde debe ir, me presenté en un dúo ocasional, en 1953, con Miguel de Gonzalo, la mejor media voz de Cuba. Hice mis cositas con Luis Carbonell y con el Benny Moré ¡por favor!, amigo de los años, a una de sus puerquitas le puso mi nombre, era un jodedor cubano, compartíamos mucho en el Ali Bar, hay una foto donde estamos los dos junto a la modelo, compositoras y escritora Olga Navarro.
El Ali Bar fue uno de los lugares inolvidables para Celeste, ella recuerda que ayudó a levantarlo con sus actuaciones: «Me pagaban 20 pesos, y un día, cuando exigí más dinero, me dijeron que estaban saliendo de las deudas del cabaret. Hablé con el Benny para que me ayudara a que el cabaret pudiera levantar presión de público, accedió y abarrotábamos aquel lugar todos los días que nos presentábamos».
A finales de la década de 1950 viaja a Nueva York, Puerto Rico, Venezuela y México, donde puso las rancheras a gozar.Hay una etapa gloriosa de Celeste en el cabaret Sierra. Ya entrada la década de 1960 graba el LP Sabor de Cuba, con una orquesta dirigida por Generoso Jiménez y el grupo de guaguancó H. Santos. También deja su voz con la orquesta de Rafael Somavilla y el Coro Folklórico Cubano de Guaguancó. En 1961 graba el disco La voz de Celeste Mendoza, en 1963, graba un disco en Sevilla, Aquí el guaguancó.
Participa en la película TinTán en La Habana. En 1964 graba para la televisión francesa. Y en 1964 con Rogelio París deja para la historia el documental Nosotros la música.
Celeste apreció siempre las enseñanzas del musicólogo OdilioUrfé, el Septeto Nacional y a sus maestros del son, Los Papines.
En 1965 integra la delegación del music hall al teatro Olimpia, de París. En la delegación iban Elena Burke, orquesta Aragón, Los Zafiros, Los Papines, Pello el Afrokán, y Georgia Gálvez.
«Hay una etapa de silencio en que no grabé, entre 1966 hasta 1980, me sacaron del aire, decían que yo estaba loca, se tejieron muchas leyendas conmigo. En 1992 me localizaban unos productores de Japón y a pesar de que me echaron flí (me eliminaron) los asiáticos dieron conmigo y puse a gozar a la gente del celeste imperio».
De todas maneras, en 1988 con Los Papines y la orquesta Egrem, graba La reina del guaguancó. También trabaja con el grupo Sierra Maestra, donde dirigió un tiempo Juan de Marcos González, creador del Buena Vista Social Club. En sus discos se interpretaban guaguancó, boleros, sones, mambos y rancheras al estilo de la cantante santiaguera.
Celeste fue uno de los detonantes del renacimiento y explosión del son y la trova tradicional. En 1992 El Guayabero causa sensación en Madrid con un concierto publicitario. Sale al mercado la Colección Semilla, son los discos que obligan a llevar a España a figuras legendarias como la propia Celeste Mendoza; la cubana asiste en 1993 a un Encuentro de Son, en Madrid. Después vinieron los encuentros entre el son y el flamenco en Sevilla.
Celeste Mendoza falleció el 17 de noviembre de 1998, murió sola con sus dioses y tambores con los que continúa en su largo peregrinar por el otro mundo. Sus canciones se escuchan por toda América y la vemos a menudo en el documental Nosotros la música, donde se demuestra que sigue siendo la Reina del Guaguancó.